De las mujeres no se habla
Penelas, Carlos - jueves, 05 de noviembre de 2026
"El amor se quema con el primer sol de la realidad", Charles Bukowski.
Hoy decidí recordar a las mujeres que conocí. O creí conocer. Limitado lector: no escribiré desde una óptica moral o religiosa: no me agradan los sermones ni los púlpitos. Tampoco acerca de miradas sociológicas o psicológicas. No hay espacios seguros. Por lo general son dogmáticos, hueros, someros.
Mi padre, lo dije en otras oportunidades, fue expulsado del Edén por pecador. Sospecho que seguiré el mismo camino. De padre infractor, penitente, nace un hijo de la misma calaña. Un pecador sin escrúpulos. Tal vez mi querido amigo Julio, que falleció hace unos años, no conocerá el infierno. O tal vez también aunque murió virgen a los sesenta y siete años. El destino del Señor tiene caminos intrincados.
Lo primero es hablar de la ropa interior de las mujeres. Evocamos encajes, sedas, satenes. Según que acostumbran a lucir uno descubre fineza, estilo, sexualidad, buen gusto, pudor. O grosería, vulgaridad, ignominioso sentido de la vida. Es un primer paso para valorar inteligencia, sensibilidad, afecto. Creo que a partir de aquí comprenderemos solidaridad, compromiso, mitos. Pero es posible que me equivoque, lo hice muchas veces. La herencia de la señorita Eva a lo largo de la mirada masculina nos llevó por caminos torcidos en las más de las veces. Mediocridad, soberbia, estupidez. Valores políticos y culturales de una sociedad. Recordemos a Catalina de Médicis y el culotte. Intente no ser zopenco y no lo confunda con los sans culottes.
Otra vez, lo lamento: los tabús del cuerpo, la moda, la sexualidad y el poder patriarcal. En Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón de Almodóvar escuchamos hagas lo que hagas ponte bragas. En fin
la moda de nuestros días es marcar los pezones. Y otras cosas que voy observando en las calles que representan tosquedad, falta de finura, zafiedad. Prefiero silenciarme.
Para muchos la ropa interior es básica. Hay caballeros que confunden la sensualidad con una tanga. En fin
así votan, así piensan, así usan el paraguas. Para otros la comida. Creen pertenecer a la aristocracia, a un linaje hereditario, y es un pobre mentecato, un memo. Le hablo a usted que es un lector lento, insensato, mentalmente desnutrido que va por la vida juzgando, opinando y cree ser feliz. Una pregunta: ¿espera que ella desprenda su ropa interior o lo hace usted? No deseo ahondar en el tema.
Hay mujeres bellas, feas, altas, menudas, silenciosas, alborotadas. Y más. Todas con un encanto especial. Hablan de Tarkovsky, de Antonioni, de Frida, de Emily Dickinson
pero también de las ferias americanas, del precio de la carne, de la canilla de la cocina, de la escuela de sus hijos, de su marido, de su novio, de sus padres, de sus tías, de sus hijos. ¿Le pone atención, la mira a los ojos?
A todas les hablé de Espenuca. Deben conocer y reconocer mi biografía, mis gustos, mis obsesiones. No basta con alabarme. No basta con admiradme. Mis mujeres saben que soy el Príncipe de Espenuca. Les martillo la cabeza con anécdotas de una aldea, con Elke Sommer, con el día que salvé a un hombre de ahogarse en el mar. Les hablo de mi biblioteca, de Betanzos de los Caballeros, de la Piazza Unità d´Italia de Trieste, de Shakespeare and Company. De mi esposa, de mis hijos, de mis libros, de mis viajes. Perdón, me fui de tema.
Creo que es importante recordar a Coco Chanel: Una mujer debe ser dos cosas: quien ella quiera y lo que ella quiera. Algo que nos viene bien, la voz de Rubén Darío: Sin la mujer, la vida es pura prosa. Sospecho, incrédulo leedor, que estos rumbos nos lleva a la esencia de la mujer. Coco Chanel una vez más: Las mujeres necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que nosotras amemos a los hombres. Pienso que no deja de ser sumamente interesante esta otra forma de ver.
Caballeros, he compartido con ustedes una tarde con un café y una pipa. Hicimos un recorrido a los saltos para mantener una conversación sin prisa. Como debe ser. En lo posible con un poco de humor, ácido pero humor al fin. El mundo es un caos por los cuatro costados. Guerras, hipocresía, miseria, indigencia, desajuste económico y emocional, corrupción por donde miremos. Es suficiente para decir basta o gritar como en aquella película de 1966 de Philip Saville Paren el mundo me quiero bajar. Además, habito un país sin salida. Pobreza, escarnio, humillación, deterioro sistemático, enajenación, vesania. Un delirio tras otro; la demencia, la ineducación, la incapacidad, la ignorancia nos aplasta. Me salva la belleza de la mujer, su comprensión, su ternura, su caricia, su devoción, su dignidad. Hasta aquí llegamos. Nos estamos viendo. Said no more.
"La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea", Oscar Wilde.
Buenos Aires, 1 de noviembre de 2026.

Penelas, Carlos