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Barranquillo de la Higueta

Espiño Meilán, José Manuel - domingo, 08 de noviembre de 2026
Dedicado a una planta de escasa presencia en el municipio de Telde y que en el recorrido
de este barranquillo encontraremos sus mejores poblaciones en las laderas orientadas
al norte de las montañas de Ruano y de Cuatro Puertas: el cardoncillo.

El barranquillo de la Higueta es un tributario del barranquillo de las Pujamas que a su vez es tributario del barranco de Ojos de Garza.
Barranquillo de la Higueta Nace en la ladera este de la montaña del Gallego, concretamente en las vaguadas que se forman entre la montaña de Ruano, tal vez un cono secundario surgido en la ladera de El Gallego, y el Corral de Florido. Justo a poco de inicarse este barranquillo, observamos el primer pozo en su recorrido, identificado en la placa correspondiente situada en su entrada como Pozo de Monzón. Aún encontraremos dos más a lo largo del barranco de Ojos de Garza.
Antes de llegar a la carretera GC-100 se le unirán dos pequeñas vaguadas con sus ramificaciones correspondientes surgiendo también en orientación nordeste de la ladera de montaña Ruano y los llanos desarrollados bajo la misma.
Las vaguadas y barranqueras que surgen en la vertiente sur de la montaña Ruano serán tributarias del barranco de La Culata que trataremos en próximos artículos.
Con el nombre de La Higueta se conocen los llanos que se extienden, tras las casas de Cuatro Puertas que se abren a la calle Guanche, hasta su confluencia con la GC-100 y la carretera del Goro GC-140. De ahí toma el nombre este barranquillo que lo conservará hasta la zona de la montaña de Cuatro Puertas conocida como Las Romerillas donde unirá sus aguas al barranquillo de Las Pujamas, barranquillo que ha recibido antes las del barranquillo de Charco Aday, ciñendo la montaña de Cuatro Puertas por su cara sur y discurriendo entre ésta y la montaña de María Ojeda.
Desde esta confluencia nuestro barranquillo pasará a nominarse como barranco de Ojos de Garza y discurrirá a la izquierda de la urbanización del mismo nombre, por encima de la GC-1, y del núcleo costero Playa Ojos de Garza, donde desembocará muy cerca de la desembocadura del barranco de Draguillo.
Pero comencemos con las vaguadas y barranquillos que dan origen a este barranco. Son cuatro las cárcavas y barranqueras que dan lugar al mismo, aunque encontraremos otras tres en un breve trecho de esta ladera de Ruano antes de llegar a la GC-100. Todas ellas se abren paso en antiguos terrenos de cultivo hoy abandonados y todas aportan al llano tierras rojas procedentes de estas laderas, formándose una especie de llano encorsetado por la carretera general que hace de freno a la pérdida de tierra y esponja para las ocasionales lluvias, absorviendo una buena cantidad de estas aguas. La potencia de estos suelos nos la revelan las barranqueras por donde el agua discurre pues a ambos lados de las mismas, más de un metro de suelo queda en el aire, descabalgándose poco a poco con las lluvias sucesivas. Un lugar idóneo éste para ver como se genera la pérdida de suelo en las zonas de cultivo abandonadas.
La barranquera más larga, escala un buen trecho ene la ladera este de la montaña del Gallego y nos oferta ejemplares de tabaibas dules, cardones y balos dispersos creciendo sobre los emplastes lávicos de la misma, aprovechando las grietas que favorece el paso del tiempo y la erosión de los materiales volcánicos.
Hay corazoncillos (Lotus sp), picos de paloma (Kickxia scoparia), cardoncillos. Es en la ladera norte de este barranquillo, trazado en la montaña de Ruano donde se observan contados ejemplares de cardoncillos. Si tenemos en cuenta que para las poblaciones de cardoncillo (Ceropegia fusca) presentes en Telde en estado natural, nos sobran los dedos de una mano para contarlos, entenderemos el porqué de mi alegría al localizar uno nuevo y la importancia de su localización.
Y es aquí, en estas vaguadas donde me sorprende el vuelo de una pequeña bandada de perdices -siete-. Pienso entonces en la suerte de que no sea domingo, día que salgo con mucho respeto a estos barrancos por la presencia sempiterna de los cazadores, sus podencos y escopetas.
