¡Rebelión na Prisión da Coruña!
Rivero, Manuel - jueves, 03 de septiembre de 2026
Arriscado desafío de Mamede Casanova
O vello cárcere da Audiencia na Coruña foi escenario dun dos motíns máis significativos da súa historia. Esta crónica relata o heroísmo de Mamede Casanova, o aguerrido mozo das Grañas do Sor, quen logrou esnaquizar as súas cadeas e cuestionar a conduta das autoridades da prisión da Audiencia, que ocupaba un edificio inmundo e decadente da rúa do Parrote.
Esta crónica rescatada da hemeroteca de La Voz de Galicia, complementa a anterior información das hemerotecas dos diarios madrileños, ademais de engadir información de gran interese que nos vai axudando a completar o quebracabezas da triste historia de vida de Mamede Casanova, coñecido por o alcume de Toribio.
"OTRA VEZ TORIBIO - UN PLANTE DE PRESOS - ESCENAS DE ROCAMBOLE"
Los primeros rumores
Ocurrió ayer en la cárcel, en la vieja y repulsiva cárcel de Audiencia, que carece de las más elementales condiciones que requieren los establecimientos penitenciarios, un grave suceso, que no tardó en divulgarse por el pueblo, aunque incompleto, desfigurado por la fantasía popular.
Bastó que en él hubiese tomado parte el tristemente célebre Mamed Casanova, alias Toribio, para que la curiosidad pública se excitase sobremanera y se echasen a volar las más inverosímiles noticias. Grave fue lo ocurrido ayer en aquel establecimiento y tuvo verdadero carácter de heroicidad temeraria lo hecho por Mamed, pero con todo, no llegó a alcanzar el suceso las descomunales proporciones que se le atribuían.
La verdad de lo ocurrido es la siguiente:
A la hora del rancho. - Tramando un complot.
A las once de la mañana de ayer sonó la campana colgada cerca del rastrillo de la cárcel, tocando a rancho. La inmensa marmita en que se deposita el alimento fue colocada, según costumbre, en la espaciosa crugía que da sobre el patio. Cuchichearon entre sí los del patio, volvieron la cabeza al oír sonar la campana, pero no se movieron.
El ranchero llenó por de pronto cinco escudillas, correspondientes a otros tantos individuos recluidos en calabozo. Iban estas raciones destinadas a los sujetos siguientes: Juan Rodríguez (a) Bardanca; Ricardo Antelo; Mamed Casanova, harto conocido desgraciadamente para él, y Francisco y Modesto Vázquez.
Sabido es que Bardanca es pájaro de cuenta. Procede últimamente de Carballo, de cuya cárcel se fugó en una ocasión. Tenía puestos unos pesadísimos grillos. Mamed Casanova ocupaba el calabozo núm. 3, en el cual permanecía solo, también con fuertes grillos. Los hermanos Vázquez se hallaban juntos en el calabozo núm. 4.
La encerrona.- ¡Que salga «Toribio»!
A llevar el rancho a los calabozos bajó el vigilante D. José Moreira. Se abrió el rastrillo, es decir, la verja de gruesos barrotes de hierro que separa la prisión de la pequeña oficina del vestíbulo. No cabe duda que los presos estaban en el secreto de lo que iba a pasar, y que lo esperaban con ansia.
Júzguese de su sorpresa cuando vio que los presos encerrados abandonaban sus celdas y salían a reunirse con sus camaradas. Los primeros en efectuarlo fueron Bardanca y Antelo. El primero, a pesar de los enormes grillos que le trababan las piernas, andaba con relativo desembarazo.
-¿Eh? ¿Qué es esto? ¡Adentro todos!- comenzó á gritar el Sr. Moreira.
-¡Nunca! ¡No estamos más ahí!- decían los reclusos.
-¡Fuera!- comenzaron a vociferar los demás.- ¡No hagáis caso! Queremos estar todos juntos... ¡Que salga también Mamed! ¡Que salga Toribio!
La marejada fue en aumento. El vigilante y los auxiliares se vieron cercados, acorralados. Bardanca decía entre blasfemias que a él no le volvería a encerrar nadie.
El calabozo de Toribio.- ¡Rompe la puerta!- Otra vez héroe
Se envió un aviso arriba de lo que pasaba. La gritería era tremenda. Los presos se agolpaban en apretado haz a la puerta del calabozo de Mamed.
