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Aquellas... y estas fiestas

Timiraos, Ricardo - lunes, 10 de agosto de 2026
A mis ex-compañeros de comisiones, la mayoría, in memoriam.

Vaya por delante mi gratitud y aplauso a la joven comisión de fiestas de Viveiro y con ella a todas las personas que de una manera altruista trabajan por el bien común. La generosidad que implica su esfuerzo merece nuestro reconocimiento.
Las personas mayores somos muy dadas a comparar el pasado con el presente para acabar diciendo el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y eso, según mi opinión, debe ser matizable puesto que los tiempos son distintos y las mentalidades también. Y si bien, dando por cierto que aquellas fuesen mucho mejores, quizás haya muchas circunstancias que han variado y eso dificulte propuestas que antaño no se tomaban en cuenta. El principal, y no menor, problema que se le plantea a una comisión de fiestas es la recaudación. Antes, la mayoría de los negocios tenían asumida su contribución a la causa y, aunque muchos intentaban aportar lo mínimo, en mayor o menor medida, todo el mundo colaboraba. El otro día oí decir que en algunas parroquias tenían una cuota "cuasi" obligatoria, como un impuesto, y no sé si eso es cierto u o no. Lo que sí me consta es que en algunas aldeas, siendo tan pocos los vecinos, asumen unas cuotas ciertamente altas porque consideran que sin fiestas la parroquia ya acaba desapareciendo. Triste realidad.
En Viveiro, antes, la contribución de los negocios y la recaudación por las casas, ardua labor, era la mayor parte de la recaudación (Sería muy recomendable como práctica de sociología). Hoy, por desgracia, y según me cuentan, los organizadores viven lejos, lo que evidencia las enormes dificultades que deben afrontar y el muchísimo esfuerzo y mérito.
Según mi opinión, cambió mucho para peor la mentalidad y parece que no se entiende que hacer cualquier trabajo que se nos requiera sin cobrar sea una tontería. No, no es tontería, es generosidad. ¡A ver si los "listos" lo entienden! Ahora se cobra hasta por decir bobadas. La actual sociedad es mucho más egoísta y por tanto menos solidaria con estas causas y se buscan mil disculpas con tal de evitar nuestra aportación. Nos hemos vuelto tan soberbios y altivos que cualquier causa solidaria la tratamos con displicencia. Cada día estoy más convencido que de tontos vamos sobrados.
Estos chavales son admirables y su ejemplo debiera de servir a muchos para implicarse en labores altruistas. Quizás cometan errores como lo que a mí la experiencia me enseñó: el ingreso de la aportación en una cuenta bancaria es, desde mi punto de vista, una ingenuidad propia de la juventud. Muy bien intencionada, pero creo carente de realismo. Para recaudar es preciso echarle mucha cara y muchas veces "cazar" al contribuyente en el lugar idóneo donde pueda alardear de su generosidad. El ego siempre juega un papel muy importante.
Hoy las fiestas se celebran de otra manera y se encuentran con problemas que antes solucionaba el Concello que actuaba como avalista. Hoy hay un contrato que nosotros no hubiésemos podido aceptar. Hoy hay seguros de accidentes, que a nosotros no nos exigían. Nosotros cerrábamos la Plaza para poder traer a grandes artistas y aún así lográbamos superávit; hoy eso quizás fuese inviable a pesar de mi opinión. Aquella polémica medida era una muy valiosa fuente de ingresos. Claro que siempre había quien protestaba si se cerraba la Plaza, pero esas personas sólo valían para poner palos a las ruedas y que las cosas descarrilasen, soluciones no aportaban ninguna.
Hoy, por tanto, es mucho más difícil sacar adelante las fiestas porque la sociedad cambió; porque se ha vuelto más insolidaria; porque los pueblos como el nuestro son cada día más disimulados geriátricos que auténticos pueblos con pujanza; porque cada día es más difícil encontrar gente dispuesta a tantos sacrificios.
Conclusión: hacer comparaciones resulta falaz porque ni los tiempos ni las circunstancias son iguales y, por tanto, sería injusto desmerecer lo que ahora se nos regala. Cincuenta y tantos años después de nuestros desvelos, casi todo ha cambiado. Y en ese tiempo la vida me dio clases gratuitas y me enseñó a desvestir santos para descubrir el barro de que están hechos, aprendí a ver la soberbia que genera el dinero, el becerro de oro en procesión, el camino y las triquiñuelas de las fortunas, la mediocridad de tanto imbécil subida en el pedestal de la altanería y la soberbia, las mentes vacías ávidas de presunción, el comercio de los títulos, la vanidad escondida en la sonrisa, la indolencia disfrazada de bondad... Sí, me enseñó los estúpidos protagonismos de los fantasmas, las envidias que tanto hacen sufrir a los envidiosos y hasta sentir lástima por los criticones que nada hacen. La pobreza moral hace muchos estragos.
Pero vosotros estáis hechos de la pasta de la generosidad, de la grandeza que supone trabajar para vuestro pueblo, de la paciencia que hace falta para soportar a tanto negativo, del tesón que se precisa para superar el cansancio.Y lo que más duele: Soportar tanta impertinencia. Pero sabed que tanto trabajo os va a curtir como personas. Lo peor de vuestro trabajo puede ser la soledad y la incomprensión, pero sabed que no estáis solos porque algunos os comprendemos y agradecemos tanto esfuerzo.
Nosotros, si queremos estar orgulloso de lo nuestro en cualquier faceta, debemos contribuir con generosidad al bien común y eso implica múltiples maneras de ayudar. Lo demás, son declaraciones de Facebook.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


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