Un triste paseo por los barrancos y barranquillos del municipio de Telde
Dedicado a quienes tienen el deber de velar por nuestro entorno, de recorrer éste y otros municipios,
detectar los vertidos existentes y erradicarlos mediante un proceso de retirada de los residuos y posterior
limpieza del lugar. También a quienes tienen el deber de sancionar a los infractores y olvidan los expedientes
en un cajón, dejando vencer el plazo legal para el cobro de las sanciones correspondientes. Se lo dedico
a todos ellos con un claro deseo: que la protección de su municipio y su isla vaya más allá de los esloganes
que lucen en sus campañas pues, si no se actúa, nada resuelven ni nada mejoran los paisajes de la isla.
Saben de mi pasión por el senderismo en pos de barrancos olvidados, de barranqueras y vaguadas, de conos colcánicos y playas. Y saben también de mi tozudez en rastrear metro cuadrado tras metro cuadrado el suelo municipal teldense en aras de mi curiosidad y conocimiento. Cuando no es una cueva es un vestigio arqueológico, cuando no es una planta es un animal, cuando no es un vertido de aguas fecales, es una escombrera. Se trata de alimentar mi insaciable curiosidad, algo que más de una vez les confesé la seguridad que siento en que nos mantiene niños.
Y así, más allá de las plantas que me sorprenden con nuevos registros zonales o los animales que me cautivan con su etología y sus retrocesos o nuevas colonizaciones territoriales, constato tristemente que no hay barranco teldense que no disponga, a lo largo de su recorrido, de un vertido ilegal. Tampoco hay vaguada o barranquera alguna.
Indigna a la población que esto suceda, como indigna que existan vertidos ilegales en el océano y que, sabiendo quienes los generan, no se tomen medidas extraordinarias para erradicar su contaminanción. No es natural que se disponga de un mapa con todos los puntos de vertido al mar ciento quince en nuestra isla- y más de la mitad no disponga de permisos ni autorizaciones en vigor, es decir, se encuentran en situación ilegal y sin control alguno de sus vertidos.
Indigna a los canarios que los asentamientos ilegales sigan proliferando, crezcan en vez de desaparecer, tengan calles, parcelas y número en las chabolas que ya no son tal sino verdaderas construcciones de madera y pales con zonas de juego, plantas ornamentales y huertos improvisados incluidos. El problema de la vivienda no se arregla permitiendo asentamientos de chabolas e infraviviendas, esto es sortear un problema desde la inación para generar otro mayor.
E indigna todo ésto porque existen leyes para controlarlo, para prohibirlo, para sancionarlo. Indigna porque no se buscan soluciones sino atender día a día a otras actividades más gratificantes y satisfactorias.
Lo cierto es que los problemas verdaderos son complejos y necesitan una mayor dedicación y esfuerzo, pero precisamente para su resolución existen nuestros representantes públicos, las instituciones y todo un elenco de técnicos especialistas.
Y digo todo esto porque a quienes nos coge el inicio de cada día en cualquier espacio natural teldense -soy consciente de que es posible que no variase mucho la imagen si recorriese otros municipios, pero mentiría si confirmase tal suposición-, nos duele encontrarnos en cada salida con un nuevo o viejo vertido, con una nueva chabola o con un árbol talado, seco o desaparecido.
Y es triste. Muy triste.
Lo es porque los ciudadanos quieren árboles en sus aceras que les den sombra y no los encuentran porque no se plantan o porque, incomprensiblemente, muchos con veinte, treinta o más años y con un porte bien desarrollado, han desaparecido.
Pero este artículo va de vertidos e invito desde estas líneas a los responsables municipales e insulares de la gestión, tratamiento y eliminación de los residuos a coger sus coches oficiales y darse un paseo por la geografía que les acerco. No necesitan que les sitúe con GPS su posición exacta, los encontrarán fácilmente siguiendo mis indicaciones.
Los slogan: "Gran Canaria limpia" o "Cuida tu isla, es tu casa" del Cabildo de Gran Canaria de poco sirven si no se ataja este problema de raiz. La concienciación y la educación son esenciales y estoy de acuerdo con la campaña, pero tanto o más lo es la erradicación de las escombreras existentes, la colocación de letreros alertando de las sanciones que corresponden por el vertido ilegal de residuos, la vigilancia y control de los puntos calientes que llevan décadas funcionando como tales, y la firmeza y severidad necesarias en las sanciones correspondientes a los responsables que con sus conductas demuestran ser verdaderos irresponsables.

El eslogan "Telde Limpia" no se encuentra reflejado en estos lugares.
Comienzo brevemente un paseo por una serie de barrancos donde los vertidos siguen ahí, tal y como lo reflejan las imágenes que adjunto.
Es sintomático que los dos grandes barrancos que limitan el municipio, al norte con Las Palmas de Gran Canaria y al sur con Ingenio tengan múltiples escombreras ilegales. A todas ellas se llega con coches particulares y es que las pistas que dan la necesaria accesibilidad al campo teldense, a sus medianías y cumbres, sin control ni vigilancia alguna, se convierten en el paraíso de los delincuentes medioambientales, de los destrozadores de paisajes, de los egoístas e ignorantes capaces de mancillar espacios ajenos.
