Crítico e inadaptado
Mosquera Mata, Pablo A. - lunes, 13 de julio de 2026
Recuerdo con nostalgia mi estancia en Girona. Fui director de su hospital público. Disfruté de la hermosa judería cristianizada por una imponente Catedral. Fueron mis últimas actuaciones como Funcionario del Estado pues pertenecía por oposición al cuerpo de élite en la sanidad española de los Médicos Inspectores del Instituto Nacional de Previsión sito en el Ministerio de Trabajo. Un buen día me harté y pedí la excedencia voluntaria para dedicarme a la asistencia sanitaria tras otra de mis cuatro oposiciones. Estaba a punto de crearse el Ministerio de Sanidad y sería el Insalud quien se encargaría de gestionar la red de HOSPITALES Y CENTROS DE SALUD y así objetivar el derecho integral a la salud para los ciudadanos contribuyentes. Conviene recordar que las prestaciones del Servicio Nacional de Salud extendidas por el Estado de las Autonomías no son un favor que generosamente se nos presta. Es un derecho que estamos pagando obligatoriamente con nuestras nóminas y pensiones a través del IRPF.
Pertenezco a la sociedad civil. Soy el crítico de los críticos. Lo hago desde mi condición de ciudadano gallego, por tanto como fuente de derechos amparados por el bloque Constitucional -Constitución Española y Estatuto de Autonomía- Desde esa atalaya señalo que no me gusta nada lo que observo en mi entorno. Desde la deuda histórica con mi Galicia, pasando por el mal funcionamiento de los servicios y equipamientos públicos, o ya no digamos las comunicaciones o esa tolerancia- que nunca afecta a los liberados sindicales- con los vertidos industriales que junto a las carreteras, calores increscendo y cáncer son los tres grandes riesgos para morbilidad y mortalidad de la población en la antigua provincia de Mondoñedo.
Desprecio a los impostores/as. No es lo mismo ser administrativa en una notaría que ser notaria. No es lo mismo ser administradora de fincas que técnico titulado en derecho fiscal, asesoramiento para inversiones, cobertura jurídica o interprete de la Ley para la Propiedad Horizontal mediante el sumatorio con una mayoría de abducidos entre la indigencia cultural.
Desprecio el tufo de las fritangas bercianas, cuando mi querido e histórico puerto era asiento de patrones, honestos comerciantes, propietarios de molinos movidos por las aguas de los ríos, y desde luego aquellos Sénecas tras el mostrador de una cantina portuaria, de las que hasta Álvaro Cunqueiro llegó a proclamar que " barberías, dulcerías y cantinas eran patrimonio de nuestra humanidad". ¡Cómo le echo de menos!. O como la voz inigualable de Pucho Boedo interpretaba los poemas de Curros, Rosalía, Celso Emilio, Pondal, mientras otros oportunistas desde el sur de León ponían voz de cenobio dominico -inquisidores- a nuestros hijos más ilustres de las letras galegas.
Sigo visitando ese Casco Histórico de la inmortal ciudad del Landro, de la que es Cronista Oficial mi querido ilustre profesor y guardián del patrimonio y gracias a su generosidad, Carlos Nuevo Cal. Sigo aprendiendo de esa Cátedra de "un mar de cultura" que conforman los domingos en Porto Celeiro esos recios hombres que anduvieron a la mar y salvaron la piel en aquella triste galerna de julio por 1961. Son la última fila de una generación dura y trabajadora que nos enseñó como no debíamos mandar nada que no fuéramos capaces de enseñar con nuestro ejemplo.
Termino dónde empecé. En aquellas noches por las calles de la ciudad vieja medieval de Girona, en una sinagoga celebrando un Sabbat, un amigo me dijo. ¡Qué cambien los demás!.

Mosquera Mata, Pablo A.
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