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O Cebreiro

jueves, 27 de mayo de 2010
O Cebreiro
El Museo Etnográfico de Cebreiro

En 1962 había varios vecinos de esta aldea prerromana que seguían habitando las milenarias pallozas, y era muy común si por desgracia en alguna se producía un incendio, los demás vecinos, tantos del poblado y pueblos cercanos contribuían a su reconstrucción. Recuerdo que en la década de los años 60 (1960), ardió una, salieron ilesos los miembros de la familia y fueron salvados los ganados y poco más; los vecinos a medida de sus posibilidades, se hicieron cargo de los ganados, a una casa una cabeza de ganado vaca, ternero, cerdos, y a las otras las demás reses. La estrecha economía no permitía hacer frente a las obras y pidieron ayuda por los pueblos cercanos, ayuda en dinero y también en frutos, centeno, patas, carnes, etc...
Decía al comienzo de este apartado que en 1962 todavía varios vecinos vivían en las pallozas, y es en esta fecha cuando la Dirección General de Arquitectura, construyo nuevas viviendas a los campesinos, adquiriendo en un principio dos pallozas para destinarlas a museo etnográfico, actualmente la Consellería de Cultura adquirió otras dos y son en total cuatro las pallozas que dependen de la Consellería. En la restauración y compra de aperos de labranza, telar, camas, bárrelo, arcas, y otros ínfimos muebles que había en las pallozas o en las casas más antiguas de la zona, además de la Dirección General de Arquitectura, también hubo iniciativa privada, como las aportaciones dados por el mecenas don Alvaro Gil. Posteriormente la Dirección General del Patrimonio Artístico realizó intervenciones en las pallozas convertidas en museo, algunas de estas intervenciones fueron poco acertadas, ejemplo el empleo de cemento, pisar las cuadras con lajas de pizarra y selladas con cemento, empleo de telas asfálticas; desaciertos que se fueron corrigiendo y que en la actualidad la Consellería de Cultura mejora la musealización de otras dos y de las dos que ya había.
“Son las pallozas” –escribe don Angel del Castillo, que las ha estudiado con todo cariño y entusiasmo- el tiempo de cabaña rústica montañesa, cubierta indefectiblemente de paja, y no menos pobres que las barracas valencianas..., Fruto quizá de la tradición, es posible que sean las pallozas el fiel reflejo de lo que eran las primitivas chozas de los antiguos galaicos, conservando a través de los tiempos por unas gentes eternamente apegadas a sus costumbres, y que constituyan una prueba más de las íntimas relaciones etnográficas que existen entre nuestros aborígenes y los galos, a juzgar por el relieve de las columnas de Trajano, donde aparecen esculpidas las chozas que aquellas gentes tenían, iguales en un todo a las que aún hoy sirven de vivienda a nuestros campesinos. Pero lo que no puede ponerse en duda es que obedecen a las especiales condiciones del terreno donde se levantan y a la clase de vida que hacen las gentes que en ellas se albergan. Tierras las del Cebreiro y Ancares extraordinarias montañosas, envueltas por las nieblas aun en los días más hermosos del estío y cubiertas en gran parte del año por las nieves del invierno, tienen que ser viviendas sumamente resguardadas de los fríos y las aguas; y nada más a propósito para defenderse de los unos y las otras que las típicas pallozas, convertidas por su forma más o menos circular y por lo cónico des su cubierta en un perfecto reflector de calor que despide el hogar, levantado casi siempre en el centro, y que hace de ellas un horno donde se mantiene un temperatura consistente y media de 14 grados, cuando fuera sopla el cierzo a 11 bajo cero y la nieve lo cubre todo con su blanco sudario... La forma de las pallozas varía bastante. En los bajos, como Penaseara y Veiga de Brañas, y en las orillas de la carretera, como Pedrafita y Castro, suelen ser de planta rectangular, con la cubierta a dos aguas y su cumbre perfilando un conopio; pero en la sierra, donde las inclemencias del invierno son muy duras, la forma casi única y sin duda la más característica y primitiva, es la de planta circular con cubierta cónica muy elevada... Generalmente tiene tres departamentos: viviendo propiamente dicha, cuadra del ganado vacuno (llamado estreviza al lugar donde está la vaca) y cuadra de ganado lanar, ambas separadas con puertas aparte, pues sabido es que ambos ganados son de distintas temperatura. Centro de la vivienda es el hogar, donde arde continuamente el fuego, cuyas muxenas (chispas) detiene una lousa (losa) que pende del cainzo, estando alrededor de la lareira, en las pallozas circulares y pobres, es una especie de nichos, los lechos, los establos, etc.; pero cuando las viviendas de dos ejes y amplia, el ganado hállase a parte y la gente duerme en la barra o piso tendido sobre las cuadras, y entonces alrededor del hogar están los celeiros, sarillo, paneiras, huchas, cunquiero, barrela (para el combustible, generalmente uces y xestas), candeiro (para el canado recipiente para el agua), barra (para el comestible del ganado), aperos de labranza, el patriarcal escano y, en una palabra, todo lo que constituye la despensa, taller, sala y comedor de los modestos y humildes campesinos”).
