Finalización del viaje apostólico de León XIV a España en Cataluña y en Canarias (18-VI-2026)
Yturriaga, José Antonio - martes, 23 de junio de 2026
Tras el notable éxito de su visita a Madrid, León XIV se enfrentaba a sendos viajes a Cataluña y a Canarias, en condiciones bien diferentes por las peculiaridades propias de las dos Comunidades: El nacionalismo secesionista de la primera y la insularidad de la segunda, agravada por la inmigración irregular.
La mal-venida al Papa de sectores independentistas catalanes
El 4 de junio, 5 antiguos presidentes de la Generalitat -Pujol, Mas, Puigdemont, Torra y Aragonés- 6 ex-presidentes del Parlament, la ANC, Omnium Cultural y el Fútbol Club Barcelona publicaron en la prensa un mensaje al Papa, en el que afirmaban que Catalunya no había sido nunca un país que levantara muros, todo lo contrario (¿?), y en el que su lengua e identidad nacional habían sido perseguidas. Le esperaban con la señera y la bandera de la Santa Sede, para "rogar juntamente con vos, en la lengua en que nos dirigimos a Dios". La lengua ha sido utilizada esta vez como principal motivo de agravio del permanente victimismo nacionalista. Ya lo anunciaron los jefes de filas de Junts en el Congreso y en el Senado, Miriam Nogueras y Eduard Pujol, quienes se dirigieron a León XIV en inglés y en italiano durante la presentación de los parlamentarios. En contra del protocolo y del decoro, la diputada retuvo físicamente al Papa y lo aleccionó diciéndole: "Soy catalana como Gaudí. Dirigirse a los ciudadanos en la lengua propia del territorio que se visita es una muestra de respeto y cercanía hacia la población local". El Papa no tuvo que ponerse el pinganillo porque habla italiano y algo de inglés, aunque sea con acento americano. Podía haberle contestado en quechua, pero lo hizo poco después en un perfecto castellano en su discurso ante las Cortes, al afirmar que "España cuenta con una lengua que une continentes", y añadió que, cuando una persona era discriminada por su origen lingüístico, "se vulnera gravemente el principio universal de igual dignidad de todos los seres humanos".
Puigdemont, y los dirigentes de Junts hicieron cuanto pudieron para que la visita de León XIV a Cataluña fuera un fracaso, al dirigir un llamamiento a los barceloneses para que salieran en manifestación con pitos y estrelladas para abuchearlo, pero fracasaron de forma rotunda en su intento, ya que apenas se hubo protestas. Un centenar de energúmenos se manifestaron en las proximidades de la Sagrada Familia, donde fueron increpados por jóvenes católicos que ondeaban banderas españolas y que los acallaron con gritos de "!Viva el Papa, Viva España!". Los independentistas trataron utilizar al Papa para potenciar su causa victimista y el catolicísimo presidente de la Generalitat, Salvador Illa, se unió a la partida al darle la bienvenida a la "nación" catalana. León XIV se escabulló de los cantos de sirena nacionalistas y convirtió la unidad y la concordia en el hilo conductor de su visita a Barcelona, y en diversas ocasiones se refirió a la "región" de Cataluña, lo que soliviantó al nacionalismo. Como ha observado Joaquín Manso, la elección del término "región" no era inocente, porque suponía corregir de raíz la gramática sentimental del independentismo. En cuanto al supuesto agravio lingüístico, el Pontífice practicó un impecable bilingüismo, utilizando indistintamente y con fluidez las dos lenguas oficiales de Cataluña.
León XIV consiguió el pequeño milagro de que Sánchez -que se ha autocalificado de ateo a secas- acudiera a misa y, no solo él y su consorte, sino también hasta 14 ministros 14, del acreditado Gobierno progresista, que abandonaron al Papa en la multitudinaria misa en la plaza de Cibeles, a la que únicamente asistió la ministra de jornada que acompañaba al Rey. ¿Por qué sería? Puede que se debiera a que Cataluña es uno de los pocos rincones de España en los que el presidente puede salir a la calle sin que lo abucheen. En cuanto a la superabundancia ministerial, ha sido explicada por Leyre Iglesias, porque -al no haber presupuestos generales, ni legislatura- no tenían mejor cosa que hacer que asistir a una misa en Barcelona, como si fuera la Casita de Bad Bunny. Dado que el Papa es una figura carismática que atrae a las masas, hay que chupar rueda, porque al que a buen árbol se arrima, buena sombra se cobija. La situación ha sido descrita con gran sentido del humor en El Mundo por Idígoras y Pachi, en una viñeta en la que aparece Sánchez vestido de monje, con un crucifijo y un halo sobre su cabeza, bajo el titular de San ONE de la Cruz.
