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Kazajistán ante una nueva etapa constitucional: poder, sucesión y nuevo Kurultai

Uriarte, Carlos - lunes, 14 de septiembre de 2026
Las elecciones parlamentarias celebradas el pasado 23 de agosto en Kazajistán han representado mucho más que una nueva convocatoria electoral. Han constituido el primer gran test político de la nueva Constitución y el comienzo de una nueva etapa en la arquitectura institucional del país.

El resultado electoral, la constitución del nuevo Parlamento, la continuidad de Olzhas Bektenov al frente del Gobierno y, sobre todo, el nombramiento de Erlan Karin como vicepresidente configuran un nuevo escenario que merece ser analizado en conjunto. Kazajistán ante una nueva etapa constitucional: poder, sucesión y nuevo Kurultai No estamos solamente ante una renovación parlamentaria, sino ante una profunda reorganización del sistema de poder kazajo.

En el corazón de Asia Central, entre Rusia, China y Europa, Kazajistán trata de conjugar estabilidad política, modernización institucional y autonomía estratégica. La cuestión esencial será determinar si esta nueva arquitectura constitucional consigue transformar la estabilidad política en fortaleza institucional o si, por el contrario, termina reforzando la concentración del poder en torno a la Presidencia.

Una nueva arquitectura constitucional
La nueva Constitución, aprobada mediante referéndum en marzo y entrada en vigor el 1 de julio de 2026, ha introducido cambios sustanciales. Entre ellos destaca la sustitución del anterior Parlamento bicameral por un Parlamento unicameral, el Kurultai, integrado por 145 diputados.

Las elecciones de agosto han permitido elegir, por tanto, la primera legislatura de esta nueva institución. El partido Adilet obtuvo el 71,17 % de los votos, mientras que la participación alcanzó el 74,08 %. El resultado proporciona al presidente Kassym-Jomart Tokáyev una posición política extraordinariamente sólida.
Sin embargo, desde una perspectiva de Derecho constitucional, la cuestión fundamental no es únicamente quién tiene la mayoría, sino cómo funcionará el nuevo sistema de equilibrios entre la Presidencia, el Gobierno, el Kurultai y los restantes órganos constitucionales.
Kazajistán ante una nueva etapa constitucional: poder, sucesión y nuevo Kurultai
Una democracia constitucional no se define exclusivamente por la celebración de elecciones. Estas son una condición necesaria, pero no suficiente. El Estado de Derecho exige también pluralismo efectivo, separación de poderes, independencia judicial, libertad de expresión y capacidad real del Parlamento para controlar al Ejecutivo.

La observación internacional será, por ello, especialmente relevante. Las conclusiones de los observadores internacionales deben servir para distinguir entre una modernización institucional formal y una auténtica consolidación democrática.

El regreso de la vicepresidencia
Uno de los cambios más significativos de la nueva Constitución ha sido la recuperación de la figura del vicepresidente, desaparecida desde los años noventa.

El 31 de agosto esta nueva institución adquirió nombre propio: Erlan Karin.

Karin no fue elegido directamente por los ciudadanos. Fue propuesto por el presidente Tokáyev y posteriormente aprobado por el Kurultai, con 141 votos favorables de sus 145 miembros. Después, el presidente formalizó su nombramiento.

La fórmula tiene especial interés desde el punto de vista constitucional: la iniciativa corresponde al presidente, pero requiere el respaldo parlamentario. En la práctica, la decisión refleja el nuevo equilibrio institucional, aunque también la extraordinaria mayoría de la que dispone el entorno presidencial.

La persona elegida tampoco es políticamente neutral. Karin es una de las figuras más próximas a Tokáyev y ha participado durante años en la formulación y desarrollo de su proyecto político, incluida la idea de la «Nueva Kazajistán».

Su nombramiento, por tanto, debe interpretarse como una decisión de evidente importancia política.

¿Una preparación de la sucesión?
La vicepresidencia adquiere además una dimensión especialmente relevante porque Karin se sitúa en la primera posición para asumir las funciones presidenciales en caso de producirse una vacante antes de la celebración de nuevas elecciones.