Los primeros trabajos acerca de las pallozas del Cebreiro, fueron publicados en el Boletín de la Real Academia Gallega, números 78 y 82, correspondientes a noviembre de 1913 y abril de 1914. Cuyos estudios llevan por titulo Las casas del Cebrero y Origen y antigüedad de las pallozas del Cebreiro. Casas de planta oval o curvilínea y techumbre de tendencia cónica –son un vivo testimonio de lo que era las de los castros prehistóricos de la Edad de Hierro, en el noroeste de la Península; y aunque no son únicas, ya que algunas otras existen en ciertos rincones de la montaña asturgalaica, debemos considerar singularísimo el hecho de que allí se hayan conservado hasta nuestros días.
El 26 de septiembre de 1972 se inició el expediente para declarar el poblado de O Cebreiro Conjunto Histórico Artístico.
Actualmente cuenta con Refugio de Peregrinos, varios mesones restaurantes encuadrados dentro de la categoría de Casas de Turismo Rural. Ejemplos Venta Celta, Casa Carolo, Casa Valiña y Casa Frade.

Albergue de Peregrinos
Un lugar tan emblemático para la ruta jacobea como es O Cebreiro, donde desde los primeros tiempos del hallazgo de la tumba de Santiago, hubo algún sitio de acogida para los romeros, que iban de romería a ver al Señor Santiago, según rezan los antiguos documento. No podía estar sin un establecimiento de este tipo. A sí con motivo del año Santo de 1993, la Xunta de Galicia através de la correspondiente Consellería decidió dotar el Camino, hoy Patrimonio de la Humanidad de una red de albergues, el tramo gallego, para los peregrinos. Él que no ocupa fue construido dicho año, con una capacidad inicial de ochenta plazas. El proyecto corrió a cargo del arquitecto José Antonio Franco Taboada.
En el año 2006, ha sido reformado y ampliado, dado su uso intensivo desde su puesta en funcionamiento en 1993, de nuevo ha sido redactando un proyecto de ampliación y reforma, que ha sido realizado por el arquitecto Antonio de Vega Rodríguez, y las obras fueron realizadas por la empresa Construcciones Orega; cuyo importe ha sido de 429.734,34 euros. Para hacernos una idea de la cantidad de peregrinos que pernoctan en el albergue del Cebreiro, citaré que durante el año 2007, prenotaron en él 14.103 personas y durante el año 2008 a 27 de julio habían pernoctando 11.134 peregrinos.

El Museo Hórreo Filandón
También el visitante y los peregrinos que se acercan o pasan por el milenario poblado, además de visitar el templo parroquial, orar ante las Sagradas Reliquias o encomendarse a Nuestra Señora del Cebreiro, pueden ver las pallozas convertidas en museo etnográfico que dependen de la Consellería de Cultura pero aun les quedan muchas más cosas por ver; tal es el caso del Mesón de Aurillac, todo el poblado en sí, sin omitir El Museo Hórreo Filandón. Auspiciado por la Asociación Santo Grial de Amigos del Camino de Santiago de Cebreiro. Dicha iniciativa es digna del mayor elogio y exponente claro del buen hacer de un grupo de amigos plenamente comprometidos con nuestra cultura tradicional, quizás mejor llamada “a cultura do campo e dos oficios”, por desgracia, la misma se está perdiendo de una forma, que me atrevo a decir casi irreversible.