El vuelo de las perdices dirige mi vista a la derecha del barranquillo y ahí, en lo alto de la ladera se encuentra un pozo, identificado como Pozo Cuatro Puertas. Delante de su entradas dos enormes ficus aportan una amplia sombra al espacio circundante. Su estado actual es de abandono, pero mantiene su puerta y accesos cerrados.
Dejando atrás las barranqueras se expande el cauce por el aporte de tierras. Observamos como las tabaibas salvajes, cornicales, balos, azaigo de risco, aulagas, espinos de mar y gualdones señorean esta tierra que parece de nadie hasta su llegada a las carretera.
Tal vez el hecho de falta de cuidado, de vigilancia, de letrero alguno, ha convertido la cara sur de montaña de Ruano en una pista de motos de montaña. La fotografía adjunta habla de la dimensión erosiva de estos vehículos de dos ruedas sin control alguno.
Sorprende de igual modo ver que este terreno fue cultivado por completo en un pasado reciente. No sólo los pozos abiertos en busca del preciado líquido así lo atestiguan sino el sinfin de bancales ocupándolo todo y la extensa red de tuberías que canalizaban y distribuían el agua de un lado a otro. Es curioso ver así, en menos de dos metros de distancia, media docena de tuberías diferentes, de diferentes épocas y materiales. Así Barranquillo de la Higueta se muestran tuberías de cemento, fibrocemento, uralita, PVC -polietileno-... La mayoría se encuentran en desuso y rotas. Es curioso observar el nivel de sales que tenían las aguas que discurrían por estas tuberías, precipitadas en la parte inferior de estos tubos.
Un pequeño puente permite el paso del agua excedente que nunca será mucha por la capacidad de absorción de esta tierra.
Pasada la carretera GC-100 encontramos una estructura hidrológica muy interesante. Una bien conservada cantonera en este cauce abierto, un sólido muro realizado con piedra, con la finalidad de detener el arrastre de tierras y decantar los lodos y una presa formada con el muro del gran estanque y con el mismo objetivo, decantar las tierras que no consiga retener el primer muro. A un metro del suelo en el estanque grande existe un tomadero donde se canaliza el agua que pasa por elementos filtradores antes de conducirla a su interior.
El abandono y las riadas han provocado el relleno por tierras del primer decantador y un fondo notable en el segundo, junto al estanque. Esto se traduce en un suelo muy fértil donde han prosperado herbáceas y cardos (Carduus sp) hasta alcanzar un notable tamaño -metro a metro y medio de altura-, tanto que a pie del estanque encontramos un espeso cardizal. El estanque está bien conservado y vuelan a él en otoño e invierno garzas, garcetas y otras aves migratorias si en su interior se conserva algo de agua, aunque lo normal es ver en su borde superior un buen grupo de palomas bravías que acuden para saciar su sed en las escasas aguas que se mantienen desde el pasado invierno.
Estos elementos de filtración han permitido que se camine sobre arenas muy finas, casi polvorientas el pequeño trecho que hay hasta la llegada al estanque.
Tras cruzar la GC-100, un único cauce lleva el barranquillo de la Higueta. No tardará mucho, en estos mismos llanos, en incorporarse al cauce tres afluentes surgidos en los llanos de la Higueta. Los dos primeros, en cuyas laderas se asientan tres pequeños estanques, todos en estado avanzado de deterioro y abandono, desagüan en el principal antes de su llegada al gran estanque de la Higueta, el tercero, formado entre estos llanos y la ladera norte de la montaña de Cuatro Puertas, es más interesante porque en poco espacio profundiza y alcanza una mayor entidad. Esto sucede porque la pendiente es mayor y los materiales a excavar son apilamientos de cenizas volcánicas compactadas.
Es en este afluente, un poco más abajo de la presa de la Higueta donde se encuentra una nutrida población de la botonera grancanaria (Asteriscus graveolens stenophylus), confirmando así la presencia continua de esta planta en todos los barranquillos teldenses que se encuentran entre el barranco del Draguillo y el cercano barranco de Silva.
