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El Camino. Una lección de vida.

Espiño Meilán, José Manuel - domingo, 19 de julio de 2026
Dedicado a María Jesús Espiño Meilán, quien me enseñó que en la vida hay que ser fiel
a los principios y a las creencias personales.
Dedicado a los amigos que me han acompañado en tantos Caminos de Santiago
pues con ellos he vivido extraordinarios momentos.
Y a Juanma y Juani, incansables facilitadores y guías del Camino de Santiago entre Volcanes,
en Gran Canaria por su inconmensurable labor en pro del Camino.

Justo ahora, en estos meses estivales, un marea humana recorre el Camino Francés en pos del sepulcro de Santiago Apóstol. Miles de jóvenes, niños y adultos se observan caminando por la ruta más frecuentada del verano.
Me encuentro tomando un café en Melide. Junto a mí, ocupando las mesas de esta terraza agradecida por su frescura, varios grupos de peregrinos descansan, disfrutan del fin de la etapa, sonríen, se hidratan, viven en el más amplio sentido de este vocablo.
El Camino. Una lección de vida. Un nítido recuerdo acude a mi mente y es tal la fortaleza y la emoción del mismo que lo recreo paso a paso para disfrutarlo, para sentirlo y para reflejarlo en este artículo compartiendo su valor y enseñanza con mis lectores, animándoles a coger sus botas, ropa fresca y mochila liviana y ponerse en camino. Cualquier camino vale pues todos son Camino de vida.
Finales del mes de marzo. Lluvia intermitente en Portomarín. Cielo encapotado. Hace frío, el invierno se niega a entregar aún el relevo a la primavera. Los planos paisajísticos de la Terra Chá se suceden en lontananza. El paporrubio -petirrojo- alegra el camino con sus trinos mañaneros.
De un microbus desciende un grupo de niñas y niños y sus profesores.
Entre ellos hay una profesora veterana -sesenta y siete años- y una muy joven -veinticuatro años-. La primera se llama María Jesús -Chus-, la segunda Alexandra.
La planificación está hecha desde comienzos del curso académico. La comunidad educativa ha dado el visto bueno al proyecto. Un año más, la veterana senderista, la peregrina que tiene más rutas jacobeas sobre su cuerpo que años de servicio -cuarenta-, coordina y guía un grupo de alumnos camino de Santiago.
Más de una década lleva realizando la ruta con los alumnos del C.E.I.P. Otero Pedrayo de Rábade, su centro.
Ya lo hacía con el C.E.I.P. Álvaro Cunqueiro cuando impartía clases en Mondoñedo.
Una vida de docencia en clase y en el colegio y de lecciones de vida impartidas en los largos periplos por el Camino de Santiago.
La metodología es perfecta, fruto de la experimentación y puesta en práctica durante dos décadas de Caminos. Desde el inicio del curso académico -septiembre- hasta el mes de febrero lleva a cabo tareas de organización, conocimiento, planificación de las rutas, estudio de las mismas.... Desde febrero a finales de mayo, principios de junio, un recorrido cada quincena realizando cada etapa prevista y culminando con la llegada a Santiago.
Un año el periplo sigue la ruta jacobea del Camino Francés y la distancia a cubrir es la que encontramos entre Sarria y Santiago de Compostela. Al año siguiente el periplo sigue la ruta del Camino Primitivo y la distancia a cubrir es el trayecto que va de Lugo a Santiago.
Siempre culmina el Camino en la plaza del Obradoiro y en la recogida y disfrute de la Compostelana, pero la experiencia vivida en el camino personal de cada uno, jamás se olvidará.
Estoy en una de las etapas, concretamente la que cubre la distancia de Portomarín hasta Airexe. En el camino se sucederán una serie de pueblos e hitos geográficos, arquitectónicos, religiosos. Así alcanzaremos Toxibo, Gonzar, Castromaior, Hospital da Cruz, Ventas de Narón, Serra de Ligonde, Previsa -entramos en el ayuntamiento de Monterroso-, Crucero de Lameiros, Ligonde hasta llegar a Airexe.
Las niñas y niños son de quinto y sexto de Primaria. Se les ve felices, sonrientes. Llevan ya tres etapas recorridas y el Camino les encanta.
A la cabeza del grupo va una profesora, otras se encuentran a mitad del grupo y un profesor cierra la marcha. Durante el trayecto, los docentes van turnándose en estas ubicaciones.
Observo dos de ellas. Se trata de Chus y Alexandra. Me acerco a ellas. Sé de labios de Alexandra que Chus fue su profesora hace doce, tal vez trece años, sé que hizo el Camino con ella cuando cursaba sexto de Primaria, sé que ahora es ella quien tiene en sus manos el testigo de continuar esta labor pues Chus, terminado este curso, deja la enseñanza para gozar de un merecido descanso.
Esta es la verdad, la única verdad: el Camino y la vida van más allá de un jacobeo, de una enseñanza compartida. Es entrega y fe. Entrega de conocimiento, de amor, de empatía, de cariño. Fe en tus propias convicciones, en la importancia del Camino para educar en valores, para observar tus alumnos fuera del aula, para vivir experiencias únicas.
