Decía Jorge Manrique...
"...Cuán presto se va la vida, cuán presto se va el placer..."
LA VOZ GUARDA SILENCIO
Hace algún tiempo ya, pero demasiado pronto se me fuera uno de los personajes del mundo audiovisual más querido por mí, de cuantos he conocido en cincuenta años de profesión. Que me disponía yo a pasar las horas muertas del domingo pasado mirando a las nuevas rosas que me trajo el verano, cuando la negra sombra cubrió un programa de esos de La 2

para recordarme la partida del compañero con el que pasé una de las más agradables etapas de mi vida, en Radio Nacional de España.
Constantino Romero, Tino para los amigos, nunca tuvo un mal gesto hacia nadie... pese al mucho trabajo que le pesaba al final de cada jornada, porque...
- Déjame despertar, Xerardo, que te juro que aún no sé dónde estoy esta mañana.
Recordando su currículum, no me extraña que necesitase un par de horas más para dormir...
Eso me pasa a mí también cuando escucho, en las madrugadas de RNE 1, ahora que solo soy oyente, a Isabel Gemio, que es la voz femenina con más matices de la radio española.
La voz masculina, la que todos envidiábamos, era la de Constantino. Un día le pregunté si su tono siempre había sido tan grave y limpio a la vez...
- En realidad tengo la misma voz desde que era un adolescente, pero es obvio que a medida que pasas horas en el estudio, sobre todo en el de doblaje, cuidas mucho más los matices porque has adquirido una técnica.

La voz es un don con el que naces; pero los matices, la técnica... ¡Hay que trabajarlos mucho para conseguir ser Clint Eastwod y al mismo tiempo el Rey León!
Esta foto, que entresaqué de mi álbum más íntimo, pertenece al acto de la firma de su contrato con RNE, allá por el 92, cuando nos obsequiaba con unas "mañanas" muy diferentes que algunos criticaron, aunque otros reconocieron el aire fresco que Tino aportaba a una radio infestada de política...
- Ostras, pone a West Montgomery... ¡Qué bueno!
- Hombre, el jazz no es muy popular...
- Pero son dos minutos de dos horas...
Ya te digo; estábamos ante un monstruo de la comunicación hablada y aún había algún directivo que se atrevía a criticarlo.
En la tele, Tino, siempre fue otra cosa: porque una imagen te entrona o te destruye. Y a él, sus programas, aquellos concursos, incluso los especiales de TVE en los que cantaba junto a Joaquín Prat, lo elevaron a la categoría de estrella a pesar de que en aquella época había una auténtica constelación.
Recuerdo cuando rodamos un spot para anunciar su programa de radio... Estábamos con media humanidad en el plató más grande que tenía TVE, en los antiguos estudios Samuel Bronston del madrileño Paseo de La Habana...
- Xerardo... ¿Falta mucho para que se acabe este suplicio?
- Yo creo que ya nos vamos, mentí...
La paciencia era su virtud de lo contrario no repetiría la misma frase cien veces aquel día, entre las diez de la mañana y las doce de la noche, con breves pausas para tomarse un sándwich...
Era uno de los grandes genios que tenía este mundillo al que me honraba pertenecer y que ahora motiva mis horas de desánimo. Porque cuando establezco, de forma odiosa, sí, las inevitables comparaciones... no encuentro palabras para definir lo que está pasando.
Ahora sé que Jorge Manrique tenía mucha razón... Sin Tino queda un vacío de placeres.