Jóvenes con ganas de cambiar el mundo
Vaamonde Rodríguez, Jacobo - martes, 20 de octubre de 2026
Este fin de semana he tenido la oportunidad de participar, acompañado de otros miembros de Freshysweet, la agencia junior de publicidad de la que formo parte, en el Youth Forum Galicia- Norte de Portugal, un encuentro juvenil que reunió a 50 chicos y chicas de ambos lados del Miño y que me ha permitido confirmar algo en lo que creo firmemente: hay muchos jóvenes con ganas de cambiar las cosas.
Han sido días intensos, llenos de ponencias, charlas, conversaciones y experiencias, pero, sobre todo, de aprendizaje. Escuchar a un eurodiputado, conocer la historia del alcalde gallego que ha impulsado la transformación de su localidad, considerada la más envejecida de Europa, hasta convertirla en la primera Startup Village de España o conversar con una gran periodista portuguesa han sido oportunidades que merece la pena aprovechar.
Pero, sobre todo, me quedo con las personas y, en especial, con la juventud. Comprobar que hay jóvenes de tu generación, mayormente universitarios, se deciden dedicar todo un fin de semana a participar en un foro juvenil, en lugar de quedarse en sus pueblos o ciudades durmiendo, saliendo de fiesta o adelantando trabajos, es algo que merece tenerse en cuenta.
Y es que, en ocasiones, parece que nos hemos acostumbrado a pensar que la juventud está desinteresada por lo que ocurre a su alrededor. La realidad es otra: sigue habiendo muchas personas que, a pesar del momento político y social que nos está tocando vivir, están profundamente preocupadas por lo que sucede en su territorio.
Cada uno de los actos ha sido una oportunidad para conocer nuevas experiencias y opiniones, tanto de los ponentes como de los participantes. Durante estos días, se han abordado temas tan relevantes como las oportunidades y dificultades de emprender en el rural, el empleo juvenil o la inclusión social.
Precisamente, dos actos estuvieron dedicados al emprendimiento y a las dificultades del mundo rural. Una de las reflexiones más importantes que me llevo de este encuentro tiene que ver con estos puntos.
Con frecuencia, dedicamos foros y encuentros a hablar de las dificultades de emprender en el entorno rural, pero no tanto a mostrar sus oportunidades. Y hoy en día, existen alternativas que permiten desarrollar determinadas actividades profesionales desde lugares alejados de las grandes ciudades. Los avances tecnológicos han permitido mejorar notablemente la conectividad, uno de los factores que más dificultaba la instalación de empresas y particulares en el rural.
Así, se ha conseguido acercar recursos y servicios que antes parecían estar reservados para el entorno urbano. Esto, no obstante, no elimina todos los problemas de vivir en un entorno rural.
Siguen existiendo deficiencias en el transporte, dificultades de acceso a los servicios públicos y limitaciones en la disponibilidad de recursos. Pero, si hemos conseguido avanzar en un ámbito tan importante, ¿por qué no vamos a ser capaces de avanzar en los demás?
Quizás debemos mirar el reto de revitalizar el rural de otra manera:
¿Por qué quienes van en verano a un pueblo no se quedan a vivir allí cuando lo consideran un lugar idílico?
Es una pregunta sencilla, pero que encierra una contradicción. Nos encanta la tranquilidad, el paisaje, el contacto con los vecinos y la libertad que ofrecen los pueblos. Sin embargo, cuando tenemos la oportunidad de decidir dónde queremos construir nuestro futuro, muchos optamos por los grandes núcleos urbanos.
Por supuesto, no todo el mundo puede elegir. Las oportunidades laborales, el acceso a la vivienda, el transporte o la disponibilidad de servicios condicionan las decisiones de muchas familias. Por lo tanto, no debemos responsabilizar a quienes se marchan de los entornos rurales, porque en muchas ocasiones se ven obligados a hacerlo. No obstante, también debemos valorar a aquellas personas que, a pesar de las dificultades, deciden quedarse en el lugar donde nacieron o crecieron y desarrollar allí su proyecto de vida.
Durante generaciones, muchas familias se quedaban en sus aldeas y pueblos ante la ausencia de alternativas laborales y habitacionales, o porque estas no estaban a su alcance. Hoy, el reto está en conseguir que quedarse sea una opción real y atractiva, una decisión tomada por convicción y no por falta de alternativas.
Y, por suerte, cada vez son más las personas y, en particular, los jóvenes, que deciden continuar su proyecto vital en los pequeños núcleos. Se trata de una decisión arriesgada y valiente, que merece todo nuestro reconocimiento.
Los jóvenes de hoy tendremos que enfrentarnos a innumerables retos, y uno de ellos será conservar la vida de nuestros pueblos. No podemos perder esta apuesta. Si no somos capaces de actuar, de poco servirá seguir hablando de la despoblación rural cuando también está en nuestras manos parte de la solución.

Vaamonde Rodríguez, Jacobo