El Camino. Una lección de vida. La otra verdad es que la extraordinaria experiencia de vida de esta veterana profesora debe continuar, saber que terminado su período pedagógico, nueva savia, nuevas manos, nuevos pies continuarán una senda emocional y personal que deja huella en la educación de las alumnas y alumnos
La ruta disfrutada es enriquecedora. Tanto como lo es cualquier otra del Camino jacobeo.
Iglesias, ermitas, monasterios, cruceiros, cementerios...
Bosques de eucaliptos, de carballos, de pinos, de castaños...
Fuentes, ríos y arroyuelos.
Aves en los pastizales y aves en los bosques, aves en las riberas de los ríos, aves en las charcas y en los espacios inundables...
Vacas, muchas vacas y establos, orines y excrementos de vaca, y muchos regos y muchas herbeiras.
Credenciales, sellos y hospitaleros... Un hospitalero ciego que sella las cartillas al tacto mientras te habla de desaparecidos monasterios y viejas ermitas. Hay magia en el Camino, hay paz, hay amor, hay compañerismo, hay buen rollo.
Y hay peregrinos, decenas de peregrinos en cualquier época del año.
Ingleses, franceses, brasileños, italianos, españoles... peregrinos todos, que van en grupo, en pareja, en solitario. Su mirada es limpia, su rostro sonriente.
En algunos la mirada es producto de la fe, en otros la mirada es producto de la vida.
En todos ellos atisbo alguna luz provocada por el hecho de sentirse vivos, de saberse a un lado de la trituradora de pensamientos, de ideas, de convicciones, de conocimientos que es la nada existencial promovida por tanta bazofia informativa.
Cierro los ojos y veo las imágenes del Muro -The wall-, de Pink Floid y me niego a aceptar, ante las esperanzadoras miradas de estas peregrinas y peregrinos que el mundo ha perdido el norte y está condenado a repetir errores del pasado.
Fortaleza y ser frente a banalidad y estúpidas propuestas de influencers que no se creen, que no practican, que no sienten aquello que predican.
Conocimiento ante ignorancia. Esfuerzo y trabajo ante desidia y abandono.
Saco fotos. Muchas fotos. Todo me estimula, todo me atrae.
Oigo música. Son voces de un grupo juvenil. Pasan a mi lado, saludándome. El grupo lo componen ochenta jovenes del I.E.S. Virgen de la Paz, de Madrid y sus profesores.
Singularidad en cada una de ellas, en cada uno de ellos. Un pañuelo, unas botas, una pieza de ropa, una pegatina en su mochila... su forma de caminar, el movimiento de sus brazos, su pelo al viento... Poco a poco, en el Camino va mostrándose como es cada una de ellas, cada uno de ellos. Hay manifestaciones, pensamientos, diálogos, silencios, pero en todo ello hay comunicación y esperanza. Mientras caminan, la mayoría de las personas observadas no portan móviles en sus manos. Como en un teatro, como en un cine, sus móviles permanecen en silencio.
Hay bares y albergues en el Camino. Hay peregrinos descansando en Gonzar, en Castromaior, en Hospital da Cruz, en Ventas de Narón, en Ligonde...
La lluvia, escasa pero persistente, ha cubierto de charcos y lodazales una buena parte del Camino, pero la gente es paciente, camina lenta pero segura por estas zonas encharcadas, algunos se ayudan de sus bastones y otros disponen de buenas botas.
Muchos portan pesadas mochilas -es notoria su poca experiencia en Caminos jacobeos- cubiertas ellas por vistosos protectores impermeables. Su imagen me recuerda el caparazón de una tortuga, lenta y pesada o, mejor aún, la giba de un solitario dromedario. Sonrío. Los extensos bosques de eucaliptos uniformizan el paisaje, y traen a colación la controvertida dicotomía: bosques autóctonos o bosques madereros como los eucaliptales, protección de la biodiversidad propia o enriquecimiento económico a través de especies arbóreas introducidas.
Mientras, ampliando la mirada, nos envuelve un paisaje único, un paisaje nuevo en cada vuelta. Sin duda, el escenario natural gallego.
Y gallega es también la sinfonía de las aves que en cada bosque escucho y siento.
Y el de las cigüeñas que, ahora silenciosas, llevan ramas en sus picos para hacer que el viejo nido, se vuelva nuevo.
Los cuervos graznan, son cuervos negros, que limpian los prados y las cunetas de pequeños animales muertos.
Y mientras camino, ya del infantil grupo lejos,
observo las niñas y los niños observo
jugando con Alexandra, la joven docente
y allá lejos, en la cabeza de tan infantil concierto,
con paso decidido y mirada al cielo, otra docente
el fin de su Camino observa, y no sólo es el Jacobeo,
sino aquel de la enseñanza a quien se entregó con estudiado celo,
y observa la nueva savia, hermosa joven llena de amor y anhelo,
como juega con los niños, como se entrega con total esmero
y sabe que en mayo finalizará este Camino
y en junio finalizará su sueño,
el viejo sueño de entrega a la enseñanza
que ahora regresa, pleno de gratitud y eterno.
Bon Camiño, compañeira. Chus irmá, moito te quero.

José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y de la vida. Escritor y educador ambiental.
Espiño Meilán, José Manuel
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