El Pontífice ha tenido en Barcelona una actividad tan intensa y estajanovista como en Madrid, especialmente con su participación en diversas ceremonias religiosas:
1.-Hora sexta en la catedral: León XIV se trasladó directamente del aeropuerto del Prat a la catedral, donde ofició la oración de la hora intermedia entre la tercia y la nona. Consciente del conflicto territorial que atraviesa Cataluña, el Santo Padre centró su discurso en la unidad, palabra que pronunció en tres ocasiones, una en castellano y dos en catalán, y se refirió a los rostros de tantos hermanos y hermanas que se han entregado y se entregan a construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Debemos ser testigos y profetas de la unidad. Convertíos en constructores de la unidad, lo que no borra la diversidad.
2.-Vigilia de oración en el estadio olímpico: Ante 40.000 fieles, el Papa mantuvo un diálogo con tres jóvenes: un recién converso, una chica que había intentado suicidarse, y una víctima de una familia desestructurada. Habló sobre la carrera desenfrenada por el éxito, la productividad, las idolatrías a las que la sociedad nos conduce, las caídas en un espacio vacío, y la necesidad de probar la sana inquietud que nos invita a buscar una luz que ilumine el camino en nuestro deseo de verdad y de felicidad. Se refirió a los castells como una manifestación de lo que somos capaces de hacer los seres humanos cuando trabajamos unidos y con un mismo fin.
3.-Rosario en la Abadía de Montserrat: El Papa rezó el rosario con los monjes de la abadía de Montserrat, cuna del nacionalismo religioso en Cataluña. Les Señalo que Jesús mostraba el camino de la misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre. Hay que desterrar la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes, la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Les instó a que pidieran a la Moreneta que nos enseñara a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias, y que aprendamos a cultivar el amor en la familia, en el lugar de trabajo, en las redes sociales y en los debates políticos, de modo que el odio dé paso a la esperanza y a la paz.
4.-Visita a la cárcel de Brians: León XIV escuchó a algunos presos y les dijo que los errores de la vida eran superables. Era posible empezar de nuevo, dado que ser humano no consiste en no equivocarse, sino en creer en la capacidad de arrepentirse, reconciliarse y enmendarse. Las personas pueden acertar y equivocarse, pedir perdón y perdonar, y aceptar las equivocaciones propias y ajenas, para lo que hay que reconocerse ante todo humanos. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, y dejar que alguien siga haciendo daño, ni olvidar como si nada hubiera pasado; perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón.
