Una disputa perdida: nos quedó la violencia (Uma disputa perdida: sobrou-nos a violência)
Da Silva Vasconcellos, Victor Hugo - viernes, 23 de octubre de 2026
Antes de comenzar este texto, declaro que está escrito en dos lenguas: castellano y portugués.
[Antes de começar este texto, declaro que está escrito em duas línguas: castelhano e português.]
Versión en castellano
Brasil, tras la primera vuelta de las elecciones de 2026, ha iniciado una intensa campaña electoral para elegir a Lula, con el pretexto de que es deber del pueblo proteger la democracia. La cuestión es la siguiente: después de tantas décadas de masacre ideológica a la izquierda por parte de esas mismas personas, hoy estas piden el apoyo de la "izquierda" y de la "derecha democrática" para elegir al presidente que mantendrá en pie esa "democracia" durante cuatro años más.
Bueno, ya he explicado en mi texto anterior, Brasil conservador e reacionário em 2026. Na ditadura que era bom, cómo funcionan las elecciones brasileñas y el sistema de gobierno. Por tanto, me centraré en la ironía que observo en estos momentos en el escenario brasileño (y europeo).
El mundo vivió una polarización ideológica hasta la década de 1990. Aún no existía la globalización que vemos hoy. Y esa polarización entre el bloque capitalista y el socialista trajo consigo avances significativos para todo el planeta. Los derechos universales se implantaron primero en la Unión Soviética, y Occidente tuvo que copiarlos para no perder el apoyo popular, en el marco del llamado Estado del Bienestar.
Esto significa que el sufragio universal, los derechos de las mujeres, la lucha contra el racismo, la educación pública y gratuita, el acceso a la educación superior, la economía planificada y la vivienda para todos surgieron en la URSS, en un Estado socialista. Y Occidente, por miedo a sufrir revoluciones, adaptó esos avances a sus Estados capitalistas. Cedieron los anillos para no perder los dedos.
En la década de 1990, la URSS se disolvió y la polarización dejó de existir. China, aunque está gobernada por el partido comunista, se presenta (y es aceptada) como un país capitalista. Dicho esto, la intensa propaganda occidental contra el socialismo no disminuyó. Siguió creciendo con el objetivo de sofocar cualquier intento de insurgencia de un movimiento legítimo de izquierdas.
Y muchos de nosotros vimos cómo la izquierda real (la que se opone al capitalismo opresor) iba perdiendo cada vez más espacio y adeptos. Brasil llegó a elegir diputados de partidos comunistas en plena dictadura militar (1964-1985). En la "democracia burguesa" (desde 1985), eso no ha vuelto a ocurrir. Hay diputados del PCdoB, ciertamente, pero forman parte de la base parlamentaria del Gobierno de Lula (PT), de orientación progresista y situado a la derecha de la izquierda anticapitalista.
Décadas de ataques a la izquierda revolucionaria y décadas de apoyo al capitalismo del bienestar, que poco a poco fue volviéndose neoliberal y opresor. Mayor concentración de la riqueza, altas tasas de inflación y especulación inmobiliaria. Sueldos insuficientes y jornadas laborales extenuantes. Los pobres son cada vez más pobres y los ricos, cada vez más ricos. Deterioro de los servicios públicos y privatizaciones que empeoran la calidad del servicio y encarecen su coste para el consumidor.
La derecha es capitalista y defenderá cada vez más los intereses de una burguesía cuya única patria es el dinero. Incluso en Europa, el Estado del bienestar ya ha quebrado, con precios de la vivienda desorbitados, desempleo, inflación y un aumento continuo de la violencia. Y, ante las quejas de la población por el deterioro de sus condiciones de vida, surge la extrema derecha para culpar a la izquierda, a los programas sociales, a los inmigrantes y a la corrupción de un Estado que "necesita ser controlado con mano dura".
Ante el abismo, España reclama un frente amplio para asegurar la continuidad del PSOE (un Gobierno de derecha progresista -y no de izquierdas-); y Brasil lanza el eslogan "la izquierda y la derecha contra el fascismo" (lo cual resulta irónico, porque el fascismo es el brazo armado del capitalismo). Recordemos que el PT también es de derecha progresista. Esta confusión se debe a la intensa propaganda y a la falta de información política de las personas. El liberalismo clásico ya contemplaba políticas sociales para los más vulnerables, mientras los ricos seguían acumulando riqueza. Confundir estos gobiernos con la izquierda es solo la punta del iceberg.
Lo que quiero decir es que, si existe ese consenso según el cual ser progresista equivale a ser de izquierdas, el capitalismo ya ha vencido. La extrema derecha, que prácticamente se ha apoderado de América del Sur (y ya se ha apoderado de Brasil) y que avanza en Europa a través de las urnas, es ya una realidad para una humanidad que entrega su cuerpo y su alma a lo más opresor que existe en el planeta.