Aquellos labradores que bajo las abundantes nevadas eran unos auténticos artesanos, haciendo en sus fraguas muchos de los útiles, después empleados en el trabajo cotidiano, en el pajar con las rústicas herramientas, labraban los troncos de roble, abedul, fresno o las mismas varas de acebo aquí llamado “xardón” y con ellas hacer “os fungueiros o estadullos” de los carros. Para convertir unos trozos de madera combinados con algunas piezas de hierro o acero bien templado, en carros del país, arados romanos, “rastros de dientes” hoces, “machados” “foucinos” cuchillos, navajas, guadañas, etc...
Se halla el museo en plena formación, comprende: el museo hórreo con todos sus elementos, un buen hórreo, tipo asturiano, propio de estas tierras, con sus patas, que son cada una de las columnas o píes que sostienen la cámara; su patín, que resulta ser un pequeño espacio que hace de descanso de la escalera; el pial o poyo, siendo el asiento de piedra arrimado a la pared, sobre las cepas los tradicionales tornarratos, sobre los que descasan los xojos o trabre, que son las vigas para soportar los lienzos de tablazón del hórreo, constando éste de puerta de acceso y rústico corredor. La cubierta al puro estilo montañés, a base de paja de centeno o beo, también llamado colmo y los entramados correspondientes de cangos que apoyan en el cume.
Dicha construcción, que es moderna, pero obedece totalmente a la topología de hórreo de madera, de planta cuadrada, originario de Asturias, pero que extiende su área de influencia a las comarcas norientales de la provincia de Lugo.
El hórreo asturiano, tan común en la zona del Cebreiro, no es una construcción especializada en la conservación y secado del maíz. En él se conservan numerosos productos agrícolas, carnes, quesos, heno y cereales como el maíz. Pero el secado de las mazorcas, en vez de realizarse en el interior del granero, como es habitual, se realizaba exponiéndolas al sol en ristras colgadas de la cornisa de la construcción.
La suspensión del hórreo asturiano, consistente en elementales pilares de madera troncopiramidales de base cuadrada, alcanza alturas superiores a las de los demás hórreos gallegos; el espacio situado debajo de la cámara se utilizaba para guardar la leña, el carro o los aperos de labranza, en el caso que nos ocupa la maquina de limpiar el grano, la maquina de mallar o trilladora, algunas arcas y también la paja resultado de la última malla.
Sobre la suspensión, apoyada en tornarratos circulares construidos con toscas losas de pizarra, se asienta una cámara de hasta veinticinco metros cuadrados de superficie, que se compone de una grade formada por cuatro vigas de considerables dimensiones, un cerramiento de tablas sin rendijas de ventilación y una única puerta situada en uno de los costales, todo ello coronado por un conjunto de vigas superiores apoyadas en el grade a través de cuatro esquinales que soportan el peso de la techumbre. Ésta circular cubierta como dije de colmo, que se asienta sobre una elemental estructura basada en cuatro pontones situados en cada una de las limas.
La galería, es un elemento directamente ligado al hórreo asturiano, no aparece en el área gallega ocupada por este tipo de construcción; sólo en contados casos, localizados siempre en las partes más bajas de los valles, aparece parcialmente, ello, según nos referencia uno de los mayores conocedores de la arquitectura popular de Galicia, que es Pedro de Llano Cabado.

El Museo Hórreo Filandón, por el momento, comprende cuatro secciones, bien diferenciadas entre ellas. La primera agrupa todo lo relacionado con el centeno, es decir los aperos propios de la zona; se trata en realidad en lo que a esta parte se refiere de una musealización viva, es decir: cultivos, siegas, “carretos”, “mallas” y “fornadas” con resultado de pan para comer, base principal de la alimentación en la zona.
