Una chimenea símbolo del cambio
Mosquera Mata, Pablo A. - martes, 22 de septiembre de 2026
Hace años cuando desde el Castelo en la carretera general entre Ribadeo y Viveiro, me disponía para alcanzar el puerto isla de la Atalaya en San Ciprián, en la altura del templo Santa María de Lieiro, vislumbraba en el norte el archipiélago de los FARALLONES, un símbolo que muestra a las claras que vivo en un conjunto de islas Cantábricas que dan fe sobre nuestro mar de cultura. Pero volviendo al recorrido. En el punto de observación con el templo a mi derecha, se alza una gigantesca chimenea con cuatro inmensas bocas que desprenden un humo negro casi imperceptible para la vista humana. Por ahí vierte el proceso fabril de transformar bauxita en aluminio a costa de flúor en polvo rojizo, cadmio que no se ve pero se respira, sosa caústica y CO2, que conforman una mezcla explosiva para nuestra salud y que a buen seguro incrementa el riesgo a padecer cáncer.
Si llego hasta el nuevo centro social que dicen los modernos se encuentra en la plaza de los Campos, antes puerto de las Reales Fábricas de Sargadelos, me encuentro con gentes alienadas con sus móviles, hablando del último programa en tele cinco, o de los turnos en la sección de electrolisis en ALCOA. No escucharás a nadie al menos como está la mar para salir a pescar, o de dónde viene el viento para advertir la climatología que nos espera. Tampoco son conscientes tales "empoderados obreros" de la ausencia naval. No hay cargueros en el horizonte a la espera de entrar en el puerto de la factoría. Y es que tales ausencias son consecuentes con el mercado y las pérdidas que amenazan constantemente el futuro del empelo industrial y que debería evitar que a los sindicalistas liberados les engañaran o se dejaran engañar por la patronal multinacional que nos contamina, nos destruye como sociedad galaico marinea y nos deja desarmados al no disponer los más jóvenes del correspondiente reciclaje que debería ser el plan B a la pérdida del empleo fabril. ¿ O es que la estupidez humanoide les lleva a pensar que siempre van a tener nómina de Alcoa o incluso que lograrán nacionalizar y ser funcionarios como en su día pertenecieron al INI ?.
Si llego al muelle construido en 1939 y ampliado cuando ya no había flota de bajura, descubro: como van destruyendo las casas propias de la arquitectura tradicional. Cómo el espigón que nadie sabe cuál es su razón de ser en la actualidad se ha ido cargando la playa que ahora denominan del TORNO, antes La Concha, y que está partida por un montículo de rocas consecuencia de la desaparición progresiva del arenal blanco y brillante que fue. En la zona de las casetas y con un chiringuito al estilo de la actual hostelería podemos ver, escuchar y señalar a los nuevos bañistas que lucen postureo jubilar o consumidor de cervezas en imagen de poderío entre ocio y consumo hortera con pretensiones. Nadie recuerda o reivindica ese mar de cultura aunque sólo fuera para la práctica del deporte náutico, como nadie se acuerda de aquella lonja que vendía pescado y mariscos que fueron santo y seña del "turismo sanciprianés".
Y ya que he nombrado a la hostelería. Es la única actividad económica que representa a la antigua industria que así pagaba tasas municipales. No sólo han acabado con el comercio tradicional, no sólo han acabado con aquellos colmados, y ahora sufrimos las inclemencias de una especie de mercado-economato dónde el trato de las empleadas suele ser entre vejatorio y chulesco con colas en las cajas desatendidas y dónde la obligación de llenar las bolsas era misión de las empleadas que ahora sólo cobran, es que la disposición cambiante de los productos conducen a la pérdida de tiempo por búsqueda en las estanterías. Motivo que nos lleva a desplazarnos a Burela dónde la marca EROSKI funciona de otra manera y sobreviven los pequeños comercios.
Pero me quiero parar en la hostelería. Cualquier parecido con el pasado mera coincidencia. Cualquier gaznápiro que no sirve para otro menester se coloca como dueño o empleado de confianza en uno de estos establecimientos tipo bar dónde las terrazas comenzaron en pandemia y ahora son ocupación ruidosa del espacio peatonal. Malo el servicio. Peor las tradicionales tapas que como dice un imbécil berciano no debemos olvidar forman parte de una graciosa donación para clientes señalados como habituales, ignorando la tradición de tal suministro al usuario que además debe soportar poca limpieza y menos atención profesional de esa banda que viven del tardeo o de ciertas noches juveniles en las que descorchan el garrafón. ¡Ah, y el nivel intelectual de los nuevos dueños para los negocios es comparado con aquellos sénecas de antaño como comparar los espárragos con los puerros.
El último ataque a la convivencia entre pasado y presente. A la entrada al pueblo antes puerto había y hay dos esqueletos de la burbuja inmobiliaria. En el 2021 el ayuntamiento obtuvo autorización para derribar su feísmo. No sólo no lo hizo. Ahora sabemos que ha dado licencia de construcción en los mismos elementos afectados por el salitre de veinte años para construir ciento treinta viviendas que ya están a la venta en plano. No sólo es una maniobra torticera, es que resulta una amenaza de incapacidad para absorber tal crecimiento poblacional con la grave sospecha de no saber a dónde van a verter sus aguas negras que mucho nos tememos terminen en alguna zona marítima al estilo de lo que en su día pasó con los poblados de LA FACTORIA ALUMINERA.
A la sensación de cambio climático. A la observación de nuestra incapacidad para asumir la nueva oleada del denominado turismo norteño. A la falta de preparación de nuestro jóvenes por fracaso de la enseñanza que a buen seguro repercute en el comportamiento de las nuevas generaciones. Al comportamiento pleno de gandulería de los liberados sindicales. Al aumento de las personas que en vez de trabajar son perceptores de ayudas estatales. Al aumento brutal del absentismo laboral. A todas estas desgracias, nosotros los de este pueblo preñado de patrimonio histórico, ecológico, costumbrista, trabajador, tenemos que añadir ser un poblado dormitorio para una factoría que nos está hundiendo nuestros derechos a la salud y al orgullo de vivir como gallegos.

Mosquera Mata, Pablo A.
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