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Añoranzas de Jovellanos

viernes, 29 de julio de 2011
El Hospital de Jarrio, dónde tengo el honor de ser Director Médico desde hace más de tres años, está a las puertas del Concejo de Navia, al que pertenece Puerto de Vega, un lugar hermoso, con historia ballenera como San Ciprián, y que hace cien años acogía en su seno los últimos pensamientos de un patriota español, ilustrado, nacido en Gijón, pero con el que muchos no fueron capaces de entenderse y otros recibieron la herencia de su visión de hombre superior a su tiempo, capaz de enfrentarse con la mezquindad y la reacción, pagando el precio de varios destierros.
La gran tarea de este hombre fue sin duda alguna extender las ideas de la ilustración a la enseñanza, a través de dos axiomas: La instrucción constituye la primera y fundamental fuente de prosperidad para los pueblos. La ignorancia, es la raíz del mal. A él se debe el Plan General de Instrucción Pública, que entre otras cuestiones pretende que no exista aldea sin escuela, que la educación se practique sin distinción de sexo y que sea cívica, humanística y estética, desde el momento que cultiva el buen gusto.
Un personaje así, culto, libre pensador, honesto, político reformador, enciclopedista, experto en derecho civil y canónico, poeta, que fomenta el comercio, la minería, la reforma del sector primario, termina por enfrentarse con todos los que no están a su altura. Desde la Inquisición, pasando por Godoy - Príncipe de la Paz-, hasta la Junta Central en plena Francesada, si bien las Cortes de Cádiz, terminan por declararlo Padre de la Patria.
En cualquier caso, cuando tengo la oportunidad de repasar la vida y trayectoria de gentes que han servido a nuestro país Nación, en momento delicados, con esplendor, altura de miras, partiendo de sus propios conocimientos, por llegar a la cuestión pública con las “alforjas llenas” y veo la miseria de los actuales miembros de la jerga política, su mediocridad, falta de conocimientos, ausencia de historial profesional, y osadía fruto de la ignorancia supina, me entra una terrible congoja, y creo que cualquier tiempo pasado ha sido muchísimo mejor.
Me sucedió en mi etapa Parlamentaria. Cinco legislaturas en un Parlamento Vasco, y a pesar de los riesgos por el terrorismo, había calidad de conocimientos procedentes de la vida civil. Me sucedió en el Gobierno Foral de Alava, dónde todos los que estábamos, teníamos una dilatada experiencia en la función pública, que nos permitía saber que nos traíamos entre manos, desde leer un presupuesto, hasta escribir un discurso, hasta haber sido opositores y discentes en la Universidad.
Cualquier parecido con los antecedentes profesionales de los actuales administradores de la crisis que nos atenaza, mera coincidencia. ¡Da miedo pensar que estos, con su bagaje intelectual y profesional, nos van a sacar las castañas del fuego!
Mosquera Mata, Pablo A.
Mosquera Mata, Pablo A.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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