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La emigración gallega, una historia de partidas, sacrificios y mujeres olvidadas

Rodríguez Patiño, Luis Ángel - martes, 03 de noviembre de 2026
35 alumnos y alumnas de la UNED Sénior Coruña visitaron la Agrupación Instructiva de Caamouco, en Redes (Ares), para profundizar en la historia de la emigración gallega y reivindicar el papel fundamental de las mujeres, tanto de las que marcharon a América como de las que permanecieron en Galicia.

La historia de Galicia no puede comprenderse sin conocer el fenómeno de la emigración. Durante generaciones, miles de gallegos y gallegas tuvieron que La emigración gallega, una historia de partidas, sacrificios y mujeres olvidadas abandonar sus hogares en busca de oportunidades que su tierra, marcada por las dificultades económicas y una economía rural de subsistencia, no siempre podía ofrecerles.

Con el objetivo de conocer mejor esta realidad, 35 alumnos y alumnas de la UNED Sénior Coruña, acompañados por el coordinador y tutor de la clase de Historia, se desplazaron a la Agrupación Instructiva de Caamouco, en Redes, municipio de Ares, donde participaron en una jornada dedicada a la emigración gallega y, especialmente, a la historia de las mujeres.

La actividad contó con las intervenciones de Ernesto López Naveiras y Marisa Naveiro López, que ofrecieron dos aproximaciones complementarias a un fenómeno que marcó profundamente la vida económica, social y familiar de Galicia.

De la Galicia rural a las ciudades y a América
La primera parte de la jornada permitió analizar las causas de la emigración dentro de Galicia, hacia otras zonas de España y, posteriormente, hacia América.

En el rural gallego, muchas familias vivían de una agricultura de subsistencia, con jornadas interminables y recursos escasos. El aprovechamiento del monte, el toxo, las pequeñas explotaciones agrarias y la cría de animales formaban parte de una economía en la que cada miembro de la familia tenía una función imprescindible.

En los pueblos costeros, actividades como la salazón del pescado y la pesca constituían importantes fuentes de trabajo. También resultaba fundamental la labor de las redeiras, mujeres que confeccionaban y reparaban las redes y los aparejos necesarios para la actividad pesquera.

La mujer gallega fue igualmente decisiva en las labores del campo, el cuidado de la casa, la crianza de los hijos y la atención a las personas mayores. Cuando los hombres marchaban a trabajar a otras tierras o emigraban a América, ellas asumían todavía más responsabilidades.

La falta de oportunidades llevó a muchas familias a trasladarse a las principales ciudades gallegas y, posteriormente, a otros lugares de la Península. Las campañas agrícolas, como las siegas de Castilla, representaron para numerosos trabajadores una posibilidad de obtener ingresos de manera temporal, regresar a casa y contribuir a la economía familiar.

Pero la necesidad de buscar un futuro mejor acabaría llevando a miles de personas a cruzar el Atlántico.

América: la esperanza de una vida mejor
Cuba, Argentina y otros países americanos se convirtieron en destinos fundamentales de la emigración gallega. Cuba ejerció una especial atracción por la lengua compartida, las relaciones familiares y las redes de paisanaje, especialmente entre las localidades costeras de la ría de Ares.
La emigración gallega, una historia de partidas, sacrificios y mujeres olvidadas
Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, muchos emigrantes viajaron con escasos recursos, endeudándose o hipotecando sus bienes para pagar el pasaje. En ocasiones, la familia quedaba en una situación económica todavía más precaria, a la espera de que el emigrante encontrase trabajo y pudiera enviar dinero.

Las noticias de quienes regresaban con ahorros, negocios o propiedades alimentaban la esperanza de quienes permanecían en Galicia. Sin embargo, no todas las historias terminaron bien: junto a quienes consiguieron prosperar hubo personas que sufrieron explotación, enfermedades, soledad y fracaso económico.

En muchos casos, la emigración comenzó con la marcha de un hombre. Cuando este encontraba trabajo y conseguía cierta estabilidad, reclamaba a hermanos, familiares o amigos, facilitándoles el viaje y abriéndoles nuevas posibilidades.

