Sociedad Indolente
Timiraos, Ricardo - jueves, 24 de septiembre de 2026
A mis amigos de la Residencia Betania de Viveiro, porque, a falta de visitas, al menos un abrazo de recuerdo.
Algunos nos preguntamos muchas veces qué es lo que le pasa a la sociedad ya que la encontramos crispada, hastiada del trato de la instituciones, con dirigentes poco fiables, cuando no ladrones-Decía Platón que "el precio de desinteresarnos por la política es ser gobernados por los peores"- con leyes poco eficaces, no porque sean malas, sino porque no se aplican como debieran... Y con la espada de Damocles amenazante dispuesta a retrotraernos a tiempos que ya hemos sufrido. La insolente ignorancia, la osada barbarie, las más procaces ideas de nazismo o fascismo se extienden como la pólvora aplaudidas por turbas de gentes que ni siquiera son conscientes donde se meten.
Que la democracia tiene defectos resulta evidente, pero para consolidarla, ya que se encuentra seriamente amenazada, es preciso y urgente preparar a las nuevas generaciones en sus valores y eso pasa por la educación cívica. Es preciso que en escuelas e institutos se hable de ella y se compare con otros sistemas. Urge también para saber convivir en libertad, trabajando por la igualdad, respetando el pluralismo, ser calmado y sensato para la tolerancia, mejorar la justicia y acatar la legalidad vigente. Evidentemente, eso pasa por el respeto de los derechos humanos.
Ante este panorama, es preciso que esta sociedad abúlica, pasota, derrotada no se sabe de qué, hastiada e indolente ante cualquier situación, si quiere mejorar, debiera con su compromiso implicarse y dar ejemplo abandonando esa postura derrotista que nada aporta al futuro de la juventud. Un buen camino podía comenzar por la lectura.
Lo que si percibo, en cambio, en esta gente, y con claridad meridiana, ante cualquier tema de nuestra cotidianidad, es el despelleje, la mordacidad, los sarcasmos, la mala baba con que se divierten las buenas personas, cuya única actividad es despotricar contra el gobierno, el alcalde o el vecino que destaca en cualquier faceta. Quizás no han descubierto que la envidia es un bumerán que solo hace sufrir al envidioso. La vida es una huerta donde cada cual cosecha lo que siembra. Si sólo vivimos pensando en nosotros mismos, es posible que nos encontremos fracasados. El egoísmo sólo produce dinero y ese señor es casquivano y mal amigo. Ese pesimismo tan nuestro no es un mal genético, sino una postura excesivamente cómoda que no esconde la realidad. Es un trampantojo del egoísmo.¿A quién quieren engañar con que son celtas valerosos? Sólo son aquellos anfibios recolectores de bivalvos, que sobreviven en el Finis terrae.
Absorbida la clase trabajadora por las ciudades, los pueblos se han convertido en geriátricos donde la mayoría de los jubilados temen por la pensión. Negarse a ver sus avatares es practicar la política del avestruz. Agoreros hay, pero ilusos también. Entre tanto, estamos sumergimos en la atmósfera de la irreflexión, del vaciado metal, del nuevo dios faceboock y otras redes sociales. El consumismo desaforado,.. y con esos indolente ejemplares de guías de sus nietos ¿ qué historias les van a contar? ¡ Qué lástima! .
Pero el artículo de hoy era para recordar, a quien quiera enterarse, que no vivimos solos, y nuestro pueblo se cae a jirones. Y lo vemos, lo miramos y hasta lo negamos para no salir de nuestro estado de confort. No hay mejor ciego que el que no quiere ver, ni sordo que quien no quiere oír. Me van a perdonar, pero no me imaginaba tal estado de desidia, pasotismo, indiferencia, indolencia y falsa resignación cristiana... ante este grave declive. Casi nadie se moviliza por nada y, de repente, surge un clamor inusitado por Ceuta, que dicho sea con todo mi respeto, tiene muchísima menor influencia en nuestro vivir diario que la falta de médicos en el ambulatorio. Todavía mucha gente no sabe que la ideología produce ceguera mental.
Nadie se moviliza por nada, aunque las grandes urbes vayan absorviendo la juventud. Pensaba que debiéramos revertir la situación. Es insotenible el pensar que las pensiones serán la salvación en una sociedad y no todo el mundo disfruta de una vida cómoda. Pero parecemos caminar sólo por el sendero del dinero y el bienestar personal sin preocuparnos lo más mínimo del bienestar colectivo. Hemos llegado a un punrto de indolencia que los problemas, aunque también sean nuestros, los queremos ver ajenos y no parecen afectarnos. Y así es muy difícil encontrar a personas solidarias que se impliquen en cualquier empresa de beneficio colectivo. Vivimos como seres inertes, apáticos, desidiosos, pasivos... y nada parece afectarnos, porque sólo pensamos en nuestra comodidad y nuestra cartera.
Y lo peor no es sólo que seamos así, sino que eduquemos a nuesttros hijos adorando a ese maldito dios que es el becerro de oro. Huyo de la gente que vive obsesionada con el vil metal para después despilfarrarlo en situaciones absurdas y jocosas. Hemos perdido el norte de la vida en esa carrera de ser el más rico y guapo sin dedicar un minuto a la reflexión, porque pensar ni está de moda, ni ofrece dividendos. Y pensar, al menos un poquito, nos podía hacer ver, inmersos en esa vorágine, hasta que punto somos esclavos de nuestro sistema de vida. Consumo desafoirado, vanidad... olvidan virtudes que, en tiempos más duros en todos los aspectos, adornaban a las personas y que, además de servir de ejemplo, le daban sentido a nuestras vidas. La humildad, el trabajo altruista, la compasión con el necesitado, el respeto mutuo, la prudencia, la generosidad... se han trocado en insolente soberbia y vanidad, huida de responsabilidades, desprecio del pobre, agresividad física y verbal, vulgaridad y osada ignorancia, egoísmo atroz... Y así podríamos continuar con una retahíla de virtudes perdidas víctimas de la sociedad del confort y la complacencia. Así acabó Roma.

Timiraos, Ricardo