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O nicho de rocha viva, a escuridade e os grillos: Símbolos da barbarie do sistema penitenciario

Rivero, Manuel - jueves, 10 de septiembre de 2026
Introdución
A reconstrución histórica dos feitos acontecidos en xuño de 1903 arredor de Mamede Casanova non esgota o seu interese na descrición do suposto intento de fuga. Tal e como analizo no meu anterior artigo -Mamede Casanova camiño do Castelo de San Antón, en publicación nesta mesma tribuna-, o que veu despois daquela tentativa de fuxida foi o despregamento de toda a maquinaria de terror dun Estado impotente. A chegada de José Millán-Astray y Terreros como delegado especial inaugurou un réxime de tortura e illamento na escuridade que converteu o caso nun debate de Estado. Ao abeiro da hemeroteca de La Voz de Galicia do 13 de xuño de 1903, cómpre rescatar a crónica literal do sucedido no penal coruñés para profundar nas ideas forza dun calvario onde a crueldade institucional chocou contra a resistencia sobrenatural dun mozo indomable, o amor inquebrantable dunha nai coraxe e a resonancia do parlamento a través da insistencia do parlamentario Sr. Lombardero.

Transcrición literal da crónica (Centrada en Mamede)

DE REJAS ADENTRO
¿SIEMPRE TORIBIO?
OTRO INTENTO DE FUGA
¡SÍ POR POCO SE VA!
Preliminares - Tempestad protectora - no todos duermen
[...] Mamed, el audaz bandolero ortegano, no ceja en sus trabajos, callados pero persistentes, para recobrar la libertad. Dormían en la cárcel todos sus colegas, pero es lo más seguro que Toribio velaba, aunque de informes oficiales se deduzca que dormía también, abandonándose por un momento al reposo para mejor asegurar un decisivo golpe. [...] ¿Se deslizaba mientras tanto algún bote en dirección a los muros de la cárcel? ¿Permanecía allí atracado cautelosamente, en espera de sus tripulantes de una señal cualquiera para que el infractor partiese? Nada se sabe. Hay, sin embargo, quien lo da por hecho.
Al calabozo de Toribio. - El más valiente
- ¡Al calabozo de Mamed! Era el siguiente, el señalado con el número 3. Las llaves habían pasado a poder de Silvosa. Se adelantó con la linterna, de puntillas casi, y abrió. Hizo el menor ruido posible. Al transcurrir la luz por el calabozo, apareció en todos sus detalles el interior. Mamed estaba tumbado sobre el camastro. Tenía la cara vuelta hacia la pared y los ojos cerrados. Se le veía en mangas de camisa, abiertos en cruz los robustos brazos, como en la más natural posición de abandono. En el suelo, cerca del mugriento jergón, estaba la ropa que a diario viste y de la que formaba parte esencial el pesado chaquetón de paño oscuro. Cerca también, al alcance de la mano, estaban los pesados tubos de hierro que se habían remachado al Dandi días antes.
Silvosa no pudo evitar un estremecimiento de sorpresa. ¿Los grillos? ¿Pero no los tenía puestos? ¿Pero?... Se rehízo, calló y ni siquiera indicó a sus compañeros con el más ligero gesto sus impresiones. Él, con la linterna, fue el único que apreció lo que ocurría. Mamed continuaba inmóvil. Se oía su respiración tranquila, acompasada.
- ¡Mamed! -dijo Silvosa. Silencio le contestó. -¡Mamed! -volvió á decir el ordenanza. Fingió despertar con pereza, se frotó los ojos como si la luz de la linterna le molestase, intentó incorporarse.
- ¡Hola! ¡uh! -masculló.
-¿Qué tal esa boca? ¿Te duele? Hay que advertir que Toribio sufrió días pasados la extracción de una muela, y que se mostraba molestado todavía.
-Phs... regular. Aun me fastidia.
-¿Te enjuagas?
-Sí... pero no noto gran alivio. Ya veremos.
-Buenas noches. -Adiós.