Esto no significa que Karin sea necesariamente el futuro sucesor de Tokáyev. Pero sí significa que una persona de máxima confianza del presidente ocupa ahora una posición constitucional privilegiada ante una eventual transición.

La cuestión resulta todavía más interesante porque la nueva Constitución abre la posibilidad de que Tokáyev pueda presentarse nuevamente en 2029 para un mandato presidencial de siete años.

Tokáyev no está, por tanto, diseñando necesariamente su retirada. Más bien parece estar configurando el marco institucional dentro del cual se desarrollará la próxima etapa del Estado kazajo.

Continuidad en el Gobierno
El mismo 31 de agosto, el Kurultai aprobó la continuidad de Olzhas Bektenov como primer ministro. Bektenov ocupa el cargo desde febrero de 2024 y ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el entorno de la Administración Presidencial.
Tras la constitución del nuevo Parlamento, el Gobierno presentó formalmente su dimisión y Tokáyev volvió a proponer a Bektenov, cuya candidatura obtuvo 137 votos.
El mensaje es claro: mientras cambia profundamente la arquitectura constitucional, existe una importante continuidad en la dirección del Ejecutivo.
Así, la nueva cúpula política queda articulada en torno a tres figuras estrechamente vinculadas al actual proyecto presidencial: Tokáyev en la Presidencia, Karin en la vicepresidencia y Bektenov al frente del Gobierno.

La dimensión geopolítica
No podemos analizar estos acontecimientos sin tener presente la posición excepcional de Kazajistán. Es el Estado territorialmente más extenso de Asia Central, posee importantes recursos energéticos y minerales y ocupa una posición estratégica entre Europa y Asia.

La guerra de Ucrania ha incrementado todavía más su relevancia. Astana debe preservar sus vínculos históricos con Rusia, profundizar su relación con China y, simultáneamente, desarrollar sus relaciones con la Unión Europea y Occidente.

Esta política exterior multivectorial constituye uno de los principales instrumentos de autonomía estratégica de Kazajistán.

Para Europa, el país representa un socio de creciente importancia en materia energética, materias primas críticas, infraestructuras y nuevas rutas comerciales euroasiáticas. Pero una relación verdaderamente estratégica no puede limitarse a la economía. Debe incorporar también una dimensión política basada en el Estado de Derecho, la seguridad jurídica y el respeto de los principios fundamentales de la democracia constitucional.

El verdadero desafío
Kazajistán dispone de un activo fundamental: la estabilidad. Pero estabilidad y Estado de Derecho no son conceptos contrapuestos. Una estabilidad verdaderamente duradera requiere instituciones previsibles, derechos garantizados, seguridad jurídica y mecanismos efectivos de rendición de cuentas.

El nuevo Kurultai tendrá aquí una responsabilidad decisiva. Su legitimidad no dependerá únicamente de las mayorías obtenidas, sino de su capacidad para legislar, deliberar, representar y controlar.

Las últimas semanas han concentrado cambios de enorme trascendencia: nueva Constitución, nuevo Parlamento, recuperación de la vicepresidencia y continuidad del Gobierno.

Tokáyev sale políticamente reforzado. El desafío será demostrar que esa fortaleza política puede convertirse en fortaleza institucional y no simplemente en concentración del poder.
Kazajistán se encuentra ante una oportunidad histórica. Su posición geográfica, sus recursos y su diplomacia multivectorial le permiten desempeñar un papel creciente en Eurasia. Pero el éxito de la reforma constitucional no se medirá solamente por la eficacia del nuevo sistema, sino por su capacidad para generar confianza ciudadana y garantizar un auténtico equilibrio de poderes.

Para Europa, acompañar y observar este proceso con interés, respeto y exigencia constituye no solo una responsabilidad política, sino también una oportunidad estratégica.
Porque comprender el nuevo Kazajistán significa también comprender una parte del futuro de Eurasia y, en buena medida, de la propia Europa.

Por Carlos Uriarte Sánchez, presidente de Paneuropa España, profesor de Derecho en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y de la Sociedad de Estudios Internacionales (SEI).
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