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Epistolario de Lino Novás Calvo con José Antonio Portuondo Valdor (1948-1594)

Rivero, Manuel - lunes, 10 de agosto de 2026
Neste período de cinco anos, o intercambio de correspondencia entre estes dous intelectuais, pasou por momentos de admiración, apoio e de gratitude; de silencio e de certo distanciamento.
A través dos textos descubrimos ao Lino Novás, resiliente; rexo como un carballo; ao auténtico corredor de fondo, que a pesar da angustia vital; bloqueado, desalentado; do cárcere interior, que o tiña espremido, asediado, angustiado e que o envolvía no círculo vicioso do sufrimento intenso; das cesantías; do deterioro económico e vital e da quebra de expectativas. A pesar, das múltiples adversidades, aprendeu a aguantar e sacou forzas, de onde semellaba que non había e saíu adiante, a base de tropezos, de superar crenzas limitantes, de contar con apoios que non esperaba, fuxir das ameazas e descubrir oportunidades que antes non visualizaba.

A mente lúcida de Lino, fixo a radiografía dun país e dunha sociedade corrompida, que estaba quebrando as barreiras da ética, que se convertera nun desfile de máscaras e de monicreques. Mostra un país, apolillado e carcomido, cun pasado espléndido, un presente deteriorado e un futuro preocupante e incerto, que vai camiño do precipicio.

"[La Habana] 9 de agosto de 1949.
Querido José Antonio:
Esperando un momento de paz, he tardado en escribirte. Y como ese momento no llega, te escribo de todos modos, aunque solo sea para decirte que no te olvido. Es que no tengo nada interesante ni confortador que decir. Cuando se encuentra uno apretado, sitiado, poco puede hacer, sino pensar en sí mismo, y en lo que le afecta más. Por la misma razón, mucho me temo que tus generosas esperanzas respecto a mi trabajo literario se queden en eso: esperanzas.
También, por lo mismo, poco puedo decirte de otras cosas que nos rodean. En todo caso, sería muy incompleto, y te enterarás mejor por personas que se hallen menos angustiadas que yo. Desde que subió Prío1 todo se me ha ido deteriorando (...) Voy a hacer las oposiciones, para que no me puedan decir que soy una excrecencia (...)
Daría cualquier cosa por no tener nada que ver con el gobierno ni su gente - ni con la prensa, ni con la radio, ni con la mayoría de la gente que conozco (...)
El mal de Cuba hoy no es sino eso: simulación. Todo se simula, se imita, se plagia. Nada se crea, y nada se respeta, salvo el poder. Pero la simulación lo empapa todo, desde la criada de servir al más alto mandatario, pasando por las aulas y las redacciones (...)
Estamos, quizás, irremediablemente, ladinados".2

"[La Habana] 26 de diciembre de 1949.
Querido José Antonio:
Nos ha gustado mucho tu carta: por el efecto que nos trae, y porque vemos que te vas desenvolviendo por ahí. Eso es muy importante. Poder trabajar en lo que uno quiere, y que le reconozcan sus esfuerzos. No es mucho pedir, es mucho más de lo que nos dan acá.
Es dudoso que puedas ver, simplemente a través de Bohemia, lo que pasa por aquí. Nuestra vida social y personal se está complicando, y ni la prensa ni la radio la reflejan, sino por abstracciones. Abstracciones de abstracciones de abstracciones.
En cuanto a los del treinta,3 (...) nunca gentes tan chiquitas hicieron daños tan grandes.
Herminia y yo, sin más variación que el natural reajuste que nos ha impuesto mi cesantía. La niña va bien. Estos días está embulllida con su velocípedo (...) y yo hago de niñera (...)
Yo no estoy haciendo nada ahora. Francamente, no sé que hacer. A veces me paso horas moviéndome dentro del cuarto como un mono en su jaula. Voy de un lado para otro, con ideas, o buscando ideas, rebotando con los inconvenientes a su realización. Tropiezo con estilos, con argumentos; tropiezo con personas y tropiezo con ambientes. Mira a ver si me ayudas a salir de este atoallero".4

"[La Habana] 9 enero, 1950.
Querido José Antonio:
Gracias por tus buenos consejos: Las mejores consideraciones me aconsejaban ir a Washington. A pesar, de todo, he resuelto no ir. Ya escribí a Lleras Camargo.5 (...) Aquí esperaremos las buenas o las malas. No esperamos mucho, así que no nos sorprenderá lo poco. Después de lo que nos han hecho (el por qué verdadero todavía no lo comprendo, nadie sabe o no quiere explicármelo) no podemos tener grandes esperanzas (...)
No estoy haciendo nada. Casi nada de lo que he hecho me gusta y poco de lo que leo me sirve de modelo (...) No consigo conciliar una técnica, una emoción, una materia, y un propósito (...) Así que me doy cuenta de que carece de una forma sostenida y rompo todo lo que hago".6

"[La Habana] 9 de marzo de 1951.
Querido José Antonio:
Si la montaña no viene a mí, yo voy a la montaña. La montaña eres tú, una montaña que no escribe (...)
Yo, algo fastidiado de salud. Anduve corcoveando y sordo y en tratos malos con un psiquiatra. También me ha salido reuma en los dedos, y me cuesta mucho trabajo teclear. Todo esto parece ser de origen emocional o nervioso, pero no estoy seguro, y el médico tampoco".7

