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Peter Handke

Espiño Meilán, José Manuel - domingo, 12 de julio de 2026
Dedicado a Anxo, un querido amigo a quien jamás recomendaría las lecturas de Peter Handke,
no por falta de calidad pues la originalidad, narrativa y formas expresivas de este escritor
son extraordinarias, sino porque, aficionado a todos los deportes, estas lecturas las consideraría
propias de un nivel de Champions League o Primera División -le encantan los símiles futbolísticos-
y el disfrute del placer de la lectura en otras divisiones de categoría inferior -al menos así
lo considera-, le son más fáciles de abordar y comprender, sin necesidad de provocar
quebrantos en su cabeza y por lo tanto, se le tornan mucho más placenteras.

A Peter Handke, escritor austríaco, se le concede el Premio Nobel de Literatura en el año 2019. Pero, ¿podré decir algo de su obra si en verdad, tras la lectura y relectura del primer libro aún no me he recuperado?
Peter Handke Es Peter Handke el onceavo Premio Nobel de Literatura que analizo con cariño a través de sus libros. Siempre he dicho en estos artículos que dichas valoraciones están enmarcadas en mis limitados conocimientos literarios y en la manera muy personal de acercarme a sus obras.
No se puede negar que todos los escritores tratados: Olga Tokarczuk, Jon Fosse, Orhan Pamuk, Han Kang, Ernest Hemingway, Annie Ernaux, Abdulrazak Gurnah, Gao Xingjian, Louise Glück y Hermann Hesse me impresionaron de un modo u otro. Su narrativa provocó en mí, unas veces admiración, otras pasión, temor, curiosidad, belleza, nostalgia, compasión, miedo... pero siempre admiración por su depurada técnica narrativa, por el logrado ensamblaje y construcción literaria de cada una de sus obras.
Peter en un principio no (tengo que reconocer que variaría mi parecer con la lectura de su segundo libro). Peter es capaz de urgar en los sentimientos del ser humano anulándolos con sus personajes, convirtiendo a éstos en meros transmisores carentes de ellos, de moral y de reglas sociales.
Y eso fue lo que me transmitió la primera lectura de su obra: "El miedo del portero al penalty".
Ya el preludio presagiaba que Bloch no era un personaje al uso, un ser humano más.
"Era un bonito día de octubre".
Por eso no voy a analizar su trama argumental, ni siquiera hacer una valoración sencilla, sólo presentarles un par de párrafos con los que invitarles a imaginar el discurrir de la obra:
"La camarera fue detrás del mostrador. Bloch puso las manos encima de la mesa. La camarera se agachó y abrió la botella. Bloch apartó el cenicero. La camarera cogió al pasar un posavasos de otra mesa. Bloch echó la silla hacia atrás. La camarera sacó el vaso del cuello de la botella, puso el posavasos sobre la mesa, coloco el vaso encima del posavasos, vació la botella en el vaso, puso la botella en la mesa y se marchó".
Si nos adentramos en la novela, es posible entender el inicio del prólogo de Javier Tomeo: "He aquí una novela de difícil interpretación, pero que acaba subyugando a los lectores más exigentes".
"Él se encontraba aquí, en el linde del bosque, allí estaba la casucha de un transformador, allí una lechería, allí había un campo, allí se veían unas cuantas siluetas, allí, en el linde del bosque, estaba él".
Peter Handke Su obra teatral tiende al experimentalismo, a explorar nuevos conceptos y representaciones del mundo, rompiendo con las convicciones establecidas. En resumen, rechaza modelos anteriores y rechaza el gusto popular, embarcándose en una búsqueda incesante de nuevas formas de expresión.
No les niego que tuve que buscar razones que me justificaran su modo de expresarse, sus giros narrativos, sus formas reiteradas de utilizar los mismos términos una y otra vez, consiguiendo sorprendentemente, mantener la atención y poéticos resultados.
El segundo libro de Handke que pude leer y esta vez disfrutar lleva por título: "Don Juan (Contado por él mismo)"
"De un modo seductor, que unía todos los sentidos, se presentaba la región que estaba al pie de la montaña, o la región abalconada, y luego se desenmascaraba como algo literalmente repulsivo e inaccesible. Hacía señas, como un imán, para que uno se dirigiera a su interior, pero luego no había interior".
