Hoy no es un buen día para hablar de trenes... o justamente todo lo contrario.
Aunque este blog es sobre Lugo hay días, como hoy, en que es muy difícil no tratar temas nacionales, como el del accidente ferroviario de Toledo que, hasta el momento, arroja un saldo de 68 fallecidos, varios desaparecidos y múltiples heridos.
Lugo es una ciudad con unas comunicaciones terriblemente malas. Nos basamos prácticamente para todo en el coche particular y, como mucho, en el autobús porque las conexiones ferroviarias son pésimas. Valen para ir a Orense o Madrid y, si les coinciden los horarios (cosa no muy fácil) a Coruña, pero poco más. Por motivos laborables he tenido que ir varios días a Santiago a un curso y el tren no es una opción, así que he usado el bus que, francamente, es comodísimo porque encima te evitas tener que buscar dónde aparcar en Compostela, que es una pesadilla salvo que te dejes una pasta en un subterráneo.
La pena es que el tren es el medio de transporte perfecto, al menos si lo comparamos con las alternativas habituales que son el coche particular, el bus y el avión. Es el más ecológico de los mencionados, por mucho; es más cómodo porque hay más espacio y te puedes levantar; tiene mejor suspensión lo que permite leer o trabajar en marcha y la sensación de mareo es mucho más baja que en otros transportes; es más rápido que casi todas las alternativas (si bien decir esto en Lugo es complicado, lo sé)
y es más seguro que el coche particular. El avión tiene menos probabilidades de siniestro, pero hay que sumar el trayecto en coche hasta el aeropuerto (que en nuestro caso es una hora y pico de viaje).
Es obvio que decir esto hoy en España suena a sarcasmo, y si en vez de escribirlo yo fuera un tweet del Ministro de transportes le caerían chuzos de punta, porque no es lo oportuno, ya que en este momento no tenemos esa sensación. Es normal. Dos accidentes con más de cien fallecidos entre los dos (46 de Adamuz y, por ahora, 68 de Toledo) no invitan al optimismo, y en Galicia tenemos todavía muy presente lo que pasó en Angrois en 2013, donde 80 personas perdieron la vida.
Ayer hablando con mi madre me decía que le daba miedo viajar en tren con todo lo que ha pasado. Es una sensación totalmente natural, aunque precisamente ahora es el momento más seguro para ir en ferrocarril porque tras una desgracia como esta las precauciones se extreman, así que, a pesar de todo, hay que confiar en el sistema ferroviario español. Y, al mismo tiempo, revisarlo, por contradictorio que pueda parecer.
La política, que todo lo envenena, ahora tiene la oportunidad de mostrar lo peor y lo mejor de sí misma. He visto ambas cosas en el mismo lugar. El mensaje de Ya está bien difundido por el PP nacional me parece una barbaridad en este momento, y no me vale lo de los otros habrían sido más agresivos porque uno no espera que esto se convierta en una competición de bajezas sino en todo lo contrario. En cambio, muy bien el mensaje de Elena Candia, solidarizándose con las víctimas, convocando un minuto de silencio que se estará celebrando en el momento de escribir esto y al que no puedo asistir por estar en casa enfermo, y sin la menor mención a nada más.
Cuando pasan estas cosas hay un porcentaje de la población que quiere agresividad, jarana y mala leche, pero me gustaría pensar que son una minúscula parte de nuestros vecinos, por muy ruidosos que sean. De hecho es a los que se ve, porque el resto están en sus casas o trabajando. Quiero creer que a la mayoría de la gente lo que le atrae es la mesura, la corrección y la tranquilidad, y que los vándalos que fueron ayer al Ministerio de Transportes a liarla, y contra los que la policía nacional se vio obligada a cargar, son unos exaltados que no representan más que a su odio y sus desquiciadas ideas de "cuanto peor, mejor".
En resumen: tranquilidad, calma y, si tienen que viajar en tren, háganlo con toda la tranquilidad porque es un medio muy seguro, a pesar de la actualidad.