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Obituario: José Antonio García de Cortázar

Timiraos, Ricardo - lunes, 17 de agosto de 2026
La Amistad no se sabe donde vive

Querida Ángeles e hijas:

El Heraldo, mi viejo velero de los sueños, hizo zozobrar mi corazón, porque, sin avisar, encalló en las rocas de la vida y el mar nos robó al Amigo. Me vas a perdonar, pero eso, que antes se llamaba corazón, también como restos de un naufragio, trato de acorazarlo con todas mis amarras porque mi jardín de la amistad ve como se marchitan sus flores que, como José Antonio, lo adornaban. El, quizás como un tulipán, ofrecía, con esa generosidad tan suya, el cáliz de sus múltiples virtudes, que siendo muchas, escondía tras aquella discreción y humildad tan características. Y no eran pocas. ¡Así son los grandes!.
La vida, Ángeles, nos hace expertos en el dolor, en la soledad, en lo real y lo ficticio, en saber quien está ahí y quien se va. Nos enseña amar amigos y descubrir fantasmas, nos da clases de muchas cosas como la hipocresía y la sinceridad. Y nos habituamos a vivir ajenos a convencionalismos y bagatelas mundanas. Porque la vida podemos pasarla de mil formas, pero resulta muy hermoso ver a personas como José Antonio, con valores, con personalidad, con la dignidad y el legítimo orgullo de quien en todos los aspectos de la vida sabe ser un Hombre. Vivimos tiempos de mediocridad y superficialidad sin límites y algunos nos volvemos anacoretas fruto del hastío y este absurdo tiempo.
Sé que José Antonio era feliz porque te quería todos los mogollones posibles, porque vivía para toda la familia, para ti, para vuestras hijas y esos tiernos niños que tantas sonrisas reviven. Recuerdo lo orgulloso que estaba porque una de vuestras hijas iba a ser notaria como él. Pero también me consta que era un padre tierno y bondadoso, ecuánime y buen maestro. Lo estoy viendo sonreír a esos churumbeles que fugazmente vi el fatídico día y que serán siempre la alegría familiar que tanto merecéis.
Pero lo importante es ahora seguir este sendero que cada día se estrecha más. Los que ya vivimos en los arrabales de la vida, quizás con algo de prórroga, vamos descartando accesorios porque pesa la mochila y nos quedamos con lo que realmente importa: el amor en todas sus variantes. Ese amor que nos dio José Antonio a todos los que convivimos con él. Eso y el ejemplo de vida que nos transmitió siempre. Por eso, mi jardín de la amistad también esta huérfano, pero sirvan estas lágrimas para regarlo y esperemos que su vida reviva con nuevas flores.
Maika y yo os abrazamos con esos "apertas de buxo", múltiples y variados. Y dale, Ángeles, a cada uno de los vuestros, un beso. Para José Antonio, pido a ese Dios, que dicen que existe, la gloria que le tiene prometida.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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