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Descubriendo, observando y admirando

Alén, Pilar - miércoles, 12 de agosto de 2026
Llegó el día. Preparados estamos para mirar al cielo con ansia de ver lo que tanta expectación ha generado en el planeta.

¿Qué escribo hoy? Y sobre todo me pregunto: ¿para quién lo hago? Consciente soy de que pocos leerán estas letras. Sin embargo, me pongo a ello y comienzo aludiendo a algo que me viene a la mente: el Sol y la Luna en representación pétrea que tenemos en Santiago, en pleno centro de su gran templo, obra del Maestro Mateo. Pueden verse en la cripta, a la que se accede por la plaza del Obradoiro, desde donde se subía -ya desde el medievo- a la planta superior, es decir, al Pórtico de la Gloria, coronación con la que ambos adquieren cabal sentido. Ese oscuro espacio está concebido como una iglesia en sí misma, al parecer, dedicada a Santiago el Menor, el Alfeo. Ambos astros, portados por dos ángeles, así expuestos reflejan lo que dice el Salmo 119: «(la ciudad celeste)... no necesita ni de sol ni de luna que la alumbre, porque la ilumina la Gloria de Dios y su lámpara es el Cordero». En efecto, todo cobra relieve si desde ese lugar se tiene en cuenta la verticalidad de la traza de la catedral (cripta, pórtico y tribuna), que lleva a apreciar en lo alto al ‘Agnus Dei’, el Cordero de Dios. Ese trasfondo bíblico -que el peregrino entendía sin esfuerzo- a su vez reflejan su propio camino desde la tierra a la Jerusalén celeste y, ahí y así, está compendiada la historia de la Redención, por y a través de Cristo redentor.

¡Menudo discurso les suelto! No obstante, no me digan que no es fascinante.


Pasados estos días de revuelo, si pueden, acérquense a ver este admirable conjunto mateano. Porque, sin duda, todo volverá a su curso tras el atardecer que nos aguarda. Punto y seguido, después también regresaremos a lo que corresponde en este mes de agosto: descanso veraniego. Es lo que todos deseamos, pero hay diferentes formas de abordarlo. ¡Miren cómo se lo montan algunos jóvenes llegados de diversos puntos cardinales sumergidos en clases, conferencias y conciertos de calado! Son los alumnos de ‘Música en Compostela’ que, como si durante el curso no tuvieran suficiente con darle que te pego al solfeo, vienen a Santiago con afán de seguir aprendiendo.

Y es que el querer saber engancha: ¡ya lo creo! Han cerrado muchos archivos y bibliotecas, pero yo misma no he renunciado a revolver papeles. Me han cedido un legajo de documentos que me han llevado a un desconcertante descubrimiento. Contienen datos de compras y ventas, préstamos, testamentos y poderes de más de tres siglos de existencia, aunque -¡ya lo lamento!- no hay en ellos nada raro, salvo el relato del matrimonio de una niña por un acuerdo ante notario: «(…) dijeron: que por el tenor de la presente tienen concordado y de fijo conciertan, matrimoniarse el Francisco (...) con la María (...) aunque esta en la edad de once años, por cuya razón le representa su dicho tutor el Manuel (…), y al efecto se dan mutuamente palabra de casamiento de futuro tan luego cumpla los doce años dicha María, previos los más requisitos que ordenan las leyes civiles y eclesiásticas». Es un amaño en toda regla, con penas añadidas si no llegase a efectuarse. Se firma en Santiago el 8 de febrero de 1851.

Cierro con otra alusión al sol y a la luna extraída del ‘Cántico de las criaturas’ de Francisco de Asís, santo viajero. Con él convendría ahora clamar al cielo: «Loado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas // (…) Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste y preciosas y bellas».
Alén, Pilar
Alén, Pilar


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