Tres espacios que no debemos dejar a los políticos
Mosquera Mata, Pablo A. - jueves, 22 de octubre de 2026
Voy a pecar de autobombo. Se puede acceder a los discursos pronunciados en aquel Parlamento Vasco del último tercio del pasado siglo XX. En plena etapa denominada "del plomo". Como portavoz parlamentario por Unidad Alavesa nunca evité seguir siendo médico y profesor asociado por oposición en la Universidad Pública Vasca. Mi asignatura fue La Salud Pública, y aproveché la tribuna...
En concreto. Un debate sobre el estado de la Comunidad me llevó a señalar que los tres grandes problemas para los últimos años del siglo XX serían: el envejecimiento de nuestra población con sus derivadas socio económicas; los movimientos migratorios especialmente los del continente africano hacia la UE por la frontera sur que éramos los españoles; la irrupción de viejas y nuevas enfermedades infecto contagiosas en forma de epidemias o pandemias, para las que no teníamos inmunidad adquirida. Hoy puedo asegurar que no me equivoqué...
Pero lo que no dije es que tales problemas de salud pública ocuparían y preocuparían a los Estados de Occidente en el primer tercio del siglo XXI. Además algo que también advertía. Cada vez sería más complicado e ineficiente que los podres públicos democráticos pusieran orden en la colisión entre los Derechos Fundamentales. Y ya no digamos en las colisiones entre estos y las nuevas generaciones de tales derechos a medida que avanza la revolución tecnológica, no sabemos bien hasta que punto y hasta qué extremos de invasión o manipulación con mando a distancia de nuevos poderes fácticos.
Elecciones Generales convocadas por el fracaso del Sistema Democrático que ampara la Constitución de 1978 en nuestro reino de España. Aun sin haber comenzado oficialmente el tiempo previsto para la campaña, cada día hay menos debate, menos oferta, menos atención a las demandas del ciudadano como sujeto de tales DERECHOS y más ruido, con serias advertencias sociales que anuncian violencia, hasta inconformidad con los resultados que se lleguen a dar en las urnas. Y es que hay mucha similitud entre aquella etapa 1931-1936 de pasado siglo XX. Una vez más hay exceso de aventureros que buscan aprovechar la confusión para erigirse en mandarines y clase dominante, y la partitocracia dispuesta como nunca a terminar con la democracia, en una clarísima muestra de lo que debería preocuparnos, la decadencia de Occidente y sus Estados de Derecho.
No hay soluciones para problemas y demanadas. Hay insultos e intentos de ocupación cada día mayor del espacio que debe corresponder a la sociedad civil. Todo se politica. Todo se mercantiliza. Todo se desvirtúa. Todo se disfraza. Y es aquí dónde recurro a los clásicos. Leo los discursos que pronunciaba José Ortega y Gasset cuando anunciaba el final del sistema denominado RESTAURACIÓN y que tras criticarlo por la propia conducta de los dirigentes ante la sociedad le llevaba a tratar la fundación de la Liga de Educación Política Española.
La último legislatura ha sido la descomposición del sistema mediante la corrupción, el imperio de lo que denominó Leonardo da Vinci como "dónde se grita es que no hay buen conocimiento". El intento de acallar las voces discordantes o comprarlas. La presencia de una clase política cada vez más alejada de sus deberes para con la sociedad civil a la que representan. Los españoles o se exilian, o se afilian para participar en el reparto del botín, o se constituyen en soldados para conquistar los cielos tal como pretendía PODEMOS y sus abyectos dirigentes hoy instalados en la CASTA.
No podemos esperar nada de la política tal como se practica y quienes la practican salvo raras excepciones. Debemos apostar por la sociedad civil. Devolverle su pulso. Promover aquellas organizaciones que pueden y deben representarla de manera organizada. Ganar el espacio que han perdido. Recuperar el prestigio y ser otra vez cantera para dirigentes. A la cabeza la UNIVERSIDAD. Los movimientos vecinales no adscritos a los partidos políticos ni a los corruptos sindicatos. Los foros culturales como fueron los ATENEOS. Todo aquello que muestre inquietud, participación, libertad y crítica.
Volviendo a los asuntos concretos. El envejecimiento poblacional es progresivo e imparable con impactos en las prestaciones que van desde las pensiones hasta la dependencia. Podemos morir de éxito. Hemos logrado dar años a la vida, pero debemos dar vida a los años. Usar al colectivo de los "lobos grises". Para que sigan sintiéndose ciudadanos útiles. Que su experiencia vital se convierta en asesoramiento intergeneracional. Que sostengan la economía con su voluntariado. Que al disponer del tiempo que les deja ser trabajadores por cuenta ajena, se dediquen a cuidar y enseñar. Así recuperamos los viejos y necesarios oficios tradicionales que siguen siendo la demanda de las gentes. Y dándoles cometidos para que podamos crear el ambiente necesario que nos lleve a recuperar ese vaciamiento que decimos nos preocupa del medio rural. El final en ese viaje que es la vida no puede tener como última estación una RESIDENCIA DE ANCIANOS. Es un fracaso social y familiar.
Los movimientos migratorios deben ser controlados, previstos, ordenados por ley de las Instituciones Europeas, deben ser útiles que en el caso de nuestra Nación suponga recuperar la Hispanidad en su sentido más solidario e intercultural. España se extiende por América y América debe reconocer a España como la madre patria, nunca como la cruel invasora o conquistadora con la espada y la brutalidad que sólo buscaba el oro de los aborígenes. Una gran parte de los gallegos tenemos nuestra continuidad en las naciones de habla hispana. Y es que el castellano es el cordón umbilical de nuestra grandeza y nuestro papel en el mundo.
La prevención de las enfermedades "pestilenciales" por pérdida de la inmunidad y por la llegada de fuentes humanas infectadas. Hay que recuperar el conocimiento y el desarrollo de la salud pública frente a tales brotes epidémicos para que no se conviertan en PANDEMIAS.
Necesitamos que gobiernen y nos representen los mejores. Pero los mejores ciudadanos, no los mejores súbditos para las cúpulas partidarias.
Volviendo a Ortega. Si se quiere ser útil a la humanidad hay que comenzar por ser fiel a sí mismo. Hay que tener y desarrollar la conciencia social basada en la ética y la estética. Hay una España oficial, hay una España aspirante, hay un España demandante. La política debe ser mucho más que afán de poder, gobernar, mandar, sentarse en el escaño, disfrutar con los privilegios. La política debe ser servicio con dos virtudes -Platón- cultura y honestidad. Lo más alejado del fenómeno sociológico que vivimos estos días. La lucha encarnizada por ocupar las listas electorales que construyan la nueva nómina de los mandarines con sueldo y solemnes tratos de ilustrísimas señorías, cuando algunos/as ni siquiera se han ganado ser tratados como señores y señoras en su ámbito territorial de vecindad. Ya está bien de que la táctica consista en como conquistar el GOBIERNO -los cielos- olvidando la representación de la circunscripción electoral al día siguiente de lograr el escaño.
Una vez más. Como sentenció Ortega. SE TRATA DE DEFENDER QUE SEA LA NACION PARA EL ESTADO Y NO EL ESTADO PARA LA NACION, QUE SEA LA VIDA PARA EL ORDEN PÚBLICO Y NO EL ORDEN PUBLICO PARA LA VIDA.

Mosquera Mata, Pablo A.
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