En los últimos años asistimos con preocupación al avance de un discurso político que, bajo la expresión aparentemente inocente de prioridad nacional, pretende *legitimar la exclusión de los más vulnerables*, el rechazo de las personas migrantes y el cuestionamiento de la solidaridad como valor fundamental de nuestra convivencia.
Como sacerdote, me siento en la obligación moral y evangélica de afirmar con claridad que *tal discurso entra en profunda contradicción con el mensaje de Jesucristo*.

El Evangelio no habla de prioridad nacional. *El Evangelio habla de amor al prójimo*.
El Evangelio no habla de levantar muros contra los pobres. *El Evangelio habla de abrir las puertas al necesitado*.
El Evangelio no habla de sospechar del forastero. *El Evangelio manda acogerlo*.
Por eso resulta grave que fuerzas políticas como el Partido Popular y Vox pretendan presentarse como defensoras de los valores cristianos mientras promueven propuestas y discursos que *señalan a las personas migrantes como un problema*, cuestionan la ayuda humanitaria o alimentan el miedo y la división entre los pueblos.
No basta con exhibir cruces, acudir a procesiones o invocar las raíces cristianas de España. *El cristianismo no se mide por los símbolos que se muestran, sino por la fidelidad al Evangelio que se vive*.
Y el Evangelio es claro: Fui forastero y me acogisteis.
*Quien convierte al extranjero en un enemigo político se aleja de ese mandato*.
*Quien pretende recortar la solidaridad con los más débiles se aleja de ese mandato*.
*Quien desprecia el trabajo de las organizaciones que acompañan, alimentan y socorren a los migrantes se aleja de ese mandato*.
La Iglesia reconoce el derecho de los Estados a ordenar los flujos migratorios. Pero *ningún derecho político puede situarse por encima de la dignidad humana*. Ninguna estrategia electoral puede justificar la deshumanización del otro. *Ningún nacionalismo puede ocupar el lugar que solo corresponde a la fraternidad universal proclamada por Jesucristo*.
Los cristianos debemos ser especialmente vigilantes cuando se utiliza la religión para bendecir proyectos políticos excluyentes. *La cruz no es una bandera partidaria*. La cruz es la señal del amor de Dios por toda la humanidad sin excepción.
Por eso denuncio públicamente todo intento de utilizar el nombre de Cristo para justificar políticas o discursos contrarios a la acogida, a la misericordia y a la dignidad de las personas migrantes.
Denuncio también la hipocresía de quien pretende apropiarse de la identidad cristiana mientras ignora *las exigencias más elementales del Evangelio*.
Nuestra lealtad primera no es a una nación, ni a una bandera, ni a un partido. *Nuestra lealtad primera es a Jesucristo*.
Y Jesucristo siempre estuvo al lado de los pobres, de los excluidos, de los perseguidos y de los extranjeros.
*Quien quiera encontrarlo deberá buscarlo también allí*.
El cura de Xestoso, Monfero, Cambás, Aranga, Momán, Xermade y Labrada, Guitiriz