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Castor Vispo Villardefrancos

viernes, 22 de julio de 2011
Orteganos polo mundo

Castor Vispo Villardefrancos fue, como tantos otros gallegos, un coruñés que con tan sólo dieciocho años emigró a Cuba en donde ya se encontraban algunos de sus familiares.

Trabajó en la administración del periódico El Universal, en las oficinas de un almacén y en los tiempos libres, se dedicaba a su pasión: escribir. Por ello, no es de extrañar que su historia se fuese vinculando cada vez más con la prensa, la caricatura, el teatro y la radio cubana.

Será en este último medio donde se llegará a convertir en el más cubano de los gallegos que se asentaron en la isla y, aún hoy, es considerado allí como el mejor autor humorístico de todos los tiempos. No en vano, Vispo fue el rey del retruécano y de las situaciones picarescas extraidas de la cotidianeidad del pueblo cubano. Manejaba como nadie los diálogos chispeantes de humor y las frases delirantes que pronto se convertían en señas de identidad de la cultura popular.

En 1937 introdujo en la CMK Radiodifusión O’Shea a uno de sus primeros personajes populares: Rudersindo Rodríguez, Rudy Rod, detective gallego de Santa Marta de Ortigueira con el que parodiaba al chino Chan Li Pó, que por entonces triunfaba en la misma emisora con Las Aventuras de Chan Li Pó concebido por Caignet en 1933

Castor Vispo se expresaba en sus obras de una forma genial y humorística que el dominaba a placer destilando parodia y caricatura en sus personajes lo que fidelizaba a su audiencia radiofónica representada por la gran comunidad española de la isla en ese momento.

Castor jugaba con la sátira, la burla y la ironía. Una simbiosis galaicoamericana del buen guionista que desea conectar con su público, Vispo acogía reflejos de la actualidad política de la isla, a la vez que envolvía a sus personajes que los caracterizaban con la gente de la calle lo que le otorgaba el entrar en el reino del favor del público. El prestigioso actor radiofónico Aníbal del Mar fue uno de los fijos en La Tremenda Corte, la serie que acabaría de consagrar a Castor Vispo como autor cómico a partir de 1941 durante las dos siguientes décadas sin interrupción.

Al gran éxito radiofónico, el multifacético Vispo le sumó el escribir guiones para otras muchas obras como el filme Hitler soy yo (1944), considerado uno de los mejores filmes de la época o Tiburcio Santamaría: El vigilante poeta de la 9ª Estación de Policía (1948), y posteriormente La verdad desnuda.

A Vispo se le consideró mucho tiempo como el mejor autor humorístico radial de todos los tiempos en Cuba. Además varias comedias suyas fueron representadas en el Teatro Martí en 1942 por la compañía de teatro Leopoldo Fernández. Fue alguien muy brillante y tuvo mucha influencia sobre los guionistas radiales.
Falleció en La Habana en 1966.
Suárez Sandomingo, José Manuel
Suárez Sandomingo, José Manuel


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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