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A rede que atrapou a Mamede Casanova

Rivero, Manuel - miércoles, 29 de julio de 2026
A noite do 15 de novembro, a casa reitoral de San Xoán do Freixo converteuse no escenario perfecto da crónica negra galega. A prensa da época, a base de titulares e co relato dos feitos, recreou a captura de Mamede Casanova con trazos de heroísmo coa misión de engrandecer a figura do párroco, o vilalbés Antonio Prieto Poupariña, e a de degradar a de Mamede. Fixérono a base de suposicións tendenciosas dirixidas a afianzar o perfil do bandoleiro cruel e aterrador que tanto odiaban nas terras do Sor.

Os reloxos daquela xornada foron marcando os fitos da armadilla psicolóxica de cinco horas onde o engano do crego e os intereses cruzados teceron a rede definitiva que atrapou a Mamede.

Así narrou, minuto a minuto e desde a distancia, a crónica de Dafonte para La Correspondencia de España do día 16 de decembro de 1902, recollida da hemeroteca da Biblioteca Nacional de España (BNE):

UN BANDIDO CÉLEBRE
Cómo han preso a Casanova

Detalles curiosísimos.

Coruña 15, 9 n. [9h da noite]

Ya se ha averiguado, con toda clase de detalles, la forma en que fue preso el célebre forajido Mamed Casanova, nieto de Barreiro, el famoso teniente de Luis Candelas. En toda Galicia no se habla de otra cosa que de la captura de Mamed, y se leen con interés vivísimo los relatos de la prensa.
A la captura de Casanova ha contribuido su poca edad, pues solo tiene veintidós años.
He aquí la forma en que prendieron al famoso bandido:
El cabo de la Guardia Civil de Puente [As Pontes], Eulogio Gómez, vigilaba la parroquia de Freijo, lugar adonde Casanova acudía siempre que la persecución era activa y la Guardia Civil le iba pisando los talones.
Cuando no aparecía Mamed en la parroquia de Freijo, se presentaba en la de Cabañas, provincia de Lugo, para despistar así a la Benemérita.
Acompañaban al cabo Gómez dos guardias. Al pasar por Freijo no hallaron rastro del bandido y se alojaron allí.
Estaban los guardias para cenar, cuando, a todo correr, llegó un paisano, el cual les avisó de que Casanova entraba en aquel momento preciso en la casa rectoral.

El bandido y el cura.
15, 9:30 n.
Casanova, armado de escopeta y llevando al cinto un revólver, llegó a la casa rectoral al anochecer.
Su actitud era pacífica, pero resuelta.
Llamó a un vecino y diole encargo de que fuese a decir al cura que quería hablar con él. Casanova trataba de exigir al sacerdote una cantidad respetable.
El párroco, oyendo el recado del ladrón, se sobrecogió al principio; pero se rehizo después, acabó por indignarse y concibió rápidamente un plan de captura.
Encargó al vecino que fue a verlo:
- Dígale usted a Toribio (Casanova) que venga en persona por el dinero.
El bandido se negó a ir.
Entonces el cura, envalentonado, salió personalmente y llamó al bandido que estaba a dos pasos de allí.
El ladrón, con muchísimo respeto, le dijo que le entregara la cantidad de antemano exigida.
Contestóle el párroco que entrara a su casa, que allí se la daría.

Escena de teatro.
15, 9:50 n.
Cuatro veces hízole el cura indicaciones de que pasara a la casa rectoral y otras tantas se negó a entrar Mamed, diciendo que a él no se la daba nadie.
- «Sé -añadió- que la Guardia Civil me prepara una encerrona. De modo que déjese usted de palique y venga el dinero enseguida.»
Negó el párroco que la Guardia Civil anduviera por el pueblo, y mucho menos que pudiese estar oculta. Dijo que la pareja había pasado por allí a las diez de la mañana en dirección a Grañas y a Sor, y casi le suplicó que entrara por el dinero.
Aún se resistía Toribio, cuando el cura, aprovechando un momento en que le vio titubear, le cogió amistosamente la mano, porfiándole que entrara sin miedo alguno.
Abrió el bandido una navaja de a tercia; amartilló la escopeta, y así, armado hasta los dientes, fue a entrar, diciendo al atravesar el dintel:
- Esta noche es la última de mi vida. Esta noche muero.
Ya dentro, al ver que no había nadie y no sospechando de la amabilidad del cura, dijo a este que no quería dinero, ni nada, más que descansar y hablar con él.
Entonces el cura le convidó a cenar, y cuando llamó al ama para que aviase la mesa, le hizo señas disimuladas de que avisase a la Guardia Civil.