Este es Peter Handke. Lectura severa donde es necesario centrarte sólo en eso: leer. Sus lecturas precisan de toda nuestra atención, de una férrea dedicación a seguirlo línea a línea, párrafo a párrafo. Se sabe un escritor brillante y lo es. He leído esta novela de un tirón y sobre la marcha deseaba hacerles llegar mis sensaciones.
"Brillaba el suelo de madera a sus pies. Reían y brillaban las manzanas del año anterior, en un cuenco, unas manzanas que no obstante eran en realidad rugosas y mates. Incluso las arañas comunes y las arañas de patas largas que había en el revoque de la sala, manchado por el humo, tenían una especie de resplandor".
Si partimos del arquetipo del Don Juan Tenorio de José Zorrilla, nos sorprenderá la puesta en escena que sobre su autobiografía nos hace este Don Juan en la prosa de Handke. Un Don Juan desorientado, atormentado, quien sólo siente pena y desesperanza y a quien la presencia de las mujeres inquieta. No hay amor, pasión ni sexo en toda la novela. Nada del seductor y libertino. Es un Don Juan vencido por la pérdida de su hijo, único ser a quien amó. En verdad, no puede uno negar que me sorprende la imaginación y maestría literaria de este incansable explorador del lenguaje. Y es que Peter Handke es un pensador, ensayista, novelista, dramaturgo y cineasta y todo este potencial lo pone al servicio de sus novelas.
"Ella apareció cuando la luna estaba siendo velada por la tormenta de arena que se levantaba del suelo. Antes de su llegada no se había podido oir ningún tipo de pasos que la anunciaran. Ella estaba simplemente allí".
Su obra se ha visto reconocida con los premios más prestigiosos, antes de recibir el mayor galardón, el Nobel. Un Nobel controvertido pues varios paises -Albania, Bosnia, Eslovenia…- se alinearon para boicotearlo, una vez que sus manifestaciones proserbias negaban el genocidio y defendía al líder Milosevic juzgado por crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio.
Dos obras más desfilaron bajo mis ojos. La primera "La tarde de un escritor" me retrató -retrata a todos los que compartimos el placer, la responsabilidad y la agonía de escribir-, de un modo u otro. No de un modo simplista y superficial sino desde una visión introspectiva de análisis profundo sobre la realidad cotidiana y el desarrollo personal.
"He empezado a escribir bajo el signo del relato. Hay que seguir. Dejar que las cosas existan. Hacerlas plausibles. Exponerlas. Legarlas. Seguir elaborando la más fugaz de las materias, tu aliento; ser su artesano".
En esta novela creo acertadas las reflexiones que aparecen en la contraportada, no hay duda que el escritor prosigue su personal indagación en las relaciones del hombre consigo mismo y con todo aquello que está a su alrededor: personas, cosas, circunstancias, animales, nieve, oscuridad, soledad, vacío…
"Oía sólo las palabras, no su sentido"
La última lectura de Peter Handke la realicé anoche. Su título "Desgracia impeorable". Su lectura no me llegó en el mejor momento pues hay un nexo común en su argumentario: la muerte de la madre. Acaso la salvedad de la vida breve de la suya -cincuenta y un años-, y su muerte por suicidio -víctima de dolores insufribles y pérdidas de control asociadas a desequilibrios mentales y emocionales-, suponga una distancia sideral con la de mi progenitora, nonagenaria avanzada -noventa y seis años- y de feliz tránsito por la vida, marchándose de este mundo sin darse cuenta mientras dormía, sin aparente dolor, en pos del descanso eterno.
Una frase resume para mí la esencia de la vida de esta mujer, la comprensión de la obra gestada por Peter Handke, el porqué, el cómo y las razones personales que le llevaron a realizarla. Sin duda alguna, para entender todo esto es necesario una lectura sosegada.
"Ella era; fue; no fue nada."
Me quedo con lo expuesto, es para mí un escritor brillante de difícil lectura. Tal consideración supone para mí una obligada recomendación, leer nuevas obras de Peter Handke y madurar esta, sin duda muy subjetiva, valoración personal.

José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y de la vida. Lector, escritor y educador ambiental.
Espiño Meilán, José Manuel
Espiño Meilán, José Manuel


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