-¡Toribio! - le decían muchísimas voces.- A ver si puedes salir también... ¡Rompe la puerta! ¡Échala abajo! Nosotros te ayudaremos.
-¿Qué pasa?- preguntó desde dentro el bandido.
Lo enteraron en cuatro palabras, a voz en cuello, entre risas y tremenda algarada.
-Allá voy... allá voy- se oyó decir a Mamed.
La turba prorrumpió en aclamaciones de frenético entusiasmo. No pasó un minuto, cuando comenzaron a resonar terribles golpes dados interiormente sobre la enorme puerta del calabozo.
-¡Bravo, Toribio! ¡Eres un hombre! Dale, dale. No te canses...
-Ya va, ya va, un poco de calma- decía también á gritos Toribio.
Los golpes menudearon, contundentes, decisivos. Parecían de una poderosa maza de hierro. La puerta, de más de dos pulgadas de espesor, retemblaba, rugía... Los presos, locos de júbilo, se limitaban a animarle.
Protestas contra un vigilante.- Intentos de pacificación.- Todo en vano.- El jefe en el patio
En este momento descendió al patio el segundo jefe de la prisión, D. Estanislao Bueno.
Se mezcló entre los grupos, procuró imponer respeto y orden, pero todo fue inútil.
De nada valieron sus reflexiones para que el tumulto cesase y los cuatro presos pasasen del patio a los calabozos.
-No irán, no irán- repetían todos los demás.
-¿Pero no tomáis el rancho?
-No lo tomaremos hasta que venga el presidente de la Audiencia. Tenemos que hablarle.
-Queremos que salga de la cárcel, cesante, despedido, el vigilante D. Perfecto.
-¡Nos maltrata!
-¡Nos roba!
-Orden, señores. Eso que ustedes dicen no es verdad.
-Ya sabe V. que lo es. Y hemos de contárselo al presidente.
Apareció en este momento el citado vigilante D. Perfecto Núñez en lo alto de la escalera.
Sobre él cayó un aluvión de improperios.
-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Que se vaya!
De los hermanos Francisco y Modesto Vázquez el primero, castigado no hace muchos días por el Sr. Núñez, según recordarán los lectores, era el que más se encolerizaba gritando.
Se presentó el jefe Sr. Hurtado, llevando en la mano por toda arma un bastón, y descendió al patio.
Espectáculo imponente.- La guardia en el patio.- ¡Apunten!...
En este momento descendió al patio el segundo jefe de la prisión, D. Estanislao Bueno, pero todo fue inútil. Los presos se negaron a tomar el rancho hasta que acudiese el presidente de la Audiencia. Querían la destitución del vigilante D. Perfecto Núñez, a quien acusaban de maltratos e introducir botellas de caña ilegales cobrando un duro por pieza. El tumulto llegó a su apogeo.
El espectáculo era en realidad amenazadora, imponente. Los 86 hombres reunidos en el patio parecían dispuestos a todo. Toribio seguía aporreando la puerta desde dentro. La cerradura parecía que iba a saltar de un momento a otro. El Sr. Hurtado procuró con palabras de paz reducir a la masa, pero ni por esas.
Ante el caos, se mandó recado a la Capitanía general e acudieron soldados que calaron bayonetas a la vista de los presos y cargaron las armas.
-Toribio - gritó entonces un vigilante al furibundo Mamed.- ¿Qué quieres, hombre?
-¡Salir!- respondió el bandido.
-¡Sí! ¡Sí! ¡Que salga Mamed!- exclamaron a coro los presos.
Ya sale Mamed.- La puerta destrozada.- Los grillos rotos.
La puerta se abrió, en efecto, violentamente, girando con estrépito sobre sus goznes, medio desplomados. La cerradura, recia, fortísima, aparecía desprendida casi, y pendiente sólo de un clavo. Uno de los tablones está astillado, de alto a bajo.
Mamed, libre de los grillos que en la celda tenía puestos, avanzó cejijunto, empuñando con ambas manos, a guisa de carabina, una gruesa barra de hierro. Era la misma que unía a los grillos arrancados. Las argollas que sujetan las piernas las había abierto y arrancado de cuajo Mamed con hercúleo esfuerzo rompiendo los remaches.
Los presos al ver a su héroe, prorrumpieron en aclamaciones. Los soldados de la guardia se echaron los fusiles, próximos a disparar, se les gritó que no lo hicieran y Mamed se detuvo.
