El fin de semana del 26-27 de septiembre se ha celebrado la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol se ha concretado en la organización desde la Vicaría para la Caridad de un ENCUENTRO CON MIGRANTES Y REFUGIADOS. Bajo el lema "Juntos construimos un mundo más humano" y dedicada este año a los menores migrantes ("incluso uno solo de estos pequeños...") ha reunido

a personas procedentes de cuatro continentes y que actualmente viven en la diócesis.
Desde el Consejo diocesano de Pastoral Penitenciaria de Mondoñedo-Ferrol hemos tenido la oportunidad de colaborar organizando un taller cuyo objetivo era dar a conocer el sentido y contenidos de esta acción pastoral.
El arte de "dar a luz" (la madre de Sócrates era "partera"), mediante el que el docente o guía ayuda a que las personas descubran las respuestas por sí mismas utilizando sus propios recursos internos, define el método socrático o mayéutica.
A partir de una dinámica centrada en tratar de que las personas presentes imaginaran las necesidades que tendrían si estuvieran internas en prisión, en situación de privación de libertad («Si yo estuviera allí...»), en diferentes situaciones personales y familiares y en distintos momentos del proceso de cumplimiento de penas (¿qué necesitaría yo en esta situación?), se fueron recogiendo las aportaciones personales. La distribución de estas aportaciones en tres apartados, necesidades humanas, sociales o espirituales, permitió organizar la información obtenida (ver imagen). Así fueron surgiendo necesidades como la escucha, el afecto, el apoyo psicológico, el apoyo a las familias de los internos, acciones para ayudar a recuperar la confianza y la dignidad personal, orientaciones para facilitar la integración, ayuda para preparar la salida de prisión, para búsqueda de vivienda y trabajo, el apoyo espiritual y creencial a los que lo demanden
, apareciendo varias veces el TENER ESPERANZA entre las necesidades a recuperar.
Las personas que hicimos de guía en este proceso comunicativo recordamos al final que la Pastoral Penitenciaria no se olvida de las víctimas y que trabaja por la justicia social (cuya ausencia o limitaciones están en el origen de empujar a algunas personas a delinquir). De esta manera hicimos conscientes a los participantes que tanto el trabajo por la justicia social como toda labor personal (profesional o como voluntario) con el objetivo de disminuir las necesidades esenciales de las personas (y en este encuentro resaltamos especialmente las de migrantes y refugiados) constituyen de alguna manera acciones de pastoral penitenciaria en el ámbito de la precárcel, de la prevención de delitos.
Así mediante el método socrático, entre todos, mayoritariamente mujeres, fueron construyendo aquello que pretende aportar la pastoral penitenciaria, con el valor añadido de ser aportaciones desde múltiples nacionalidades y desarrollos culturales y geográficos. Como resumen nos quedamos con esa función esencial de la pastoral de ACOMPAÑAR y crear una RED SOCIAL de apoyo y el objetivo de CAMBIAR LA MIRADA sobre la realidad de las personas en prisión y sobre el antes y después de la situación de privación de libertad.