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Amistad o interés?

Méndez, Ricardo S. - jueves, 01 de octubre de 2026
Podemos comenzar por preguntarnos: "Es amigo, el que está a nuestro lado y podemos ofrecerle algo que le interesa; o es aquél que, pese a no ofrecerle nada, permanece?

Porque, la amistad verdadera, se conforma de una serie de ingredientes: aceptación pese a la apariencia externa: guapo, feo, obeso, delgado -incluso, descuidado en su aspecto o imagen-, pero también confianza, reciprocidad, lealtad, sinceridad, libertad, alegría por los triunfos del otro, respeto y consideración a la hora de tenerte en cuenta, etc.

La verdadera amistad, no se pregunta: ¿Qué puedo obtener de ti?, sino: ¿Qué puedo ofrecerte?

La amistad por interés, se reconoce cuando ha desaparecido aquello que alimentaba la relación: dinero, influencia, contactos, compañía, ayuda, posición social, diversión, colaboración...

La verdad es que muchas veces desaparece, cuando dejamos de ser útiles…

O sea, el otro, se interesa más por lo que le aportamos, que por lo que somos. Si nos adulan, quizá sea -no siempre-, porque esperan de nosotros algún beneficio. Y, si ponemos límites, esa correspondencia, se enfría o desaparece.

Vemos entonces que, pasa a convertirse en un medio para conseguir algo...

En resumen, podremos catalogar la cuestión que nos ocupa, en dos apartados generalistas:

Amistad verdadera: Te valora por ser quien eres. No se preocupa por lo que le das, sino por lo que él entrega. Se alegra de tus éxitos. Te dice lo que siente por tu bien, pero sin ofenderte. No espera nada a cambio de lo que tú le das...

Amistad interesada: Te valora y estima por lo que tú aportas. Te abandona cuando ve que ya no puedes aportarle nada. Busca utilizarte, siempre que te necesita. Fiscaliza lo que tú aportas a la amistad. Si destacas, puede aparecer la envidia. Te dice lo que te gusta oír, para pedirte algo a cambio.

Ahora bien, desde una perspectiva de un mayor "nivel de conciencia", habrá que tener en cuenta que a nuestras vidas, llegan personas para enseñarnos algo, sin pensar que nunca nos van a fallar, porque al fin, somos humanos y todos nos equivocamos; pero que pese a seguir viendo nuestros éxitos, desencantos y errores, decidan permanecer acompañándonos...

Realmente, un amigo, es aquél delante del cual, podemos mostrarnos tal como somos; sin necesidad de utilizar ninguna máscara que el "ego" pretende utilizar, ocultando nuestra verdadera "sombra" o "doble", como bien nos comentaba Rudolf Steiner en su conferencia "El misterio del doble".

No hay duda; todos necesitamos de los demás. Por eso, nuestros amigos nos conocerán en la prosperidad y, nosotros los conoceremos a ellos en nuestra adversidad...

Sin embargo, no todo interés es falso, porque al fin, casi siempre hay un mutuo interés: Uno, recibe cariño, el otro, compañía. Uno, escucha, el otro, también. Uno ayuda, el otro devuelve socorro o protección. Aquí entonces, existe una correspondencia, no una dependencia.

¿Puedo por lo tanto, alegrarme del éxito de mi amigo, aunque yo no lo haya conseguido?

Además, el hecho de que una amistad se rompa, no tiene por qué ser un fracaso. De toda experiencia, siempre sacamos provecho de un signo o de otro. Una oportunidad para aprender, cambiar de rumbo y crecer.

Al fin, preguntémonos: ¿Estoy, cuando me necesitan? ¿Me alegro de los éxitos de mi amigo? ¿Respeto sus decisiones? ¿Soy capaz de perdonar? ¿Soy capaz de pedir perdón? ¿Permanezco en las duras y en las maduras?

Si tus respuestas son afirmativas, no cabe duda de que serás un buen amigo...
Méndez, Ricardo S.
Méndez, Ricardo S.


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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