Bendición de la Torre de Jesucristo en la basílica de la Sagrada Familia
El punto culminante de la visita de León XIV a Barcelona fue la bendición de la torre de Jescristo. Antonio Gaudí inició la construcción de la basílica de la Sagrada Familia en 1883, como un templo expiatorio sufragado con las limosnas de los fieles. Tras construir la cripta y el ábside en estilo neogótico, concibió el resto del templo el un estilo orgánico que imitaba las formas de la naturaleza, y consiguió proyectar una iglesia estructuralmente perfecta a la vez que armónica y estética. El arquitecto, solo pudo terminar la cripta, el ábside, la fachada del Nacimiento y la torre de San Bernabé. Cuando sus amigos le comentaban que sería imposible completar la obra durante su vida, Gaudí les contestaba que su cliente -que era Dios- no tenía prisas. Desde 1915, el arquitecto se dedicó en exclusiva a la construcción de la basílica. No elaboró un plano pormenorizado e iba haciendo modificaciones sobre la marcha, pero hizo varias maquetas de las partes más significativas del templo. El 10 de junio 1926 murió al ser atropellado por un tranvía y se encargó de la continuación de los trabajos Domingo Sugrañes, quien finalizó las tres torres de la fachada del Nacimiento. El 20 de julio de 1936, los anarquistas quemaron la cripta y destruyeron las maquetas y los bocetos, pero -gracias a la Providencia- no incendiaron el resto del templo. Tras el fin de la Guerra Civil hubo una larga y viva polémica sobre si se debía continuar la construcción y, al fin, se decidió continuarla, gracias en buena medida a la influencia de Joan Maragall, que la consideraba poesía de la arquitectura y un símbolo más que un edificio. Las obras se reiniciaron en 1948 con grandes altibajos por la falta de recurso, bajo la dirección sucesiva de Lluis Bonet, Francesc Quintana, Isidre Puig, Francesc Cardoner, Jordi Bonet y Jordi Faulí. En 1952, con motivo del Congreso Eucarístico Internacional -al que tuve el privilegio de asistir como un joven escolar- se inauguró la escalinata monumental de la fachada del Nacimiento, en la que se representó un auto sacramental de Calderón de la Barca. El impulso definitivo se produjo en 1956 merced a una carta pastoral del obispo de Barcelona, Gregorio Modrego, en la que alentaba sus feligreses a que contribuyeran a la financiación del templo. En 1982, Juan Pablo II visitó la basílica y, en 2016, Benedicto XVI la bendijo y le concedió el rango de basílica. En 2023, el Papa Francisco declaró venerable a Gaudí y se inició el proceso de beatificación y, en 2026, León XIV ha consagrado la torre de Jesucristo.
El Papa ofició una misa en el interior de la basílica, en la destacó el valor simbólico de la Sagrada Familia, al señalar en catalán que así es cómo la ciudad condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia para toda España. No s trata de una obra inacabada, sino de un templo aún en construcción que da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la basílica de la Sagrada Familia sigue siendo una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida es siempre un camino. La fe da forma a las piedras y sentido al edificio. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz. A continuación, León XIV se trasladó a la fachada del Nacimiento para proceder a la bendición de la torre de Jesucristo, en una ceremonia que supuso una orgía de luz y sonido.
El brillante acto estuvo en un tris de irse al garete, porque -tras el fracaso de sus tentativas de manifestaciones callejeras de protesta- el independentismo hizo un último intento de sabotaje, al distribuir entre los más de 600 miembros del coro unas partituras falsas con esteladas impresas en el reverso, y con las instrucciones de desplegarlas mientras cantaban el Virolai, entonar luego Els Segadors, y proferir gritos de in-de-pen-den-cia. Alguien avisó a la policía, que actuó con celeridad y discreción, sacando a la calle por una puerta lateral a la mayoría de los coristas, escoltados por los mossos, de modo que solo aparecieron en la plataforma un reducido número de cantores. El impresionante espectáculo -en línea con lo exhibido en los Juegos Olímpicos de Barcelona- fue retransmitido por todas las TV del mundo, y constituyó el remate a una exitosa visita del Papa a Cataluña. Un dato anecdótico, pero significativo: los alcaldes de Madrid y de Las Palmas ofrecieron a León XIV las llaves de oro de sus respectivas ciudades. El alcalde de Barcelona no lo hizo, dando así muestras de que los catalanes son más propensos a recibir que a dar.
