Dar voz a quienes trabajan en silencio
Vaamonde Rodríguez, Jacobo - martes, 30 de junio de 2026
Cuando se produce una catástrofe de la magnitud de la recientemente ocurrida en Venezuela, cientos de personas salen a las calles a ayudar, donar o incluso viajar desde la otra punta del mundo con el objetivo de prestar ayuda.
Durante estos días, como ocurre cada vez que, por desgracia, hay una emergencia, las televisiones, radios o periódicos se hacen eco de las movilizaciones de voluntarios. Sirva como ejemplo el contingente desplazado desde Galicia o Madrid a Venezuela y formado por especialistas en el sector de las emergencias.
En muchas ocasiones, tienen que ocurrir grandes emergencias para valorar el carácter altruista de la gente. Si hace unas semanas escribía, con motivo de la solemnidad de Corpus Christi, sobre el importante servicio que prestan los voluntarios de Cáritas, entre otras muchas organizaciones, y sobre una labor cotidiana que, en demasiadas ocasiones, pasa desapercibida, hoy vuelvo a hacerlo.
Ayer, día de San Pedro, patrón de Melide, el ayuntamiento entregó la Medalla de Oro de la localidad, la máxima condecoración a personas e instituciones que concede el ente local.
En esta ocasión, uno de los galardonados fue Juan Carlos Curros Vázquez, jefe de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de Melide y que lleva varias décadas al frente de un servicio fundamental para la ciudadanía.
La agrupación en su conjunto ya obtuvo el reconocimiento en el año 2007 y 2021, la segunda vez de forma colectiva junto al resto de servicios que trabajaron en la pandemia, pero su jefe no había sido reconocido de forma individual.
Con esta distinción no solo se reconoce el trabajo de un coordinador, sino el compromiso de una persona que permanece disponible las 24 horas del día, los 365 días del año, para ayudar a sus vecinos. Juan es, para muchos melidenses, Protección Civil.
En muchas ocasiones, hacen falta estos reconocimientos o que una catástrofe nos golpee de cerca para darnos cuenta de la importancia de las personas voluntarias. Estoy seguro de que los valencianos que en 2024 sufrieron los efectos de la DANA nunca se olvidarán de ellos.
Pero en el día a día, solo en Galicia, hay más de 4.000 voluntarios repartidos entre las diferentes agrupaciones de Protección Civil de las cuatro provincias que se disponen a ayudar cuando más se necesita.
Aunque recibir una medalla o participar en un gran operativo pueda parecer extraordinario, lo verdaderamente extraordinario es la labor silenciosa que, cada día, realizan cientos de voluntarios de distintas organizaciones para que el resto podamos vivir con normalidad.
Ojalá el reconocimiento que ayer recibió Juan sea solo una pequeña parte de lo que podemos agradecer como ciudadanos, y que en él, reconozcamos la labor de miles de voluntarios que trabajan de manera silenciosa en nuestros pueblos y ciudades.

Vaamonde Rodríguez, Jacobo
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