Pero detrás de cada partida existía una historia familiar que pocas veces se contaba en toda su dimensión.

Las mujeres que se quedaron: sostener la familia y mantener vivo el patrimonio
Uno de los aspectos más destacados de la intervención de Ernesto López Naveiras fue la reivindicación de las mujeres que permanecieron en Galicia mientras sus maridos, padres o hijos emigraban.

A través de historias familiares, explicó cómo muchas mujeres tuvieron que hacerse cargo de la casa, los hijos, las personas mayores, las fincas y los animales. Trabajaban en el campo, administraban los recursos disponibles y cuidaban de que el patrimonio familiar no desapareciese.

En ocasiones, el dinero enviado desde América permitía mejorar la vivienda, adquirir tierras o sostener los estudios de los hijos. Pero su aprovechamiento dependía, en buena medida, de la capacidad de administración y del trabajo constante de quienes permanecían en Galicia.

Ernesto compartió también recuerdos de su propia familia emigrante. La experiencia de su abuela, que tuvo que asumir una enorme responsabilidad mientras su marido estaba fuera, le sirvió para plantear una reflexión especialmente significativa: si existen monumentos y homenajes a los emigrantes que hicieron fortuna, también debería existir un reconocimiento público a las mujeres que sostuvieron sus hogares, cuidaron las tierras y mantuvieron unidas a las familias.

Porque emigrar no siempre significaba empezar una nueva vida desde cero. Para muchos hombres, suponía encontrar trabajo en otro país; para muchas mujeres que quedaban atrás, significaba multiplicar sus esfuerzos para que la vida familiar continuase.

Marisa Naveiro López: las mujeres que marcharon y las que vivieron a ambas orillas del Atlántico
La segunda intervención, a cargo de Marisa Naveiro López, profundizó en la historia de las mujeres gallegas en la emigración, con especial atención a Cuba y a las relaciones históricas entre este país y Caamouco.

Su exposición abordó las experiencias de las que se quedaron, las que marcharon y las que tuvieron que construir su vida entre Galicia y América. La emigración femenina estuvo condicionada por la posición social, los recursos económicos, las relaciones familiares y las posibilidades de encontrar empleo.

La marcha de las mujeres no fue una simple aventura romántica. Supuso abandonar el hogar, la familia y el mundo conocido para enfrentarse a un futuro incierto.

En muchos casos, las emigrantes trabajaron en el servicio doméstico, en el cuidado de menores y en otros empleos precarios. Algunas se encontraron con situaciones de explotación y redes de trata, y muchas tuvieron que afrontar la falta de protección sanitaria y social.

Triscornia: una frontera difícil para quienes llegaban a Cuba
Uno de los episodios abordados fue el de Triscornia, un campamento de inmigrantes situado en la bahía de La Habana. Establecido en 1900, funcionó como lugar de control y espera para quienes llegaban sin reunir determinadas condiciones sanitarias o sin una persona o institución que respondiese por ellos.

Para muchas personas emigrantes, la llegada a Cuba no significaba acceder inmediatamente a una vida mejor. Había controles, incertidumbre y dificultades para encontrar trabajo o conseguir que alguien se hiciese responsable de su entrada.

La ponente explicó también la importancia de las redes familiares, las amistades y la solidaridad entre mujeres para conseguir alojamiento, encontrar empleo y afrontar las dificultades cotidianas.

Hijas de Galicia: solidaridad, sanidad y defensa de las emigrantes
Entre los ejemplos más relevantes de organización y ayuda mutua destacó la sociedad Hijas de Galicia, creada en La Habana en 1917 a partir de la experiencia de Solidaridad Pontevedresa, fundada en 1912.

La entidad surgió para dar respuesta a las necesidades de las mujeres gallegas emigradas, especialmente de aquellas que vivían situaciones de pobreza, desprotección y explotación. Desarrolló una importante labor sanitaria y asistencial y llegó a contar con un hospital materno-infantil, inaugurado en 1924, y con un balneario.