De igual modo sucede con las pistas que nos acercan al litoral, sólo que en este caso, al ser una zona más visible por la ciudadanía, los depósitos son más pequeños, unos cuantos sacos de escombros, los restos de un baño, un falso techo, la limpieza de una oficina..., materiales que caben en cualquier vehículo pequeño. Se trata de pequeños vertidos pero que suponene un similar impacto paisajístico y contaminante.
El barranco del Draguillo tiene una treintena de vertidos en la carretera de desvío que en la GC-100, pasada la cañada de Lomo Caballero, montaña arriba, nos lleva en dirección al Polvorín del Ejército del Aire -ver cartografía de GRAFCAN-, en la zona conocida como Los Ovejeros. Han leído bien, no es una exageración premeditada. Uno tras otro los he contado hace un par de días y así es, antes de llegar al desvío que conduce al espacio ocupado por los polvorines, a ambos lados de esta pista asfaltada, pequeñas y medianas escombreras se alternan, convirtiéndose de tal modo en uno de los puntos negros de escombreras más relevantes del municipio teldense.
Haciendo un recorrido de sur a norte, destacan los vertidos situados en el barranquillo del Cardonal, otro punto negro donde una decena de vertidos se situan a ambos lados de la pista de acceso a zonas cultivadas y a los que hemos hecho referencia en el artículo anterior. Es este barranquillo tributario del barranco del Draguillo, el que discurre al pie de la montaña de las Tabaibas y de montaña Colorada, en su paso por el Lugar conocido como El Cardonal, camino del Lugar conocido como Finca Mireles. Uno de los vertidos recurrentes en este lugar son los realizados con restos de uralita, material altamente contaminante que necesita de un tratamiento específico como residuo peligroso.
El barranco de la Higueta, barranco que nace al pie de los volcanes de Ruano y El Gallego y que se alimenta con las barranqueras de la montaña de Cuatro Puertas. Entre sus depositos de escombros, más de media docena, se encuentra el mayor número de neumáticos abandonados de todo el municipio -ver ilustración principal-.
El barranquillo del Goro tiene, bajo la autopista la mayor concentración de escombros de todo el municipio. Esta forma de ganar terreno al barranco a supuesto una de las imágenes más impactantes del litoral. Pero en su nacimiento, justo en la parte más alta del polígono industrial hay vertidos en los denominados Llanos del Goro, el desierto blanco del que les he hablado hace pocas semanas.
El barranco de Silva tiene varios vertidos bajo los arcos del puente de Silva. Es otro punto reincidente. Muy de cuando en cuando se limpia y no pasan unas semanas y vuelven a iniciarse nuevas escombreras.
Todos los puntos señalados hasta ahora no tienen letrero alguno de Prohibición de vertidos y advertencia de aplicación de las leyes existentes y cuantía de las sanciones correspondientes.
El barranco de las Huesas tiene vertidos a lo largo de su cauce, siendo el mayor la escombrera generada con los restos de producción de una empresa de materiales de construcción, restos que llegaron a sepultar las señales que delimitaban el cauce, bolardos con las iniciales DP (Dominio Público)
El barranquillo del Negro tiene pequeñas escombreras desde la presa de Gómez que se encuentra en su cauce hasta la desembocadura en la playa de Melenara. Justo antes de llegar a la carretera del vial costero, los restos de poda y limpieza del barranco se amontonaron y almacenaron a ambos lados del cauce y allí se quedaron.
El barranco Real de Telde, próximo a su desembocadura y al amparo de los tarajales que hay junto a un almacén de plátanos, se suceden los vertidos en el mismo cauce, contabilizándose varias escombreras.
En las laderas de la montaña del Rosso, en la zona conocida como zona industrial Maipez-La Francia, si ascendemos por la calle Suiza buscando la necrópolis aborigen que al abrigo del cono se encuentra en su vertiente norte-nordeste nos encontraremos con el mayor basurero, la mayor escombrera de todas las ilegales justo al pie de las carretera, ocupando la ladera este de Maipez, hasta su encuentro con la carretera GC-100, carretera que va de Jinámar a Telde.
Nadie puede negar que todas ellas están a la vista aunque ninguna se encuentre en el camino diario de miles de turistas. No son escombreras que afecten directamente a un sector económico del que dependemos en demasía, pero afectan a la calidad de vida de todos los ciudadanos teldenses y por extensión grancanarios.
Y afecta a la vida de esos lugares, a sus paisajes. Y dice mucho de cada uno de nosotros, tanto como artífices de esas alteraciones como espectadores pasivos.
Mi labor se queda aquí, en definir los lugares de los vertidos, en su exposición y denuncia. La de cada uno de ustedes, ciudadanos afectados y comprometidos, comienza ahora con sus denuncias particulares, en las asociaciones de vecinos a las que pertenecen, en las asociaciones empresariales afectadas.
Si no lo hacen, me temo que dentro de una década, estaremos hablando de las mismas escombreras y similares vertidos.
José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y de la vida. Lector empedernido, escritor y educador ambiental.