Con la luz fija siempre en la cara de Mamed había sostenido Silvosa este diálogo indiferente. Nadie se aproximó a la cama; nadie trató de cerciorarse de si los grillos estaban ó no puestos, de si en la reja de la celda pudiera haber ó no quebranto. Únicamente Silvosa había visto. Prudente recelo ó confianza excesiva había hecho que ni el vigilante ni el otro ordenanza llevasen adelante sus investigaciones. ¿Mamed aparecía en cama, desnudo y al parecer dormido? Pues eso bastaba. Se cerró la puerta y la requisa continuó.
La revelación de Silvosa.- Vamos allá- - De revólver y de puños.- ¡Ah, pillos- Fue por comodidad.
A presencia del jefe de la prisión habló Silvosa: -¡Mamed no tiene puestos los grillos! -¡Imposible! -Los vi perfectamente y disimulé para no alterarlo... Como abrió despacio la puerta, al ver, no tuvo tiempo de volver á ponérselos... El Sr. Bueno se armó con un revólver. Siguiéronle el vigilante Hilario Ricoy [...] y los ordenanzas Silvosa y Rúa. Penetraron en la celda de Mamed los tres citados. El preso parecía no haber cambiado de posición. Los grillos, sin embargo, ya no estaban a la vista.
-¡A ver, arriba! Bruscamente fueron levantadas las ropas de la cama. Mamed, perfectamente despierto, se inmutó un tanto. Apareció casi en cuclillas, con los pies introducidos a medias en las fuertes argollas de hierro del grillete. Parecía como si estuviese disponiéndose á «calzárselos» de nuevo. La actitud era idéntica.
-¡Pillo! ¡granuja! ¿Y estes grillos así?...
-Pues... verá V...
-Eres un bandido, eres un canalla, que no mereces más que palo...
-Yo...
-¡Silencio!... ¿Con que así te portas? ¿Con que esa es la palabra que das de obedecer y...
Prosiguió el discurso del Sr. Bueno, en voz baja, para no escandalizar la prisión. Toribio, al verse descubierto, se había sentado en la cama, desistiendo seguir acomodándose el grillete. Este fue examinado con avidez por los empleados. Estaba entero: ni la más leve huella de violencia, ni el más ligero arañazo de una lima.
-Pero... entonces, bribón, ¿cómo te los has sacado?
-Pues... figúrese V... doblando los pies, arqueándolos... Me molestaban mucho y me deshice de ellos para dormir mejor.
Dado lo intempestivo de la hora [...] no se consideró que procedía volver a colocar el grillete al rebelde. Además, hubiera sido preciso traer unos grillos nuevos ó rogarle que tuviera la bondad de ponerse él los mismos, porque como los remaches del pasador estaban enteros, no había posibilidad de abrirlos por el momento. Se necesitaba para ello la presencia de otro herrero como el que días pasados machacó de firme en la pesada barra de hierro al ajustarla á los tobillos de Mamed, mientras éste sonreía socarronamente. El Sr. Bueno recogió, pues, el inútil grillete y se dispuso á salir.
-¿Se lo lleva V.?-preguntó Toribio.
-Sí.
-Y mañana... me pondrá otros peores, sin duda.
-Lo pensaré.
Hizo el preso un mohín, mezcla de disgusto é indiferencia, y se tumbó sobre la cama.
Otros grillos para Mamed.-Cacheo inútil.-Cambio de puestos
A las ocho de la mañana llegó a la cárcel [...] el vigilante de primera clase Sr. Camota. Se enteró de lo ocurrido y se aprestó a colocar nuevos grillos a Toribio. Se escogerían entre los más sólidos, entre los más seguros de la poca variada colección que hay en la cárcel. Mamed estaba ya vestido. Se le hizo salir al patio, y allí mismo remachó el vigilante los pasadores, es de suponer que sin grandes esperanzas de seguro éxito. Pesan los nuevos grillos unas 30 libras. Después fue cacheado Mamed con toda escrupulosidad. No se le encontró encima nada que fuese sospechoso. Vuelto á encerrar Toribio [...] Mamed fué trasladado después al calabozo de Bardanca. [...] Más detenida si cabe fue la requisa en el calabozo de Toribio. Se examinó la reja. No había en ella señal alguna de que se hubiese intentado violentarla. Se reconocieron las paredes: nada.