Su trayectoria constituye un ejemplo de cómo la emigración también impulsó formas de organización social, ayuda mutua y defensa de los derechos de las mujeres.

La jornada permitió acercarse igualmente a figuras y experiencias vinculadas a la presencia gallega en Cuba, así como a iniciativas culturales y educativas que contribuyeron a mantener viva la lengua y la identidad gallegas a ambas orillas del Atlántico.

Entre ellas se recordó a Anisia Miranda, escritora y periodista cubana vinculada a la literatura infantil y a la cultura gallega, esposa del escritor Xosé Neira Vilas. Su trayectoria constituye un ejemplo de los lazos culturales construidos entre Galicia y Cuba.

Cartas, fotografías y maletas: la memoria de la emigración
Otro de los aspectos de la exposición fue el significado de los objetos que acompañaban a quienes marchaban o regresaban: fotografías familiares, cartas, baúles, recuerdos y hasta gramófonos.

Aquellos objetos no eran simples pertenencias. Representaban los vínculos afectivos, la necesidad de mantener el contacto con la familia y el deseo de regresar algún día a la tierra de origen.

Las cartas enviadas desde América transmitían noticias, esperanzas y, en ocasiones, una imagen de prosperidad que no siempre reflejaba las dificultades reales. Las fotografías permitían acercar a quienes estaban lejos y conservar la memoria de las personas queridas.

En este contexto, la jornada evocó la célebre fotografía «Emigración», de Manuel Ferrol, realizada en 1957 en el puerto de A Coruña. La imagen de la despedida entre un padre y su hijo se convirtió en uno de los testimonios visuales más conmovedores de la emigración gallega.

También se recordó cómo la emigración contribuyó al desarrollo cultural de Galicia, al asociacionismo gallego en América y a la difusión de iniciativas educativas, literarias y lingüísticas.

Las historias familiares también forman parte de la historia colectiva
La jornada tuvo, además, un componente especialmente cercano. Algunas alumnas compartieron recuerdos y experiencias de sus propias familias, con referencias a la emigración de sus abuelos y otros familiares a Europa y Argentina.

Sus testimonios permitieron comprobar que la emigración no es solamente una cuestión de estadísticas, fechas y destinos geográficos. Es también una historia de padres que se despidieron de sus hijos, de mujeres que sacaron adelante a sus familias, de jóvenes que buscaron oportunidades lejos de casa y de generaciones que crecieron entre la esperanza del regreso y la incertidumbre de la distancia.

La participación del alumnado enriqueció las explicaciones de los ponentes y convirtió la visita en un espacio de intercambio entre la investigación histórica y la memoria personal.

Una lección para comprender el presente
La visita a la Agrupación Instructiva de Caamouco permitió a los alumnos y alumnas de la UNED Sénior Coruña profundizar en una etapa decisiva de la historia gallega y reconocer la importancia de conservar su memoria.

La emigración fue una respuesta a la falta de oportunidades, pero también una experiencia que transformó las familias, la economía, la cultura y la sociedad gallega. Sus protagonistas fueron hombres y mujeres, aunque sus aportaciones no siempre recibieron el mismo reconocimiento.

Recordar a quienes emigraron exige recordar también a quienes se quedaron. A las mujeres que trabajaron la tierra, cuidaron de sus hijos, administraron los recursos familiares y mantuvieron vivo el hogar mientras sus seres queridos buscaban un futuro al otro lado del océano.

La historia de la emigración gallega estará incompleta mientras no se reconozca plenamente ese esfuerzo silencioso.

Porque detrás de cada emigrante que logró prosperar hubo, muchas veces, una mujer que sostuvo la familia. Y detrás de cada fotografía de despedida hubo una historia de sacrificio, dignidad y esperanza.

Una jornada de historia, memoria y reconocimiento que permitió comprender mejor el pasado de Galicia y valorar la huella que la emigración dejó en nuestra sociedad.
Rodríguez Patiño, Luis Ángel
Rodríguez Patiño, Luis Ángel


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