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Sembradores de Sueños

Timiraos, Ricardo - jueves, 27 de agosto de 2026
A Delia Russo, mi fiel lectora, in memoriam.

Los que nos subimos a la palestra de los periódicos acostumbramos a pensar que nuestras ideas van ayudar a mejorar la sociedad. Y para ello, tratamos de tirar del carro de la vida sembrando palabras, como hacen los músicos con sus notas o los pintores con sus pinceles. Lo nuestro también es crear esperanzas, aunque eso implique incomprensión y desgaste personal. Somos soñadores y, por más bofetadas que nos regale el esfuerzo, seguimos insistiendo. Incluso, cuando el cansancio y la experiencia nos agotan, buscamos nuevos retos, aunque vayamos a contracorriente y crezca el número de detractores. Cierto es que nos exponemos a ser dianas de críticas y toda esa extensa lista de descalificaciones; pero los dolores curten y tratan de acorazar, a sabiendas muchas veces de las mezquindades ajenas. Porque, como cantan en la misa: "al final de la vida nos examinarán de amor" y esa es una asignatura que uno trata de aprobar. Lo demás es efímera morralla,
Cuando llevamos más de sesenta años en estos menesteres regando el desierto con nuestras lágrimas para buscar el Santo Grial del bien común, debe ser lícito pensar que la siembra haya dado al menos algo de cosecha; pero, sin complacernos en los halagos, conviene seguir sembrando palabras, que han de ser frutos de la razón en esa lucha por un mundo más justo e igualitario. Sólo la enfermedad o la censura podrán callarnos. Y recuerde el lector que todavía existe la ley Mordaza que nos coarta.
Pero tamta lucha ¿cuántos enemigos nos ha costado? Porque nuestras críticas, que siempre buscan mejorar la sociedad, no siempre son aceptadas y cobran peaje. Se pierden posibles simpatías, huyen los que creías amigos, detectas traiciones, descubres miserias, ves como falsean tu curriculum, sin embargo, no logran doblegarte. La vida no para y sortea charcos, piedras y espinas y cada día el sendero es más angosto porque viajas a la selva de la soledad, a donde uno se dirige con el GPS y la ayuda de los fieles amigos. Allí está la pagoga como el gran templo de tu verdad. Y ese lugar es un remanso de paz, paraíso de los dioses, reservado para tu descanso.
Y en ese contexto resulta una obviedad decir que todos tenemos ideolgía como reflejan los escritos. En mi caso doy caña a todo aquello que considero falso. Mi Dios anda con Benedetti cuando dice que, si existe, no se sentirá ofendido por la duda y yo manifiesto que mi inteligencia es incapaz de descubrirlo. Creo que, de existir, no juega con nosotros ni en ningún equipo. Me parece que todas las religiones son calmantes para la deseseperación humana. De lo que estoy seguro es que huye del poder del dinero y el boato de las procesiones y, si alguna vez se asomó a nosotros, lo hizo en forma de mendigo. Me asquea el buenismo que compra el dinero, la estúpida vanidad de los altivos, la parafernalia de la ostentación y, sobre todo, el vacío mental de mis coetáneos. Me duele vivir sumergido en un mundo de zombis, inertes, pusilánimes, apáticos, derrotados de mil batallas en las que no lucharon. Estoy rodeado de falacia, superficialidad y espumillón de toda índole, desde la pretendida pose cultural, hasta el amago de otentación más sibilina. Me asusta la soberbia displicente del rico, la vanidad tan absurda tan propia de los escaladores de las clases sociales. Me traen sin cuidado éstas y dejo para ellos las claificaciones y los indultos. Todo eso lo ataco y soy reiterativo. Me opongo, consciente de mi insignificancia, con toda la fuerza posible a esta sociedad apática y cómoda que permite la injusticia social que conlleva ese Capitalismo depredador que cada día crea más esclavos. Si, detesto a esta bestia inhumana, que es el becerro de oro al que adoran turbas de indolentes más pendiente de su egoismo que del bienestar de los demás. Y mis "demás" están en Gaza, Ucrania y cualquier otro lugar donde las armas imponen la fuerza, que jamás vencerá a las palabras. Si, mi Dios también viaja en cayuco y sirve de comunión a los peces en el fondo del mar. Me insultan los desmemoriados que no recuerdan sus penurias en la emigración y se vuelven racistas contra aquellos que hoy son lo que fueron ellos. Asqueo también a esos judíos neo-nazis que olvidaron tan pronto los dolores de sus abuelos. Me gusta la Historia sabiendo que Franco fue un dictador y no edulcoro los tiempos pasados como mejores, porque en mi opinión fueron peores. Huyo de los profetas, libertadores políticos y toda esa retahíla de ignorantes descerebrados y demagogos de la política y las redes sociales. Me preocupa esta juventud a la que en teoría hemos formado y, sin embargo, a la que negamos las posibilidades de desarrollarse como personas, ya se con su explotación laboral, ya con su derecho al acceso a la vivienda, ya en otros aspectos como una verdadera formación cívica y política. Sufro con la desidia, la indiferencia, el pasotismo, el egoísmo tan exacerbado y personalista- "ande yo caliente..." en que vivimos-. Yo lucho por un mundo que acabe con la esclavitud y no permita renovarla. Lucho por los servicios sociales, que están desmantelando los clasistas y contra todas aquellas abejas que pululan por el panal de rica miel que es el erario público. Por cierto, no entenderé nunca la ley que permite a los golfos defraudar o tener deudas con Hcienda. No abandonaré jamás a los niños a los que tratan de hacinar y negar el sustento los miserables responsables de su cuidado. Ellos siempre serán mi prioridad educativa y seguiré combatiendo por tanto la educación clasista que no los educa observando la realidad con objetividad.
Si la vida son los ríos que van a desembocar a la mar, es necesario que en el barquito de papel de los sueños, llevemos también la conciencia lavada de nuestros errores e imperfecciones, porque siendo hombres de barro, no estamos exentos de defectos. La humildad siempre es una virtud y nunca nos sobra. Que la siembra sea fructifera sigue siendo mi sueño.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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