Donde estaba la pastora.-Importantes descubrimientos.-El «bou» de «Toribio».-Sierras de pelo.-Arsenal de presidiario.
En el pavimento, que es de madera, se hicieron en cambio importantes descubrimientos. Bajo una tabla, a la derecha de la ventana, se halló un barrote de madera [...] con dos tachuelas en uno de sus extremos a guisa de roldana. A la izquierda de la reja se descubrió una piedra del tamaño de un huevo, que tenía arrollado un hilo ó cordel, de regulares dimensiones. Este hilo es de algodón, pero está cruzado y entrelazado de modo que tiene solidez bastante para sostener cualquier objeto. En un rincón fue recogida una media de lana, atada con un cordón negro, á modo de bolsa. [...] Finalmente, se procedió a levantar otra tabla del centro del calabozo [...]. Introduciendo la mano bajo otras tablas, dio Camota con un pequeño envoltorio. Lo extrajo y se encontró con un fragmento de periódico, que recubría hasta media docena de sierras ó limas de las llamadas de pelo, nuevas. En otro lado, se encontró, también hábilmente oculta, otra lima sorda, montada en su correspondiente aparato, en forma de ballesta, con mango, tornillos, etc. Cerca del jergón había un lápiz. Nada más apareció, pero no es poco. Como se ve, todo esto revela una labor de más de un día. Inmediatamente se puso el hallazgo en conocimiento de los señores presidente de la Audiencia y Millán Astray.
Millán Astray.-¡Era para anteanoche.-Lo que produjo el fracaso.-Los pinreles de Mamed.
El celoso é inteligente director de la Modelo de Madrid se presentó en la cárcel, se enteró de todo y habló a Mamed. Se mostró este huraño, reservado. Le reconvino el Sr. Millán y soportó resignado la tremenda filípica. Negó que tratase de fugarse, aun cuando todo hace suponer que para anteanoche, protegido por la tormenta y... sabe Dios por quien ó quienes en el exterior de la prisión, tenía decidida la escapatoria. Lo imprevisto de la visita de vigilancia, que no le dio tiempo a volver a colocarse los grillos, ni aun a ocultarlos, echó por tierra todos sus planes. El Sr. Millán examinó los nuevos grillos de Mamed.
-¿Y éstos... ¿te los volverás á quitar?
-Estos, no, señor... Están muy apretados y... son muy difíciles.
Los tiene puestos sin medias, a ras de la carne, porque se sospecha, que valiéndose de las gruesas medias de lana que usa, consigue cuando los grillos se le colocan que queden necesariamente holgados, una vez descalzo de todo. Sin embargo, el pie de Toribio-entusiásmense sus admiradoras-es tan pequeño y tan flexible, que no es extraño que logre hacerlo salir de las argollas de unos grillos que después de todo no están construidos ad hoc.
Reja sobre reja. - Encerrado como las fieras. -Ya me arreglaré… - los presos.
El Sr. Millán celebró una detenida entrevista con el Sr. Higueras. Hoy se colocará una alambrera en la reja del nuevo calabozo de Toribio para evitar que por la parte de la bahía le sean introducidas cartas ó efectos. Es indudable que el hilo, la piedra, el barrote y la media los empleaba para establecer comunicación con el exterior. ¿Con quién? Sigue ignorándose. Se le cerraron las ventanas de madera que la reja tiene interiormente. La luz por lo tanto solo penetra ahora en el calabozo por un pequeño agujero, especie de taladro que en los gruesos tableros se practicó. La situación del desdichado, no puede ser pues peor ahora en cuanto a esto, aunque él aparenta no sobrecogerse mucho. Sonría, y parece decir entornando sus ojillos azules: -Bueno... que hagan lo que quieran.. ¡Ya me ingeniaré! [...] Mamed negó rotundamente que fuese de su pertenencia lo hallado en el calabozo que ocupaba: -¿Mío, eso? ¡No señor! Estaría allí desde hace tiempo... Lo habrán dejado otros presos. ¡Yo no llevo nada!

