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Manos extendidas para salvar

Agrelo, Santiago - domingo, 09 de agosto de 2026
Manos extendidas para salvar:
Cuando, en el evangelio, nos encontramos con un discípulo que, puesto en dificultad, grita: "Señor, sálvame", nos parece normal el grito, porque reconocemos que es grande el peligro y es grave la necesidad...
Desde la fe, los cristianos extendemos cada día las manos hacia alguien de quien esperamos ayuda: Las nuestras son manos extendidas en busca del Pan de la vida, en busca de perdón, en busca salvación... manos extendidas siempre en busca de otra mano, y siempre desde la necesidad... La nuestras son siempre manos en busca de Dios: "Señor, sálvame".
La misa de cada domingo, que es memoria de la salvación ofrecida a todos, es también gesto personal de manos levantadas al cielo, es grito del alma de cada uno de los fieles en busca de ayuda, es búsqueda ansiosa de encuentro entre la misericordia y la fidelidad, entre la justicia y la paz... Para el creyente, la misa de cada domingo es búsqueda humilde y confiada de salvación... Los cristianos nunca dejamos de ser pobres que piden limosna a la puerta de Dios...
A propósito de lo que, en la última semana, aconteció en la ciudad de Ceuta, nada puedo pedir a la política o a la información; en realidad, nada puedo pedir a nadie; pero al creyente, a quienes cada domingo levantamos las manos hacia Dios y hacemos nuestro el grito de Pedro: "Señor, sálvame", a nosotros es el mismo Señor quien nos pide que escuchemos el grito del pobre, que atendamos a la voz de su lamento, que demos nuestra mano al que la necesita. "El ayuno que yo deseo es éste -oráculo del Señor-: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos; partir tu pan con el hambriento, vestir al que ves desnudo, hospedar a los pobres sin techo."
A quienes, desde la fe, extendemos a Dios la mano para pedir, Dios nos pide que extendamos la mano a todos para salvar...
Un día se nos dirá que, en realidad, cuando dábamos la mano al pobre, estábamos dando una mano a Dios.

P.S.:
Las víctimas de lo acontecido la semana pasada en la ciudad autónoma de Ceuta, fueron los inmigrantes, todos los inmigrantes que entraron en ella. Decenas de ellos -puede que más de cien-, lo fueron porque murieron en el intento; otros, nadie ha dicho cuántos, lo fueron porque quedaron heridos; y lo fueron todos, porque fueron engañados, defraudados, utilizados, manipulados, puede que, con fines inconfesables, por poderes que se mantienen interesadamente en la sombra.
Víctima de la "crisis migratoria en Ceuta", además de los muertos, lo es también, y de modo muy especial, el que ayer tenía un hijo, una hija, un hermano, una hermana, un amigo, el que ayer tenía a alguien que pertenecía a su entorno, y hoy no los tiene, los ha perdido para siempre... Para éstos, lo que era parte cotidiana y entrañable de sus vidas, ya sólo son recuerdos que duelen, ya sólo son una ausencia atroz...
A la comunidad eclesial, la fe -el amor que es Dios- le reclama que tenga siempre manos extendidas para salvar...
Agrelo, Santiago
Agrelo, Santiago


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