El eclipse
Vaamonde Rodríguez, Jacobo - martes, 18 de agosto de 2026
Llegó el eclipse, uno de los momentos más esperados del año.
Llevamos meses escuchando consejos, viendo en las tiendas numerosos modelos de gafas de protección para este fenómeno o conociendo los planes de cada ayuntamiento para la correcta visualización.
Durante las semanas previas, no parecía existir otro asunto en la sociedad, o al menos tan importante.
Y es cierto, hemos presenciado un eclipse total, algo que no se volverá a ver por nuestra tierra hasta dentro de 100 años. Es decir, algo único.
Pero tampoco nos debemos olvidar de las situaciones que se viven y se vivieron, en especial durante esos días, en muchos rincones de nuestro país o de nuestro mundo.
Mientras todo se centraba en el eclipse, Colombia vivía un terrible terremoto, que azotaba importantes ciudades del país y se llevaba la vida de muchos ciudadanos.
Mientras las redes sociales se encontraban colapsadas de información sobre el eclipse, los españoles que viven al otro lado del Mediterráneo pedían a gritos ayuda ante una situación que se está volviendo insostenible. Hablo de Ceuta.
Y, en definitiva, este fenómeno natural eclipsó (o sirvió para eclipsar) las terribles realidades de nuestra sociedad actual.
Por otra parte, quizás la sobreinformación y el alarmismo excesivo jugaron una mala pasada.
Informar sobre los riesgos de mirar directamente al Sol fue algo fundamental, y quizás no se dedicó tanto tiempo a dar indicaciones sobre el correcto uso de las gafas, las fases... algo muy útil.
Es más, si la mitad del tiempo que se destinó a hablar de dispositivos de seguridad para el eclipse se hubiera usado para aconsejar sobre la correcta visualización del mismo, habría sido una mejor inversión.
Parece que me he vuelto loco. Siempre hablando de seguridad, de la falta de dispositivos... y hoy critico el exceso.
Y, en parte, sí, porque así lo considero.
Se hablaba de que había que aumentar los dispositivos de seguridad ante el temor de que aumentaran los robos, de que se produjeran atascos de horas o incluso accidentes; nos decían que había que ir preparados, como si hablasen de una guerra o una hecatombe en vez de algo bonito y único.
Y al final, no pasó nada.
Es verdad que hubo un colapso de las carreteras, sobre todo al saberse que existían zonas con un nivel de visibilidad más alto. Aun siendo así, ciertas informaciones nos hicieron pensar en algo muy diferente a lo que realmente ocurrió.
Pero hay algo que no se puede negar: nunca se había vivido algo igual.
El cielo se oscurecía, pero con una luz diferente. Todo era diferente: el canto de los pájaros, las luces, la meteorología...
Para mí, lo más bonito fue ir a un prado de la aldea de mis abuelos y, en medio de la nada, encontrarse con otros muchos vecinos y vivir este momento juntos. Ese ha sido el mejor regalo del eclipse.
¡Qué afortunados hemos sido de verlo!

Vaamonde Rodríguez, Jacobo
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