Viaje a Canarias
El periplo papal por España concluyó con la visita de las Islas afortunadas, que no lo son tanto por los riesgos y las graves consecuencias de la inmigración irregular. León XIV había expresado sus deseos de que se redujera al mínimo la presencia de políticos en los muelles de Arguineguín, pero el Gobierno no le hizo el menor caso y trasladó a las islas a su presidente y a los ministros de Presidencia, Defensa, Inmigración y Administración Territorial -que será el candidato a las próximas elecciones autonómicas en Canarias-, con el fin de aprovecharse del tirón del Papa a efectos electorales. Al enterarse del peregrinaje de Sánchez, la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, explotó y declaró a El Día que su visita era negativa, porque todos los canarios vimos, y ahora todos podemos recordar, que 6 años atrás no estuvo nunca. Cuando, en el otoño de 2020 se hacinaron en el muelle de la vergüenza de Arguineguín 3.600 inmigrantes en condiciones infrahumanas, no recibió ni una llamada del presidente, ni nadie del Gobierno se puso al frente de una crisis migratoria que era de su competencia. Solicitó auxilio y la presencia del presidente, pero este ni respondió. Tuve que coger 3 guaguas llevar a 170 inmigrantes a la Delegación del Gobierno en Las Palmas para que, cuatro meses más tarde, el Gobierno se pusiera las pilas y comenzara a actuar. Viene ahora al muelle porque es un acto restringido, y le salió un comentario del alma: !Tiene más cara que espalda! No obstante, recibiré el presidente con el respeto institucional que merece el cargo, aunque la atención deba centrarse en la visita del Papa. La periodista Isabel Durán reflejó adecuadamente la situación en su artículo El muelle al que Sánchez llegó tarde.
Visita al muelle de Arguineguín (Gran Canaria)
El Papa ha querido concluir su viaje a España con la visita a las Islas Canarias, que estaba en el origen de su visita, cumpliendo la voluntad de su predecesor, quién -pese a su animadversión hacia España- manifestó su intención de viajar a una islas que sufrían la inmigración irregular, como hizo con Lampedusa, pero no pudo realizarlo. León XIV centró su actividad, de forma prácticamente exclusiva, en la delicada cuestión de la inmigración. Tras escuchar en el muelle los testimonios de algunos inmigrantes, expresó su deseo de que la voz de los que habían hablado, alcanzara a quienes tienen responsabilidades decisivas, a las autoridades civiles, los Gobiernos, los Parlamentos, las Organizaciones Internacionales y todos los hombres de buena voluntad. No bastaba con gestionar llegadas, distribuir cifras o lamentar muertes. Cada barca que llega no solo trae inmigrantes, sino que trae consigo una pregunta: ¿Qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arrostrar la muerte para buscar la vida? No podemos acostumbrarnos a contar muertos, ni a pensar que la dignidad humana pierde valor al cruzar una frontera. Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de dignidad. Para el Papa esa era la palabra clave: Quisiera inclinarme ante vuestra dignidad, que exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, posibilidades de acogida y de integración, y propuestas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Que la Historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas, porque hoy, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros.
León XIV expuso la necesidad de hacer examen de conciencia: Para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones en tránsito, llamadas a proteger y no dejar a los débiles en manos de redes criminales; y para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y Atlántico sea un cementerio sin lápidas. Los inmigrantes no son números ni expedientes, son personas. Debemos preguntarnos si hemos sabido reconocer a Cristo en unas personas que desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar. Existen monstruos que acechan estos mares y mafias que trafican con personas y esclavizan a mujeres y niños. Hay que estar presente donde el ser humano sufre. Mientras existan mafias y migrantes engañados, el Papa no puede desentenderse de estos muelles.
Visita al Centro de Acogida Las Raíces (Tenerife)
El Papa fue recibido en el Centro de Acogida por la ministra de Migraciones, que le dio la bienvenida en nombre del Gobierno, pretensión improcedente dado que León XIII llevaba ya 6 días en España y porque el Gobierno no era el anfitrión del Pontífice. Saiz pronunció una alocución bien articulada en la que citaba la epístola de San Pablo a los Corintios, pero que incluía dos grandes falacias: una, que la política migratoria española se regía por los principios de humanidad, regularidad y convergencia; otra, que, para su Gobierno, una sociedad cohesionada no nacía de montar muros, sino de construir puentes. No sé si la política del Gobierno se inspira en la humanidad y en la convivencia, pero sí estoy seguro de que no lo hace en la regularidad, como prueba la chapuza con la que pretende regularizar a casi un millón de inmigrantes irregulares. En relación con los puentes, no parece que tenderlos sea la intención de un presidente que afirmó al iniciar su mandato que había que levantar muros. El Papa escuchó testimonios de los acogidos y les dijo en francés que quien confía en el Señor es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. Les habló de los corazones heridos por tantas dificultades, pero que eran consolados por el amor recibido de personas abiertas y misericordiosas. Ensalzó la acogida como respuesta humana ante trayectorias marcadas por el sufrimiento.