Dio algunos pasos con aire altanero por la parte del patio que había quedado despejada a su salida, y arrojó la barra de hierro, con desdén, dentro de su mismo calabozo. Los grillos, sin las argollas, pesan de 12 a 14 libras. La barra de hierro de la que se valió para forzar la puerta tiene dos cuartas y media de longitud y unos tres centímetros de espesor.
Ante las togas.- Habla "Toribio".- "Yo acuso".
Cortó el entusiasmo la presencia del presidente de la Audiencia, Sr. Higueras, y el secretario, Sr. Armada, ambos vestidos de toga. Los magistrados descendieron al patio e interrogaron a los internos, quienes ratificaron las graves acusaciones contra el vigilante D. Perfecto.
Cuando le llegó el turno a Mamed Casanova, también expuso quejas.
-Yo, señor presidente- dijo sonriendo y en castellano bastante correcto- hace poco tiempo que estoy aquí, pero, no obstante, sé que son añejos los abusos que ese empleado comete. Lo equitativo sería que lo trasladasen. A mí también me ha estafado diez pesetas para comprar un reloj.
-Los hombres, señor presidente- interrumpió Mamed- son muchas veces criminales porque les hacen serlo. Yo, por ejemplo, no soy ese que dicen los periódicos...
El presidente recomendó calma, prometió abrir una investigación e instó a deponer la actitud. Tras restablecerse el orden, los internos accedieron finalmente a tomar el rancho a las dos de la tarde.
«Toribio» y su defensor.- ¡¡Tengo que fugarme!!
Después de los sucesos referidos, el abogado defensor de Toribio, Sr. Santos Couceiro, estuvo a verle en la cárcel.
-Pero hombre, ¿para qué ese inútil alarde de fuerza? ¿No ves que empeoras tu situación?
-Será verdad, pero ¿qué quiere V.? Eso de pasar día tras día encerrado entre cuatro paredes, que no responden a mis palabras, me desespera ¡No lo puedo sufrir, ea! Además, los grillos me molestaban bastante... Por eso los rompí. Yo de aquí tengo que fugarme, no le quepa á V. duda. Será un día o será otro, pero me iré.
Los grilletes de Mamed
A la caída de la tarde le fueron colocados nuevos grilletes a Toribio y á Bardancas.
Son ligeros y endebles en comparación a los que antes tenían puestos.
Se cierran con pequeños candados.
Así fueron conducidos ambos presos al departamento de «Cadenas».
Non opusieron la menor resistencia.
IDEAS A DESTACAR
Abuso de poder: Os vixiantes introducían produtos de contrabando cun elevado sobreprezo.
Liderado carismático: A soa presenza de «Mamede» unificaba e daba valor a todos os presos do centro.
Prisións insalubres: O edificio da Audiencia carecía das condicións hixiénicas mínimas para albergar ás persoas.
Torturas físicas e psicolóxicas: O uso sistemático de grillos de enorme peso constituían o sinal máis potente do terror institucionalizado que cumpría coa dobre función de quebrantar tanto a saúde física como a mental. Viña a ser o modelado e a posta en práctica do terror medieval.
A MODO DE EPÍLOGO
O motín de 1903 bota luz sobre as brutais medidas de tortura que sufrían os prisioneiros. Mamede Casanova non só estaba encerrado; cargaba nas súas pernas con pesados grillos de ferro de ata 14 libras. O seu compañeiro Bardanca soportaba unha tortura aínda maior cun aparello de case 50 libras.
Estes artefactos non eran simples medidas de seguridade. Eran auténticos instrumentos de suplicio deseñados para esnaquizar a carne, inflixir dor constante e quebrar psicoloxicamente a vontade dos presos. A fazaña hercúlea de «Toribio» ao romper os remaches cos seus propios puños pon de manifesto que a desesperación humana ante o tormento pode superar a resistencia do propio ferro.
Pobre Mamede, o peso da súa inocencia incrementaba a forza da súa rebeldía e as ansias de escapar. Tristes lembranzas lle quedaban por pasar dos insufribles penais coruñeses da Audiencia e do castelo de San Antón.
Fonte documental: La Voz de Galicia, Año XXII, Número 7.006, xoves 14 de maio de 1903, páxina 1.

Rivero, Manuel