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Barranquillo del Cardonal

Espiño Meilán, José Manuel - domingo, 18 de octubre de 2026
Dedicado a una planta presente en las Medianías teldenses: el cardón y a la formación botánica
a la que da nombre: el cardonal. Curiosamente, a pesar de la toponimia, no observaremos cardón
alguno en este barranquillo, sí en cambio en los conos volcánicos que se encuentran tras él.

Comenzaré por situarlo. Un mediano barranquillo tributario del barranco del Draguillo que se incorpora a éste muy cerca de su desembocadura, justo a la altura en que el barranco del Draguillo reconduce su salida natural al mar -canalización antrópica para Barranquillo del Cardonal evitar de tal modo que la desembocadura del mismo partiera por la mitad el área aeroportuaria-, desviándola por un cauce artificial que discurre paralelo a la GC-1 en busca de la playa Ojos de Garza. Con esta reorientación, bordea tanto el área aeroportuaria civil como militar, desembocando en la margen derecha de la mencionada playa.
El barranquillo del Cardonal se formó con las aguas de lluvia excavando antiguos terrenos de cultivo aterrazados y generando una serie de pequeñas vaguadas situadas por encima de la carretera GC-100, a unos doscientos cincuenta metros de altitud. Se trata de laderas alomadas, de tan suave pendiente que fueron dedicadas en su totalidad a tierras de cultivo. Se encuentran situadas entre los parajes conocidas como Lomo Los Mudos y Lugar de Verona y conforman la cañada del Lomo Cabral. Otro barranquillo, más importante en profundidad y longitud que éste, que ahora no trataremos para evitar la extensión del presente artículo, conocido como barranquillo de los Ovejeros y que, corriente abajo, trocará su nombre por barranquillo de Casquete se une a la altura de la montaña Colorada a este barranquillo del Cardonal.
El barranquillo de los Ovejeros tiene su nacimiento a unos cuatrocientos treinta y cinco metros de altitud entre la montaña de Galindo y varias barranqueras formadas en la cara este de la montaña Águeda (Topino).
Pero volvamos al primero de los afluentes, el más sureño. Es interesante la parte más alta de este barranquillo y su tramo medio pues en sus suaves laderas, apenas destacables del cauce, se encuentran dispersas pequeñas pero interesantes poblaciones de la botonera grancanaria (Asteriscus graveolens stenophyllus). El interés radica en que a los primeros ejemplares detectados en la ladera de la montaña de La Majada, cono volcánico surgido justo al borde del barranco del Draguillo, se le han unido en incursiones posteriores realizadas por estos barranquillos, los observados en la montaña Águeda (Topino). Estas poblaciones confirman que las cañadas, barranquillos y barrancos (cañada del Lomo Cabral, barranquillo de El Cardonal, barranquillo del Lagar, barranquillo de los Ovejeros, barranquillo de Casquete, barranco de La Culata), surgidos de estos conos volcánicos han sido canales de expansión de esta planta y en todos ellos hay buenas muestras de su presencia.
Es interesante dejar que nuestra vista recorra el litoral. Nos encontramos en una atalaya privilegiada para observar una buena parte de la costa teldense y el municipio de Ingenio. Descrita ya en los conos volcánicos que se encuentran a nuestra espalda, nosotros iniciamos el descenso de la cañada.
Barranquillo del Cardonal Será en este comienzo cuando observemos algo parecido a un barranquillo, pues más abajo se diluirá hasta perderse en el llano.
Barrilla y cosco como plantas casi exclusivas, nos hablan del agotamiento del suelo tras su cultivo intensivo a lo largo de toda la cañada. La presencia de algunos espinos de mar, verodes y algunas tabaibas amargas es más testimonial que referencial de una vegetación desaparecida. Tras cruzar la GC-100 la cañada comienza a tener forma. Balos, verodes, tuneras y algunos cornicales cubren ahora un poco más la superficie desprovista de vegetación por agotamiento del suelo convirtiéndose así en una esperanza de recolonización.
Un robusto eucalipto, inclinado por los efectos de los vientos dominantes, nos revela, junto a la GC-1, el inicio de esta cañada conocida como Lomo Cabral hasta su confluencia con el barranquillo de las Ovejeros.
A la altura de la montaña de Las Tabaibas, encontramos un par de fincas con interesantes plantaciones de olivos. Entre ellas el cauce se estrecha y las tuneras imposibilitan el paso. Es obligado rodear una de estas propiedades para retomar la cañada luego.
De pendientes muy suaves, discurre la cañada sin un cauce muy definido, apenas un paso para el agua que se filtra en su mayor parte en el amplio valle de su desembocadura formada por una vaguada cubierta de cantos rodados. Esto permite a la tunera india continuar su expansión sin dificultad alguna. Es por ello que tendremos que bordear el cauce en algunos puntos para continuar nuestro descenso pues la tunera, sin control alguno, lo ocupa y cierra de lado a lado.