Es absurdo ver este panorama en el que la única solución posible parece ser una derecha progresista que mantiene vivo al trabajador únicamente para que pueda generar beneficios para su patrón.
Solo nos quedó la violencia...
Versión en portugués
O Brasil, após o primeiro turno das eleições de 2026, começou uma campanha eleitoral muito forte para eleger Lula, com o pretexto que é dever do povo proteger a democracia. A questão é: tantas décadas massacrando ideologicamente a esquerda por parte dessas mesmas pessoas que hoje pedem apoio da "esquerda" e da "direita democrática" para elegerem o presidente que irá manter essa "democracia" de pé por mais quatro anos.
Bem, já expliquei no meu texto anterior Brasil conservador e reacionário em 2026. 'Na ditadura que era bom' como é o funcionamento das eleições brasileiras e o sistema de governo. Portanto, irei atentar-me à ironia que vejo acontecer neste instante, no cenário brasileiro (e europeu).
O mundo vivia uma polarização ideológica até os anos 1990. Ainda não havia a globalização que vemos hoje. E essa polarização entre o bloco capitalista e o socialista levou avanços significativos para todo o planeta. Os direitos universais foram implementados primeiramente na União Soviética e o ocidente tinha que copiá-los para não perder o apoio do povo - no chamado Estado de Bem-Estar Social.
Isso significa que o voto universal, os direitos das mulheres, a luta contra o racismo, educação pública e gratuita, acesso ao ensino superior, economia planificada e moradia para todos iniciaram na URSS, num Estado Socialista. E o ocidente, com medo de sofrer revoluções, adaptaram esses avanços aos seus Estados capitalistas. Deram os anéis para não perderem os dedos.
Nos anos 1990, a URSS se dissolveu e a polarização deixou de existir. A China, ainda que seja governada por um partido comunista, é vendida (e comprada) como um país capitalista. Dito isso, a intensa propaganda ocidental contra o socialismo não diminuiu. Seguiu crescendo para derrubar qualquer insurgência de um movimento legítimo da esquerda.
E muitos de nós, vimos a esquerda real (que se opõe ao capitalismo opressor) ir perdendo cada vez mais espaço e adeptos. O Brasil chegou a eleger deputados de partidos comunistas em plena ditadura militar (1964-1985). Na "democracia burguesa" (pós 1985), nunca mais ocorreu. Há hoje deputados, de fato, do PCdoB, mas eles fazem parte da base do governo de direita progressista de Lula (PT).
Décadas de ataque à esquerda revolucionária e décadas de apoio ao capitalismo de bem-estar social que pouco a pouco foi tornando-se neoliberal e opressor. Com mais acumulação de renda, inflações altas e especulação imobiliária. Salários insuficientes e altas cargas de trabalho. Pobres cada vez mais pobres e ricos cada vez mais ricos. Sucateamento dos serviços públicos e privatizações que tornam pior o serviço e mais caro para o consumidor.
A direita é capitalista e vai cada vez mais defender os interesses de uma burguesia cuja única pátria é o dinheiro. Mesmo na Europa, já faliu o Estado de Bem-Estar Social, com elevados preços de moradia, desemprego, inflação e aumento contínuo da violência. E com a reclamação do povo da piora de vida, surge a extrema-direita para culpar a esquerda, os programas sociais, os imigrantes e a corrupção de um Estado que "precisa ser controlado com mãos firmes".
Diante do abismo, a Espanha pede a frente ampla para assegurar o PSOE (um governo de direita progressista - e não de esquerda); e o Brasil cria o slogan "esquerda e direita contra o fascismo" (irônico porque o fascismo é o braço armado do capitalismo). Lembrando que o PT é direita progressista também. Essa confusão, dá-se por conta da intensa propaganda e falta de informação política. O liberalismo clássico já previa políticas sociais para os mais vulneráveis enquanto os ricos continuavam acumulando riquezas. Confundir esses governos com esquerda é só a ponta do problema.
O que tenho para dizer é que se há esse consenso de que ser progressista é ser de esquerda, o capitalismo já venceu. A extrema-direita que praticamente tomou a América do Sul (e já tomou o Brasil) e vem tomando a Europa pelo voto já é a realidade da humanidade que entrega seu corpo e sua alma ao que há de mais opressor no planeta.
É um absurdo ver esse cenário de que a única a solução possível é uma direita progressista que mantém o trabalhador vivo somente para que ele possa gerar lucros para seu patrão.
Restou-nos a violência...
Victor Hugo da Silva Vasconcellos é doutor en Letras pola Universidade Presbiteriana Mackenzie (Brasil). Desenvolve a súa investigación no ámbito da análise do discurso de orientación materialista e da comunicación, e exerce como profesor de lingua portuguesa.

Da Silva Vasconcellos, Victor Hugo