Blanco o negro
Vaamonde Rodríguez, Jacobo - martes, 13 de octubre de 2026
El pasado lunes se convocaron elecciones generales para el 29 de noviembre. Este proceso electoral será el primero para muchos, incluido quien escribe estas palabras.
Desde muy pequeño, he sido un apasionado de la política, entendida siempre desde el servicio público. Cada vez que acompañaba a mis padres a votar, pensaba: ¡Ya queda menos para que pueda hacerlo yo!
Y ahora, después de esos años de espera que parecían eternos, ha llegado el momento. El voto parece un trámite, pero se trata de una de las mayores responsabilidades que tenemos como personas.
De nada vale criticar constantemente el modelo político actual o al partido que está gobernando si nos olvidamos de que nosotros, como electores, también tenemos una parte de responsabilidad por las decisiones que tomamos en las urnas.
Pero hay algo más: mientras me encontraba centrado en analizar los comicios municipales, salió de golpe la convocatoria nacional. Y, por desgracia, no van a ser unas elecciones fáciles.
Vivimos en una sociedad muy polarizada. Ya no existe el centro, la derecha y la izquierda. Ahora, somos o fachas o progres, y esto se está sintiendo especialmente en el sector más joven de la población.
Como he comentado en artículos anteriores, la vida universitaria me permite conocer el ambiente que se respira en un sector concreto de la población, y, en este sentido, lo que observo me preocupa. Considero que muchos de los problemas de polarización surge de una misma raíz: el cambio de tendencias y la manipulación de la opinión pública.
Últimamente, he escuchado muchos comentarios o apelativos que, bajo mi punto de vista, estaban fuera de lo normal: "tal persona es fascis" (fascista), por el simple hecho de ser de derechas; otro es un nazi; "no hay personas de derechas buenas", tampoco de izquierdas; "se debería prohibir tal partido"; "esa persona es una charo"; "si vota a la izquierda es porque vive del cuento"...
La democracia no es eso. Si consideramos que todo aquel que no es como nosotros es malo, quizás deberíamos plantearnos si realmente somos demócratas.
No me puedo imaginar qué pensarían aquellos políticos de la Transición, mentes privilegiadas que tenían como objetivo principal buscar el bien común, sobre la situación actual. La división política ha alcanzado niveles preocupantes, llegando a afectar a todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.
Ahora más que nunca, deberíamos volver al ejemplo de aquellos que, después de una guerra civil y una dictadura, supieron alcanzar acuerdos en busca del bien común, sin renunciar a sus ideas, por muy opuestas que fuesen.
En poco tiempo, iremos a las urnas, y debemos ir preparados, convencidos de lo que vamos a votar, no por comentarios en la calle o con amigos, sino por principios y, sobre todo, después de haber leído las opciones de cada uno y saber lo que queremos para nuestro país.
Votemos a quien nos parezca mejor para el futuro de nuestra nación, pero hagámoslo con responsabilidad, criterio propio y respeto hacia quienes piensen diferente.

Vaamonde Rodríguez, Jacobo
Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los
autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora