Del Hospital de Caridad a la asistencia sanitaria universal
Acercándome al final de esta serie de artículos en que he tratado de dar a conocer la Concepción Arenal que he descubierto desde la pastoral penitenciaria, me atrevo a dejar aquí una pequeña narración de ficción escrito a raíz de un certamen de microrrelatos que tenía como tema guía el 50 aniversario del Hospital Arquitecto

Marcide en el que he trabajado los últimos 35 años.
Bajo el título de UNA OBSERVADORA PRIVILEGIADA, imagino una reflexión de la pensadora y escritora ferrolana desde la estatua que su ciudad natal le dedicó:
"De mis tiempos solo recuerdo un hospital. El de Caridad. Sí, ese al que actualmente le habéis dado el nombre del también ferrolano Gonzalo Torrente Ballester, ahora convertido en centro cultural dinamizador de exposiciones y eventos culturales de mi ciudad natal, y que está ubicado en una calle bautizada con mi nombre.
Sin embargo este año 2026, en Ferrol sólo se habla del 50 aniversario de otro hospital, el Arquitecto Marcide. Viví tiempos de grandes dificultades para atender los problemas de salud especialmente para los que entonces llamábamos pobres. Me dí cuenta que para ayudar no solo basta querer hacerlo sino que hay que saber. Por eso escribí el Manual del visitador del pobre que tanto dicen sirvió a muchas personas e instituciones para organizar la atención. Veo con satisfacción, desde esta estatua en que vigilo la avenida de Esteiro, que afortunadamente los esfuerzos que emprendí desde la caridad y compasión para atender a los más desfavorecidos, se han consolidado en mi ciudad ahora "Desde el Principio de justicia haciendo posible una atención sanitaria universal". El Hospital Arquitecto Marcide, a través de sus profesionales y pacientes, ha sido esencial para conseguirlo."
Juan Antonio Garrido, médico internista y experto en bioética