En el mismo se exponen aperos de labranza tan propios de éstas feligresías como son, las cambelas, los arados romanos, el arado de hierro, yugos, timucelas o timón, loros o temoeiros, buzos o buceiras, grades, canizo o rastro de dientes de hierro y también rastro de madera, que era usado para terrenos de cultivos de patatas, sembrados de lino y huertos; fouciños, mallos completos con sus mangueiras, casulos, antecarte y pértego; elementos de medidas de capacidad para granos, legumbres y semientes, que son los ferrados, los tegos y los cuartillos, además de otros muchos aperos que poco a poco se irán incorporando a las distintas secciones del mismo.
Sección o sala del textil: comprende elementos tan significados de la zona, como han sido los telares, rara era la casa algo pudiente o incluso muy humilde que no hubiera un telar; objetos para cardar la lana, llamadas cardas; rastrillos de lino, también llamados ripeiras, ripios o ripanzos; mazas, restrelos, rocas de hilar, sarillo, debanadoira, fusos...
Sección o sala dedicada a los trabajos realizados por los herreros: comprende todo lo relacionado con el oficio “dos ferreiros”, fragua también llamada en algunas zonas zafra; fuelle, ventilador, yunque llamado por la zona “xunca”; diversos tipos de atizadores, tenazes, mazas y martillos, compases, piedra de afilar, esmeril manual, tarraxas, torno, además de moldes para clavos clavijas y "chatolas".
Sección o sala de carpintero, comprende elementos tales como: “banco de carpinteiro”, cepillos, que por la zona se llaman “garlopas”; azuelas, también llamadas “aixolas”, “aixolas de volta” berbequís, falsas reglas, escofinas, escuadras, “xuntoiras” que es un cepillo empleado para abrir rebajes en la madera de un lado de la tabla; “garlopín”, que es lo mismo que la “garlopa”, pero con menos longitud. Siendo empleado para trabajar en piezas de madera más bien cortas. Diversos “alunados” que son cepillos del mismo estilo que la “garlopa”, teniendo algunos un orificio que atraviesa la parte delantera en donde se introducía un hierro o trozo de madera llamado “tarugo” que permitía tirar de él y poder ayudarle al carpintero que estaba trabajando, siendo empleado para desbastar la madera. No faltando elementos tales como cepillos de molduras, encaladores móviles, cantís, gramiles, serrón de punta, mazos, martillos de uñas, barreno, llamado en la zona “trade”, compás, calibre, gubias de acanalador, trenchas, serrones de cota, xebradeiras, o elementos tan corrientes como eran los cajones de las herramientas y maletas de carpintero.
En torno al Museo, encontramos una era, por la zona llamada “aira” donde se recrean las antiguas mallas, realizada con una malladora mecánica o (trilladora) que antaño tanto centeno y un poco de trigo han mallado, maquina de limpiar el grano, carro para llevar los mañizos de paja, la tradicional meda o medeiro y las arcas para guardar el grano. La tradicional malla, no más que la labor agrícola que tenía por finalidad separar el grano de la paja y que normalmente se hacía durante los meses de julio y agosto. Constituía la malla en cada casa un día grande, de mucho trabajo, pero también de alegría, bullicio y buen yantar que junto a la matanza, eran labores colectivas donde los vecinos se ayudaban unos a otros o incluso acudían de otros pueblos cercanos.
El Museo Hórreo O Filandón, lleva camino de ser un referente donde se recojan los instrumentos que los habitantes de ésta zona utilizaban en su quehacer diario, donde también tiene cabida la parte folclórica y festiva, que sería muy interesante recoger antes de que ya sea demasiado tarde, dado que O Cebreiro, se encuentra en plena evolución, donde en el pueblo de Zanfoga quedan mujeres que aun hilan y tejen y es frecuente oír el primitivo alalaa do Cebreiro:
“Eu caseime cunha nena
porque ela cantaba ben
agora morro de fame
y o cantar no me manten
Ay la la, ay la la, ay la la....”
López Pombo, Luis
López Pombo, Luis


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