Libertad para los poderosos y exilio o cárcel para los pobres
Sicart, Manolo - lunes, 02 de noviembre de 2026
A unos les da risa, a otros les da pena y a muchos les da pánico, cuando oyen (oímos) hablar a Donald Trump de LIBERTAD. Pues parece que lo que entiende por libertad es decir y hacer él y sus secuaces lo que les dé la gana, pero no los demás. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Ada Colau, ex alcaldesa de Barcelona.
A esta dirigente política de ideas izquierdistas, el señor Trump no la dejó entrar recientemente en Puerto Rico, un Estado libre, asociado de Estados Unidos, país éste que tiene competencias allí sobre defensa, fronteras y política exterior.
Según parece, no le gustó que fuera en la flotilla que llevaba ayuda humanitaria a las personas hambrientas de Gaza. Incluso su amigo Netanyahu, la tuvo detenida o retenida tres días en Israel. A Trump no le interesan los vulnerables habitantes de Gaza, sino que se vayan de allí para luego, según anunció, construir él allí una especie de Paraíso terrenal.
Sin embargo, parece estar muy de acuerdo con que Milei, el presidente argentino, de repente se presente en España para, 'a grito pelao', llamarle al presidente Sánchez "Pedrito corrupto", "dictador" y "ladrón". Cada día se ve con mucha claridad que Donald Trump está más hermanado con dictadores como el clan de los Bolsonaro, con Milei, con Putin o Netanyahu, mientras que se aleja descaradamente de las democracias europeas, a las que parece que intenta destruir por todos los medios a su alcance.
En poco tiempo ha convertido a EE.UU. en un país desconocido para quienes vimos que era un vivo ejemplo de verdadera democracia y de la puesta en práctica de la auténtica libertad, incluida especialmente la de expresión. Ahora veta en sus comparecencias a periódicos y televisiones que no le 'bailan el agua'. Secuestra con nocturnidad y alevosía a Nicolás Maduro y expulsa sin piedad a emigrantes que llegan a su país. Y no le tiembla el pulso en establecer aranceles descomunales a quienes no le obedezcan. Y les amenaza con que terminarán por "besarle el culo". ¡Que grosero tan asqueroso!
A este respecto, me viene a la mente el escándalo de espionaje político y corrupción ocurrido a principios de la década de los setenta, conocido como el "caso Watergate", en el que las informaciones publicadas en el periódico The Washington Post por los periodistas Woodward y Bernstein, ayudados por el entonces conocido por el nombre de "Garganta Profunda", llegaron a provocar la dimisión de Richard Nixon en 1974. A tal punto que hasta el Felipe González de entonces llegó a decir que prefería morir acuchillado en el Metro de Nueva York que vivir con tranquilidad en Moscú. Está claro que el señor González lo que trataba de subrayar era que prefería, sin lugar a dudas, la democracia y la libertad reinantes en Estados Unidos frente al control y la dictadura soviética.
También me ha llamado muchísimo la atención que, siendo el Papa León XIV, nacido en Chicago, el que frecuentemente está afeando a su paisano Donald Trump sus políticas nada favorables para los más vulnerables, una docena de obispos católicos hayan acudido hace pocos días a la Casa Blanca para fotografiarse con él en el despacho Oval y, así, darle oxígeno a sus desvaríos. Unos meses antes, también habían hecho lo mismo un grupo de obispos evangélicos. Siempre que le apoyen..., 'utiliza', sin pudor, a Dios y a las distintas confesiones religiosas.
¡Que Dios los pille confesados!

Sicart, Manolo
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