Sueños y temas patrios
Alén, Pilar - martes, 21 de julio de 2026
Vamos a echar de menos la maratón de partidos futbolísticos que hemos podido presenciar en las últimas semanas. Portugal es nación hermana, pero ante lo que se dirimía en el estadio fue tan rival como cualquiera. Menos apego sentimos hacia los jugadores de la selección belga y aun así nos hemos sentado para aclamar a una Roja que pasó a verse luego con la impetuosa Francia. Al margen de los resultados, llama la atención la concentración de los protagonistas al pisar el campo. Y otra cosa: lo raro que queda cuando al sonar el himno los nuestros no saben dónde meterse: si mirar al cielo o abrir y cerrar la boca. Texto no tiene; o se lo inventan, o emiten sonidos indescifrables para salir del paso. Contrasta con el porte de los adversarios que entonan con brío sus letras patrióticas.
Dejando el sueño deportivo, dos palabras para los que han padecido la pesadilla del fuego: ¡fuerza y ánimo! A ellos mi más cariñoso recuerdo.
Y, ahora sí, vayamos a lo que en Galicia será noticia desde hoy mismo: las fiestas del Apóstol Santiago. Nueve jornadas quedan para la quema-no quema de la fachada en el Obradoiro, espectáculo que anteriormente era plato fuerte que precedía a la celebración de una fecha que cobra diferentes significados según se mire desde distintos ángulos: «Día da Patria Galega» y/o conmemoración de la muerte de Santiago el Mayor en Jerusalén, tras predicar en España la fe cristiana. Ambas no se autoexcluyen y unidas son válidas. A mí me da pie, otra vez, para pedir un ajuste o un cambio: el del himno que actualmente se le canta, con melodía de Manuel Soler y letra de Juan Barcia. Es indudable que emociona a quien llega a su santo templo tras una larga y sudorosa caminata, pero para los que lo escuchan casi a diario, ya cansa algo y, para más inri, no es nada fácil. El 2027, Año Santo, bien podría convertirse en el de la presentación de una composición actualizada o remodelada, con texto que todos canten, centrado - pongo por caso, pues es lo que corresponde- en la vida del discípulo mártir o en el simbolismo del camino como meta. Pasaron unos 130 años desde que Santiago Tafall, canónigo y maestro de capilla de la catedral compostelana creó dos melodías muy apropiadas. Por una parte, su «Dum Paterfamilia: Himno de los peregrinos flamencos del siglo XII, según la traducción de D. Pothier (tiempo gregoriano) armonizado por S. Tafall. 1897». Y, por otra, «Dos favores sin ejemplo: Himno de los peregrinos al Apóstol Santiago, coro popular con acompañamiento de órgano. Poesía de D. A. Gª Vázquez Queipo. Música de S. Tafall». Pienso que debió ser esta la que cantaron en otro xacobeo «los peregrinos de la Mahia» como señala «El alcance» (N. 190. 1/9/1897); siendo en castellano lo aprenderían rápido. De Antonio García Queipo (Vilela, 1835 - Santiago, 1912), abogado y escritor, poco sabemos más allá que fue sobrino del matemático y político Vicente Vázquez Queipo. Por contra, Santiago Tafall Abad (Santiago, 1858-1930) es de sobra conocido, al menos para los que estamos al tanto del ambiente musical de esta ciudad en esa etapa.
Hace más de nueve siglos desde que los himnos al Hijo del Trueno han corrido acordes con su relevancia. Bien lo narra José María Díaz Fernández, al que cumplidamente homenajearemos el viernes: «A cualquiera que repase la serie de himnos litúrgicos reunidos en el 'Iacobus' (...) le saltan a la vista los datos bíblicos de su vocación, de su cercanía privilegiada a Cristo y de su martirio precoz, seguidos de la nota posesiva de su cuerpo en Galicia, la festiva concurrencia de incontables peregrinos y los frecuentes milagros con que en cualquier lugar regala a los que lo invocan». A implorarle toca.

Alén, Pilar
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