Tiempo de besos y abrazos
Timiraos, Ricardo - viernes, 17 de julio de 2026
A veces pienso que la Tierra debiera coger vacaciones para que el pesar huya y no nos tenga que doler Venezuela; para sentir misericordia por Gaza, para descansar de tipejos como Donald Trump... y montones de problemas que no nos dan tregua como guerras, miseria, abusos y un sinfín de dolores que no apagan ni las vacaciones ni las pócimas. Sin embargo, es tiempo de asueto, de disfrutar del derecho que todos debiéramos tener al descanso. Es tiempo de vacaciones y con ellas tiempo de besos y abrazos. Besos para la intimidad y abrazos mutuos que tantas y tantas veces soñamos. Besos de enamorados, que saben a sinceridad, a compromiso, a valentía para afrontar problemas y también ojos para ver el cielo y sus luces fugaces sumergidas en el mar de los sueños.
Es tiempo de abrazos profundos, sinceros, alegres como con los seres queridos; abrazos también secos, distantes, hipócritas, llenos de convencionalismos sociales, que nunca somos capaces de desterrar. Abrazos de tiempos pretéritos que un día llegan sin contar con ellos; abrazos de gente que mutuamente nos queremos siendo tan dispares; abrazos de criaturas que conquistan nuestro corazón con su inocencia. Abrazos que nunca son bastantes porque nos ata la cursilería; abrazos siempre debidos y que nunca encuentran el momento; abrazos imposibles porque el mundo está hecho de estúpidas normas. Hay abrazos de mil formas: de miradas, de corazones, escondidos, de deseo, de de ternura, de complicidad... pero esta vida es tan falsa que también tiene abrazos de compromiso o de pamplina. Hay tantos abrazos como deseos de abrazarnos y es que hay abrazos que amarran hasta... los sueños. ¡Qué pena que el abrazo, siendo tan barato, sea tan escaso!
Si cada edad tiene una perspectiva, desde mi otoño el abrazo ya está muy estrujado. Ya vive en el silencio y nada reclama, simplemente observa su cada día más pequeño mundo y abraza la vida con la gratitud del que es afortunado. Por las rendijas de los dedos se han ido los abrazos gastados, como los de los demás. Y, aunque uno haya vivido para buscar rosas, sin duda también encuentra sus espinas y sus abrazos rotos; pero en ese camino de la vida vale la pena seguir repartiendo abrazos, aunque ya huelan a descafeinados. La vida cobró su tributo de aroma, pero los abrazos del alma, añejos como el buen vino, ganan el sabor que aporta la edad.
Los abrazos siempre caminan con nosotros y sueñan con abrazar a la familia y las gentes que nos acompañan. Evidentemente, dejando la familia para la intimidad, el abrazo se convierte en el lenguaje de los amigos. La amistad no elige a sus miembros, ni necesita navegar en barcos codiciosos, ni se rompe con la distancia, ni la destruye el tiempo. Los verdaderos amigos siempre valen la pena. Cierto es también que en la vida de cada cual también existen decepciones, que cada cual tiene sus jirones que remienda como mejor puede, pero lo importante es salir a flote y arrojar lastre con discreción y perdón. El buen amigo te acepta como eres y no necesita explicaciones. Tampoco pasa facturas.
Los amigos son esas flores que la vida nos presenta y afortunados somos al disfrutar su aroma y belleza. Siendo variadas en color, forma y aroma, todas forman un ramillete que como los amigos, la vida nos regala. La amistad también requiere ser regada, cuidada, nutrirla, y adecuar su entorno a sus necesidades.
Decía Aristóteles: "La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas". Así que ahora es tiempo de abrazar al amigo, estrujarlo, reírse con ganas, porque toca disfrutarlo. Por eso es la época del año que más me gusta y, si podemos compartir ¿qué más podemos pedir? Sin amigos yo no sabría vivir. Así que mis besos y abrazos, múltiples y variados, son para ellos allá donde estén.

Timiraos, Ricardo