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Pelotas de fraile (III)

lunes, 03 de mayo de 2010
Antes de que a ustedes les sobrevenga el pie del síndrome de Stendhal, les voy a servir el último platito de pelotas de fraile, y luego ya pasamos a otra cosa, a cualquiera otra cosa que ustedes gusten y yo pueda ofrecerles. Estos amagos de perfil, I, II y hoy III, sólo sería bueno entenderlos desprovistos de su encarnadura personal y proceder en las mismas o parecidas circunstancias, limítrofes siempre entre la eficacia y la inutilidad, entre la sabiduría y la necedad, entre el respeto y el ¡jódete!, entre el punch y el puñetazo, entre el ser y el deber ser, entre la “misión” y el camelo. Entre los redaños y el capote fulero del apoderado en el parapeto de la sombra y el botijo.
La faena, sin aliño alguno, en corto y por derecho, se celebra esta vez en el albero del Brasil selvático y alejado del color hiriente de la favela suburbana, cuyo efecto es. “En una nación rica con multitud de pobres y en la que una de las razones de esta pobreza y de la enorme distancia entre el poco número de los muy ricos y la multitud de los muy pobres es la concentración de la tierra en manos de muy pocos, donde cuatro millones de familias de campesinos, sin tierra o con poca tierra, se quedan al margen de la sociedad, sobreviviendo en condiciones infrahumanas, chabolas, desempleo y violencia.
Desde 1950 ( ) la Iglesia Católica en Brasil defendió la necesidad de la reforma Agraria, desde la fidelidad al evangelio, y animó a los pobres del campo para que se organizasen y luchasen por su derecho a la tierra y a una vida digna. En ese contexto, ( ) un grupo de hijos del Pobre de Asís de Brasil sentimos el deber de compartir la vida y la causa de los pobres sin tierra, apoyándoles, manifestándoles solidaridad y conviviendo con ellos. Como franciscanos, participamos en la lucha de los campesinos pobres para conquistar la tierra y para no abandonarla, una vez establecidos en ella ( ). Frecuentemente nos encontramos en situaciones de conflicto en nuestro trabajo: los grandes propietarios y los organismos represivos del Estado toman postura defendiendo el latifundio…Nosotros estamos con los más débiles, y por eso sufrimos las consecuencias: calumnias, procesos judiciales, persecución, amenazas de muerte, represión violenta, incomprensiones. Procuramos encarar estas situaciones con serenidad y sinceridad, en diálogo con las autoridades para encontrar soluciones dialogadas. Asumimos una actitud pacífica para testimoniar la búsqueda de solucionas porque ellas atribuyen una connotación política a nuestra postura ( ). A lo largo de nuestra inserción hemos participado en las manifestaciones, en las ocupaciones de tierra, en las presiones públicas y en las huelgas de hambre. Los pobres organizados son sometidos a un proceso, pero nos hacemos más solidarios con ellos. En esos momentos decisivos ofrecimos nuestra condición de frailes menores para poder apoyar su justa causa. Muchos de nosotros moramos y convivimos en sus asentamientos de forma itinerante. Celebramos, rezamos, oramos, administramos los sacramentos, intentamos formar comunidades de fe y formar agentes de evangelización. Procuramos consolar a los afligidos y alegrarnos por sus conquistas y alegrías. Y buscamos colaborar en los proyectos que mejoren las condiciones sociales y económicas de los pequeños agricultores ( ). Muchas de nuestras preocupaciones se concentran en la educación de los niños y los jóvenes ( ). Con muchos de éstos hemos vivido situaciones límite entre el crear condiciones para una vida digna y productiva y el ser absorbidos por la criminalidad, por la violencia o por el tráfico de drogas ( ). Nos asaltan muchas tentaciones. Bastantes veces experimentamos el dolor de la humillación, sentimos ira e indignación. El peso de la ofensas y de las injusticias a menudo nos postra. Luchamos para que nuestra ira no se transforme en odio y procuramos practicar, con mucha dificultad, uno de los má difíciles mandamientos de Jesús: amar a los enemigos”

O sea, como las de Cándido Méndez y Fernández Toxo and company de la clase obrera “e intelectual” después de ser manumetidos y estar haciendo horas extras en el extrarradio del boyante e inmenso “latinfundio” a que han renunciado porque ya no hay nada que poder hacer...
Mourille Feijoo, Enrique
Mourille Feijoo, Enrique


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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