La delicada cuestión de la inmigración
Confieso que me han defraudado un tanto las alocuciones del Papa sobre la inmigración, que me han parecido livianas y carentes de peso, en comparación con las densas y fundamentadas intervenciones realizadas en Madrid y Barcelona. Comprendo que León XIV se haya limitado al mensaje apostólico de ensalzar la dignidad de la persona, con independencia de su situación jurídica. Creo que ha perdido una buena ocasión para fijar la doctrina de la Iglesia sobre la inmigración, que transciende el factor religioso, pues tiene aspectos jurídicos, políticos, económicos y sociales.
Creo que hay que distinguir entre refugiados y protegidos internacionales, de un lado, y migrantes económicos o climáticos, de otro. La situación de aquéllos está internacionalmente regulada. Según la Convención de Ginebra de 1951 sobre refugiados, por tal se entiende aquellas personas que -debido a fundados temores a ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a un determinado grupo social, de género o de orientación sexual, se encuentren fuera del país de su nacionalidad y no puedan, o no quieran, acogerse a la protección de tal país. Conforme a la directiva UE-2004/83, son protegidos internacionales los extranjeros o apátridas que -sin obtener los requisitos para ser considerados refugiados-se enfrenten a un riesgo real de sufrir daños en caso de regresar a sus países. No podrán ser devueltos a su país de origen, ni a otro inseguro, y tienen derecho a solicitar asilo.
La inmensa mayoría de los emigrantes son económicos y carecen de un estatuto jurídico internacional. Tienes derecho a emigrar, pero no a ser acogidos por otros Estados, que son soberanos para establecer las condiciones requeridas para tener acceso a su territorio. Sin embargo, según la Declaración de Nueva York adoptada por la ONU en 2016, los refugiados y los migrantes tienen los mismos derechos, cualquiera que sea su situación. Cabría deducir que tal es la opinión expresada por el Papa, pero la suya es una formulación de carácter moral. Todas las personas tienen los mismos derechos en abstracto, pero hay que precisarlos en concreto y, para ello hay que tener en cuenta su situación jurídica. ¿Gozan de los mismos derechos los inmigrantes que llegan a un país de forma legal y los que lo hacen de forma ilegal? Según el Reglamento de Retorno de la UE de 2008, cuando personas sin derecho a permanecer en la UE se quedan en ella, corre peligro todo el sistema de migración y asilo. Es injusto para quienes han respetado las normas [
], incentiva la llegada de ilegales y expone a las personas en situación irregular a condiciones precarias y a su explotación por parte de redes delictivas. El propio Papa ha reconocido que no todos pueden entrar como sea, sin orden, creando situaciones injustas como las que dejaron atrás. Hay que tratar a refugiados y protegidos con la máxima consideración y concederle asilo con celeridad. Respecto a los migrantes económicos, León XIV ha dicho que tienen derecho a permanecer en su tierra, por lo que los Estados desarrollados deberían invertir en estos países para crear riqueza y paliar así el éxodo de la población. Para Alfonso Sanz, la inmigración requiere normas y orden. La acogida sin justicia es caos; la justicia sin bien común es ingenuidad; el bien común que ignora la dignidad es crueldad.
El Papa ha mostrado empatía por España y ha alabado su pasado -la Escuela de Salamanca- y su futuro, y la ha escogido como plataforma para lanzar el mensaje de la Iglesia al mundo actual. A juicio de Fernando de Haro, León XIV ha mostrado su liderazgo en humanidad y -según Mons. Argüello- se ha convertido en referencia ética mundial. Jorge Bustos ha dicho que no olvidaremos las hermosas imágenes y sabias palabras que la escena española ha ofrecido al mundo durante la semana papal. La Prevostiada figura ya en los delgados anales del optimismo español. Para Lucía Méndez, el Santo Padre ha puesto su capacidad intelectual y su liderazgo moral al servicio de causas tan simples como la defensa de todo lo humano. Le esperamos, León XIV ¡Vuelva cuando quiera!.
Enviado por José Antonio Sierra.

Yturriaga, José Antonio