Esperando a que cene.
15, 10 n.
Cuando la Guardia Civil recibió el aviso, no tuvo gran confianza en capturar a Casanova, por la sencilla razón de que, como ya estaba sobre ascuas, seguramente no se dejaría coger.
Entonces el cabo llamó a tres vecinos y les dijo que entrasen a la casa rectoral con el achaque de hablar al párroco, y cuidaran mucho de dejar las puertas abiertas y ayudar a la prisión de Mamed.
En todo caso, les instruyó de que anduviesen listos, no fuese el ladrón, viéndose entregado, a asesinar al cura.
Al principio se negaron los labriegos, pues el temor que inspiraba Casanova era, realmente, muy grande. Pero ante las amenazas del cabo, cedieron al fin.
Entraron los tres a la casa rectoral. Casanova, al verlos llegar, receló y echó mano a la escopeta. El cura dijo que no había cuidado, que eran tres amigos que todas las noches iban a jugar con él su partida de dominó.
Mientras ocurría esto en la casa, el cabo puso a un guardia a la puerta de atrás del edificio y al otro en la puerta principal. Así estuvieron tres horas, mientras el bandido cenaba; los guardias, acechando, y los vecinos y el cura dándole conversación para que no entrara en sospechas.
Pero Casanova no las tenía todas consigo, como se verá después.

El bandido, furioso.
15, 10:20 n.
Por no se sabe qué giro de la conversación, el bandido entró en sospechas. Se levantó de pronto, se echó la escopeta a la cara, y dijo a voz en cuello:
- «Esta noche os mato a todos si queréis entregarme.»
Los obligó a ponerse en fila en la pared, y gracias a que el cura logró tranquilizarle, no los mató a todos.
Por fin dijo que se iba a marchar y que le dieran el dinero. A todo esto seguía con la escopeta amartillada.

Serenidad del cura.
15, 10:35 n.
En vista de que habían transcurrido cinco horas y de que no parecía la Guardia Civil, el cura invitó al bandido a café, y fingiendo que el ama tardaba en servirlo, salió a darle prisa, diciéndole a Mamed que se sentara. Él se sentó, pero teniendo la escopeta entre las rodillas. Entonces el cura avisó disimuladamente a los guardias, y después, con gran serenidad, comenzó a pasarse delante del bandolero, diciendo que tenía frío en los pies y que iba a entrar en calor paseándose.
En seguida, rápidamente, entró en la habitación el cabo, al tiempo que el cura y los tres vecinos se echaban sobre Casanova.

Lucha terrible.
15, 10:50 n.
Se trabó entonces una lucha terrible, verdaderamente épica. Cinco hombres sujetaban a Mamed, y Mamed, solo contra los cinco, se revolvía como una fiera.
El cabo le tenía sujeto por un brazo; uno de los vecinos por el otro, y el cura y los otros dos vecinos luchaban para quitarle las armas.
Mamed dio un empujón desesperado, logró desasirse de los cinco, se desenganchó el revólver y lo disparó. Un campesino cayó redondo al suelo; tenía un balazo en la cadera.
Se armó entonces una tremolina feroz. Al sonar el tiro, el guardia que acechaba en la puerta entró con el mauser amartillado y lo disparó a boca de jarro sobre Mamed.

Ni Diego Corrientes.
15, 11 n.
La bala le entró al bandido por la clavícula izquierda y le salió por debajo del omóplato.
Al sentirse herido, en lugar de abatirse, Mamed se puso furioso, frenético.
Mordía, arañaba, lanzaba blasfemias terribles, se puso, en fin, que daba horror.
El cura lo tenía sujeto por la espalda, y los demás forcejeaban inútilmente por desarmarle. Como traía sujeto el revólver a la correa, hubo que cortar el cinturón. Por fin, entre todos, lo tiraron al suelo y lo amarraron fuertemente.
Así atado, que no se podía mover, lo echaron en la cama.

Mamed en la cárcel.
15, 11:30 n.
En la misma cama confesó con el propio cura, y de manos de este recibió la Comunión.
El médico Puentes le hizo la primera cura y en una camilla fue trasladado al Ayuntamiento, ingresando después en la cárcel de Ortigueira de donde, como ya telegrafié, se fugó dos veces el año anterior.
Estando herido de gravedad y sin poder moverse, aún se le vigila estrechamente por empleados de la cárcel y guardias civiles.
Esta crónica minuciosa e trepidante de "La Correspondencia de España" fixou na historia o mito oficial da captura de Mamede, na que os protagonistas foron: un crego frío, calculador e valente, unha patrulla da Garda Civil na procura dun fuxido indomable e uns labregos sumisos a pesar dos riscos que corrían.
Detrás desta historia ben tecida a través da crónica de 1902, agóchase unha realidade moi diferente que abordaremos no vindeiro artigo, titulado "O reverso da lenda: A verdade oculta tras a captura de Mamede Casanova", onde rescatamos os testemuños directos e as investigacións que os descendentes daqueles labregos conservaron na memoria oral.
Rivero, Manuel
Rivero, Manuel


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