Los callaos serán una constante en toda la superficie del cauce y sólo en pequeños tramos detectamos la presencia de espacios terrosos, tierras procedentes de los suelos de cultivo abandonados existentes a ambos lados. Observamos así una especie de valle llano, donde la tierra, fértil antaño, ofrece ahora una imagen predesértica a causa del agotamiento del suelo y la inexistencia de proyecto ni labor alguna con aras a su recuperación. Los balos son la especie dominante forjando una imagen característica con sus tallos de finales de verano casi plateados y su follaje de un verde glauco entre el que destacan sus pequeñas bayas pendulantes, secas y de color negro. Esporádicas tuneras indias, algunos espinos de mar, inciensos, aulagas y salvias completan el reducido registro botánico arbustivo. Nunca hemos dejado de observar la botonera canaria. Son ejemplares menos desarrollados que en el tramo medio de la cañada, pero su presencia continúa hasta su desembocadura. Entre las herbáceas, un cardo (Argemone mexicana) y la hierba ratonera (Forsskaolea angustifolia) son frecuentes en el cauce, aunque en verdad quien nos sorprende a lo largo de todo el recorrido de este barranco y en especial en el tramo medio y la desembocadura es la cobertura absoluta que ejerce el rabo de gato o rabogato (Cenchrus orientalis), hasta el punto en que, a veces, nuestro avance por el cauce lo tenemos que realizar a tientas, desconociendo donde colocamos el pie, con el riesgo de pisar mal y sufrir una torsión de tobillo pues, aunque llano el recorrido, todo él es muy pedregoso.
Siguen observándose restos de antiguos invernaderos y al igual que en otros muchos lugares de la isla con terrenos de cultivo abandonados, alambres, maderas, plástico y rafia se dispersan por el cauce sin control ni campañas de retirada alguna.
Uno tiene la impresión de encontrarse en territorios sin dueño, pues nadie hace la limpieza debida. Lo triste en estos casos es que los responsables institucionales de velar por el medioambiente y la limpieza paisajística de los mismos parece como si no existiesen, pues a la vista está que todas estas fincas se encuentran en absoluto abandono. Se convierten así, en cierto modo es una invitación circustancial, en espacios ideales para proseguir la nefasta práctica de algunos desaprensivos que depositan ilegalmente escombros y restos varios industriales, generando nuevos vertidos incontrolados. Es justamente lo que observamos en el tramo medio de este barranquillo, pues una pista de tierra que cruza el mismo, al pie de la montaña Colorada, permite el paso de vehículos sobre su cauce. Se trata del Camino de El Cardonal, pista agrícola que da servicio a otras fincas de la zona, fincas muchas de ellas cultivadas actualmente y dedicadas a la producción del plátano.
Pues bien, justo aquí donde discurren próximos los cauces de este barranquillo y el barranco del Draguillo, encontramos un punto caliente de vertidos incontrolados. Preocupa que la mayoría de ellos sean depósitos de uralita, residuo de alto poder contaminante, como podemos ver en las fotos. Hasta once vertidos encontramos a ambos lados de este barranquillo y el espacio colindante, ofreciendo una imagen desoladora y deplorable.
Justo antes de llegar a la altura del núcleo poblacional de Ojos de Garza, el cauce del barranquillo se presenta lleno de basuras dispersas. Es fácil de llevar a cabo una simple labor de limpieza pero es tanta la desidia institucional que desde la última Dana que afectó a esta zona teldense, aún sigue cegada la salida natural del barranquillo. Bajo el puente que se encuentra en la calle Bravo Murillo los materiales arrastrados por las aguas siguen ahí, cegando y bloqueando por completo el paso de las mismas en riadas futuras.
Esta calle de Bravo Murillo, tras su paso por la urbanización de Ojos de Garza, continúa, convertida en una carretera estrecha y asfaltada que recibe el nombre de Camino de La Madera, culminando en el núcleo urbano de Las Majoreras, barrio del limítrofe municipio de Ingenio.
A ambos lados de este puente cuatro soberbios ejemplares de una especie de mimosa conocida como aromo blanco (Leucaena leucocephala glabrata), nos revelan la fuente de dispersión de todas las semillas que han dado lugar a más de un centenar de nuevas plantas a lo largo del cauce de este barranquillo y del barranco en el que desemboca. Justo aquí, en los bordes de la carretera, se plantaron los ejemplares de esta especie invasora. Plantas duras y poco exigentes terminaron convirtiéndose en árboles muy desarrollados. Si observamos la cantidad ingente de vainas cargadas de multitud de semillas, sólo es cuestión de tiempo que germinen y prosperen por todo el cauce. Su fortaleza radicular es tal que en el cauce del barranco del Draguillo, ya en su desembocadura, han germinado entre las lajas cementadas del suelo, abierto el hormigón y prosperado sin dificultad manifiesta.
Continuar barranquillo abajo es encontrarnos con una cobertura de balos que se extiende hasta su desembocadura en el barranco del Draguillo, creciendo entre ellos los ejemplares del aromo blanco, especie arbórea introducida y asilvestrada, que destacan por su verdor y altura.
Algunos salados y veroles salpican este cauce pedregoso y de poca altura, cauce que parece desaparecer en la extensa llanura de Gando donde la acción del agua ya no es tan potente al ser absorbida y discurrir por el subsuelo.
La llegada al cauce principal supone el fin de la vegetación natural del barranquillo para incorporarse al cauce de hormigón y lajas. Contrastamos así la acción de la naturaleza con un suelo de callaos, tierra y arenas transportadas, colonizado por vegetación propia, con la severidad del cauce de hormigón del barranco del Draguillo, donde la gama grisácea se ha convertido en tonalidad dominante, no ofertando posibilidad alguna a la cubierta vegetal y menos a una necesaria renaturalización del paisaje.

José Manuel Espiño Meilán, senderista, escritor y educador ambiental.
Espiño Meilán, José Manuel
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