Ideas forza a destacar

A burocracia do terror
: Millán-Astray como executor. O nomeamento do director da Modelo de Madrid non buscou unha reorganización legal, senón un escarmento exemplar. Como detallo no artigo anterior, a súa personificación da autoridade carceraria baseouse na ameaza colectiva (o "día de luto") e no castigo físico (as trinta libras de ferro a ras de carne, a falta de luz e de aire fresco e o illamento), demostrando que o Estado respondeu con sadismo ante a súa propia incapacidade para conter ao preso.
A anatomía como rebeldía contra a tortura. O flegmón sanguinolento, a extracción traumática sen anestesia e a denegación de auxilio médico debuxan un escenario de tortura institucional. Porén, o misterio do pé de Mamede, capaz de evadirse duns grillos pechados mediante a dislocación anatómica, convértese na metáfora perfecta: a propia bioloxía de Mamede rebelábase contra as ordes do réxime, respondendo cun simple "porque lle molestaban" ante o asombro dos seus carcereiros.
A traizón desde dentro: o cinismo calculado de Silvosa. O comportamento do ordenanza Silvosa rezuma maldade, cinismo, covardía e crueldade. Descobre que Mamede está ceibo dos ferros e, en lugar de alertar no momento, monta un teatro de falsa empatía. Pregúntalle con aparente interese pola dor da boca mentres lle crava a luz da lanterna no rostro para fixalo e cegalo. A súa "prudencia" de calar non é de respecto, é un cálculo frío para subir ao rastrillo e delatar a Mamede.
A trama de relatos falsos: O calvario de Mamede non se sostén sobre feitos, senón sobre un relato oficial inzante de falsidades, suposicións e prexuízos. Primeiro construíuse unha autoría fraudulenta do crime da reitoral das Grañas do Sor baseándose en probas totalmente falsas; despois imputóuselle o tiroteo da reitoral do Freixo que xamais realizou, e agora, na Coruña, o sistema inventa o mito da mítica lancha agardando por el na ría para dar corpo a unha fuga novelesca. Cantidade de suposicións desalmadas que un fiscal e un réxime cruel usaron para destruír o seu nome e a súa persoa.
María Casanova: A xustiza que camiña descalza. Fronte ao "perfil de cruel asasino" construído polo Estado e amplificado pola prensa, a figura da nai destrúe o relato institucional. O seu camiñar a pé desde as Grañas do Sor e o seu histórico e desesperado xesto de axeonllarse perante o rei Afonso XIII en Santiago de Compostela non só conseguiron a conmutación da pena de morte, senón que humanizaron ao "heroe de novela" que as autoridades querían enterrar na rocha viva.
A autoridade do Parlamento: O titánico debate no Congreso, liderado polo deputado conservador José Lombardero Franco co apoio a berros de Nicolás Salmerón, demostrou que as penurias de Mamede serviron para visualizar as vergoñas do sistema carcerario español. Ao comparar o réxime de San Antón cos brutais procedementos inquisitoriais de Montjuïch, o Parlamento viuse obrigado a mirar cara ás cloacas dun Estado cuxo ministro, Eduardo Dato, tivo que saír ao estrado a xustificar o quebrantamento das leis.

A modo de epílogo: A barbarie do Castelo de San Antón

O traslado de Mamede Casanova ao nicho de rocha viva do Castelo de San Antón sela un dos capítulos máis sombríos e, á vez, máis crueis da historia penitenciaria galega. A intervención de Millán-Astray y Terreros non conseguiu o seu sinistro obxectivo: lonxe de neutralizar ao mozo das Grañas do Sor, a brutalidade do réxime de illamento, a falta de luz e condicións hixiénicas mínimas e o peso das trinta libras de chumbo só serviron para fortalecer o seu mito. O sistema carcerario demostrou ser un sistema de terror implacable ante os ollos atónitos de numerosos deputados. Funcionaba a modo de trituradora humana obsoleta, cruel e covarde.
O seu calvario non foi o final dun suposto criminal; foi a vitoria moral dun mozo indomable cuxo espírito seguiu burlando aos seus verdugos mesmo desde as profundidades da rocha máis triste, lóbrega e escura.

Fonte documental: La Voz de Galicia. A Coruña. Ano XXII, n.º 7.036, 13-VI-1903. Crónica literal: «De rejas adentro: ¿Siempre Toribio? Otro intento de fuga».
Rivero, Manuel
Rivero, Manuel


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