El Dicionario da Real Academia Galega, que fija la norma del léxico gallego, guarda bajo una sola entrada las dos vidas de la palabra casino.
Primero define el establecimiento donde se reúne una asociación de personas para actividades de ocio como el baile, el juego o la lectura.
Después, ya en segundo lugar, el establecimiento autorizado dedicado a los juegos de azar.
Esa segunda acepción designa hoy un ocio de pago, sujeto a verificación de edad, a límites de depósito y a la autoexclusión de quien decida apartarse.
Ese orden no es indiferente.
En Galicia, la primera acepción es la que da nombre a edificios como los de Ferrol, Lugo y Pontevedra.
Las fechas de la primera acepción y la pantalla de la segunda
La sociedad ferrolana se fundó en 1850 con un nombre de otra época, La Tertulia de Confianza, y no adoptó el de Casino Ferrolano hasta 1907. Su junta directiva encargó el proyecto al arquitecto Rodolfo Ucha y dejó en manos de Bescansa las obras en hormigón armado, que hicieron de aquel el primer inmueble de la ciudad construido con ese material. La inauguración llegó el 1 de octubre de 1925, en el barrio de A Magdalena. Al día siguiente, según recoge el Diario de Ferrol en su crónica del centenario, El Correo Gallego lo llevaba a cinco columnas y lo proclamaba el más elegante de España entre los edificios de su clase.
La sociedad lucense conserva la fecha exacta de su fundación. El 29 de agosto de 1855, por iniciativa de cerca de medio centenar de lucenses, se constituyó en la ciudad el Circo-recreo de Artistas, Comerciantes y Curiales; días después, el 2 de septiembre, la sociedad pasó a llamarse Círculo de las Artes y arrancaba con cien socios, según la reseña histórica de la propia entidad. Para el edificio actual, el encargo llegó el 16 de octubre de 1895 al arquitecto Luis Bellido, y la Xunta lo fecha en 1898. Pontevedra empezó también en 1855, entonces como Liceo Artístico Literario, según la historia que publica la sociedad; su sede, obra de Domingo Lareu, se inauguró el 2 de agosto de 1878, y en el acta de 1864 aparece por primera vez el nombre que conserva hoy.
Donde antes hubo un salón con portero y con horario, ahora hay una sesión que se abre y se cierra a cualquier hora, de modo que la segunda acepción vive hoy también en una pantalla. Los juegos de azar autorizados que nombra esa acepción son los mismos a los que juega quien
visita este casino. Nada de ello altera lo que estas tres ciudades oyen cuando alguien pronuncia la palabra: una casa con escalera, sala de lectura y junta directiva.
Edificios que hoy se cuidan como patrimonio
Aquellas casas dejaron de ser hace tiempo un asunto privado de sus socios. El inmueble ferrolano figura en el catálogo turístico de la Xunta como edificio singular obra de Rodolfo Ucha Piñeiro, realizado en el primer tercio del siglo XX y de estilo ecléctico entre el modernismo y el funcionalismo. En Pontevedra, un incendio arrasó la sede el 14 de abril de 1980 y solo quedaron en pie los muros maestros de piedra; el esfuerzo colectivo de los socios permitió su reconstrucción y el edificio volvió a inaugurarse el 15 de junio de 1983. Para el de Lugo, según
una nota de prensa de la Xunta de mayo de 2024, se comprometieron 200.000 euros en obras de mantenimiento, 100.000 en aquel ejercicio y otros 100.000 para 2025, sobre un inmueble al que ese mismo texto atribuye carácter histórico.
Pontevedra ha seguido celebrando sus fechas. El sábado 8 de agosto de 2026, las instalaciones que la sociedad tiene en A Caeira acogieron la Cena-Baile de Gala de la Peregrina, una de las citas más señaladas de su calendario anual, con su tradicional puesta de largo; solo en la cena participaron medio millar de comensales, según la crónica que publicó Pontevedra Viva a la mañana siguiente. De esa vida de salón y de barra se ocupan también las columnas de este portal, entre ellas
la dedicada a lo que se aprende al otro lado de la bandeja.
Lo que esas casas siguen siendo
Ninguna de las tres vive de su pasado. Siguen siendo la sede donde una ciudad mediana celebra sus fechas y guarda sus papeles, y por eso la conservación de algunas de ellas ha llegado ya a las partidas presupuestarias y a los catálogos de la Xunta. La acepción
que el diccionario gallego coloca por delante no describe un recuerdo: describe un salón con calefacción y una junta que convoca. Mientras esas puertas sigan abriéndose, el significado más antiguo de la palabra tiene en Ferrol, en Lugo y en Pontevedra una dirección postal concreta.