"[La Habana] 27 de diciembre de 1951.
Querido José Antonio:
Aunque por razones parecidas a las tuyas no soy buen corresponsal, te escribo pronto porque quiero enviarles nuestro saludo de fin de año. (...) El peor mal de Cuba - sigo creyéndolo- es que no acaba uno de afianzarse en nada.
Algunos datos de nosotros. Yo sigo consumiéndome y consumiendo a mi familia con mis angustias. (...) Estoy enfermo: el estómago, los intestinos, los senos...todavía los médicos no saben.
A pesar de todo sigo haciendo de tripas corazón. Ahora no gano más que el miserable sueldo de Bohemia, pero tengo alguna esperanza, por la ley que nos concede derecho de excedencia.
Esto de la enseñanza me ha hecho tragar buches muy amargos (...) Por consejo de Portell8 me matriculé en el Instituto de Idiomas en la Universidad. ¡Imagínate, a mi edad, y con tanto trabajo! Pero al menos tengo la satisfacción de coger al toro por los tarros. En las primeras "epreuves" (oral, composición, fonética) con profesoras francesas saqué la máxima puntuación, y eso que mi cabeza ya no está para esas pequeñas adivinanzas que son los exámenes. Es más la profesora de que me habló Mañach pidió licencia de seis meses en la Normal y yo voy a sustituirla en el curso que empieza en enero. (...) pero en la universidad son cuatro años, y siento ya que los años me están faltando (...)
Lo de las películas, por desdicha, no es oro todo lo que reluce. Para mí se reduce a doscientos pesos. Y no por culpa del productor, sino por el pobre mercado que tenemos, y un fantástico sindicato que se lo lleva todo y no deja hacer nada. Además, las concesiones ¡ay! Las concesiones".9

"[La Habana] 14-1-52.
Querido José Antonio:
Te escribo porque me has mandado La crisis de la crítica literaria. Si no, nada. Me debes carta. Berta [su mujer] vino aquí y no se dignó en darnos un timbrazo. No está bien.
Desde luego, comprendo. ¡Comprendo tantas cosas! Supe de ti por varias personas, pero ninguna me supo decir cómo te iba. Tú tampoco me lo dices. El folleto no trae más que una seca dedicatoria.
Te diré dos o tres cosas menudas de nosotros. En resumen, regular. He sido repuesto10. Mis amigos me botaron; otros que no conozco me abrieron los brazos. Ya es algo. Estoy en el tercer año de la Universidad, ¡A mi edad! (...) Pero estoy contento de haber demostrado, de estar demostrando, que no era un simulador, que conocía en efecto mi materia. Todavía me queda un poquito de orgullo".11

"[La Habana] 18-8-54.
Dr. José Antonio Portuondo
Querido José Antonio:
Recibí y recomendé bien el cuento de Corona al Director (...) Quisiera escribirte una larga carta, pero estoy un poco cansado, y son demasiado pesados los asuntos a tratar. Llego de Bohemia, Herminia y la niña están en Coney Island, tomo un bocado (mi estómago sigue regular) y tengo un deseo terrible de acostarme. Sin embargo, todavía tengo que estudiar un poco, pues me falta una asignatura (psicología) para terminar en el I. de I [Instituto de Idiomas] de la universidad, y quiero sacarla en septiembre (...)
Siempre los grandes escritores han aspirado a estremecer a las grandes masas. ¿Qué pasa ahora?
Por mi parte, estoy desalentado. Todo el mundo quiere escribir para Bohemia, y ocurre alguna de estas cosas: o bien que no saben escribir, que no saben simplemente redactar, o que lo que dicen no tiene emoción ni valor periodístico. Es un verdadero acto de esquizofrenia".12

[La Habana] 30 de octubre de 1954.
Dr. José Antonio Portuondo
Querido José Antonio:
Contesto brevemente a tu carta. Aunque hoy es domingo, he venido a trabajar -como todos los domingos- y todavía tengo tarea por delante. La enfermedad de la botella13 se ha extendido de las instituciones públicas a las empresas privadas: mientras unos trabajamos otros se tocan los huevos.
Respecto a los premios HC14también hay que tener huevos -o jalea en la cabeza- para hacer lo que están haciendo. Ya verás la primera mención del premio de premios (premio especial para premiados) (...) y me dicen que el primer premio (...) es todavía peor (...) Y así se está escribiendo la historia de las letras, que luego enseñarán así en institutos y universidades (¡honor a las excepciones!)"15.

NOTAS:
1. Carlos Prío Socarrás (1903-1977). Ocupó la Presidencia de la República entre 1948 y 1952.
2. Laberinto de fuego, pp. 146-148.
3. Se refiefre a los protagonistas de la revolución del 30.
4. Laberinto de fuego, pp. 146-148.
5. Alberto Lleras Camargo (1906-1990). En ese momento estaba al frente de la oficina de la Unión Panamericana, con sede en Washington
6. Laberinto de fuego, pp. 148-149.
7. Laberinto de fuego, p. 150.
8. Herminio Portell Vilá (1901-1972). Historiador y profesor universitario.
9. Laberinto de fuego, pp. 151-152.
10. Se refiere a reposición como profesor de francés en la Escuela Normal de Maestros de La Habana, cargo del que había sido destituido en 1949.
11. Laberinto de fuego, pp. 152-153.
12. Laberinto de fuego, pp. 153-155.
13. Cobrar salario sin trabajar.
14. Premio de cuentos del concurso Hernández Catá. Premio que obtuno Lino Novás en la primera convocatoria efectuada en 1942 con el titulado "Con un dedo encima".
15. Laberinto de fuego, p. 155.
Rivero, Manuel
Rivero, Manuel


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