Si me llama la atención este corto barranquillo es por la diversidad de materiales volcánicos presentes en él, de su erosión, presencia, compactación, belleza intrínseca, y así capas de cenizas de diversa coloración y que desconozco si fueron generadas por este volcán o proceden de nubes ardientes de otros volcanes más potentes -Bandama por ejemplo o algún volcán de Lomo Magullo-, materiales compactados, terrenos encalichados y excavados por el agua, testigos pétreos de coladas lávicas descubiertas por la fuerza del agua, depósitos de arenas diversas, dan lugar a un paisaje cambiante donde uno echa de menos la interpretación geológica de un geógrafo o un vulcanólogo. Sólo me queda el hecho de admirar lo observado, la curiosidad de aprender, el placer de generar preguntas que esperan respuesta. Con ello me doy por satisfecho y es motivo suficiente para continuar el periplo por el barranco.
Desde el punto de vista botánico, el hecho de no ser transitado pues hay sendas muy definidas para abordar la montaña tanto por caminantes como por ciclistas de montaña -no debería ser así el uso de la bicicleta por su efecto perverso erosivo, pero lo es-, plantas como los cardones, balos, salados verdes (Schizogyine glaberrima) alcanzan un tamaño notable cubriendo las laderas y cauce del mismo.
El barranco marca también una curiosidad botánica. Orientándonos según descendemos por él, a nuestra izquierda los llanos de la Higueta están colonizados por una cubierta de tabaiba salvaje (Euphorbia regis-jubae) siendo esta tabaiba la especie dominante, mientras que a nuestra derecha se extiende un manto de tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) que ocupará el resto de la ladera de esta montaña convirtiéndolo en uno de los tabaibales mejor conservados del municipio.
Pasado el estanque, que muchos consideran presa por su tamaño, se encuentra un cauce cubierto con los lodos extraídos periódicamente de su interior. Generan un paisaje diferente, cuarteado por el efecto de la desecación -ver foto- y con una potencia notable pues algunos tienen un espesor próximo al metro de altura. La curiosidad botánica es que ninguna planta prospera en esta franja de lodos resecos a excepción de dos o tres ejemplares de verodes (Senecio Kleinia) capaces de surgir en la oscuridad de las grietas y desarrollarse hasta su encuentro con la luz. Cerca de los lodos, a pie del estanque, una escombrera de neumáticos y uralita, generada gracias a una vieja pista que discurre bajo este muro y personas desaprensivas afea un entorno limpio.
El movimiento de tierras necesario para hacer el estanque en el pasado ha supuesto el sepultamiento de parte del cauce y por eso para continuar barranco abajo debemos utilizar una senda que discurre por la ladera izquierda, paralela a la carretera GC-140, permitiendo salvar la zona de cauce invadida por la tunera india, tunera que sí fue plantada en esta ladera de solana y ocupa buena parte de la misma. En la ladera de umbría, perteneciente a la montaña de Cuatro Puertas, el tabaibal dulce se extiende generando una cobertura tal que llena de verdor toda la ladera hasta el cauce.
Una ver superamos la zona de cauce invadido por la tunera, regresmos al mismo para seguir por él hasta su confluencia con el barranquillo de las Pujamas.
Por nuestra derecha se incorpora un barranquillo sin nombre en la cartografía consultada, que por su grado de conservación es el más importante de la montaña de Cuatro Puertas en su cara norte. Es por ello que le dedicaremos un artículo próximamente. Lo bautizaré barranquillo de los cardoncillos y explicaré entonces el porqué de este nombre.
Aquí encontré una perdiz muerta -ver foto-. Se trataba de una muerte reciente, me entristeció encontrarme con su belleza mancillada.
La confluencia de este barranco con el de Pujamas se realiza junto a una carretera asfaltada que se dirige al puesto militar existente en la base de la montaña en su orientación sur. La existencia de esta carretera justifica la presencia de vertederos incontrolados de residuos varios. Una vez más espacios naturales teldenses mancillados por personas sin escrúpulos a quienes nada importa el respeto a los demás y a los espacios naturales.

José Manuel Espiño Meilán, senderista, escritor y educador ambiental.
Espiño Meilán, José Manuel
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