La visita del Papa ha generado una expectación que no me esperaba, pero no ha reabierto el debate sobre los privilegios de la Iglesia, y no sólo en el tema de impuestos.
Hoy no les hablaré de Lugo. Es algo excepcional pero también lo es la circunstancia que me ha llevado a variar el tema... ¿No les resulta chocante el impacto que ha causado la visita del Papa?
En este país "aconfesional" según la Constitución (que no es lo mismo que laico, por mucho que algunos no comprendan o no quieran comprender la diferencia... aunque podríamos debatir si sería mejor que lo fuera) se respetan las religiones de cualquiera. Incluso demasiado en ocasiones en mi modesta opinión, pero eso es otro tema.
Lo que me resulta totalmente pasmoso es el despliegue de medios, los pabellones abarrotados, la misa de un millón de fieles, los codazos de los líderes políticos para hacerse la foto junto al Santo Padre (llamativo sobre todo en los de izquierdas), la liturgia (nunca mejor dicho) estatal... No pretendo ofender a nadie, pero me parece incluso anacrónico.
El Papa ha venido y ha hecho política, porque también es su función como Jefe de Estado del Vaticano y como líder espiritual de la Iglesia Católica. Ha hablado en el Congreso contra el aborto y la eutanasia, y se ha visto con los representantes de los españoles, salvo los de Podemos y BNG que no han ido, lo que contrasta con las visitas, llenas de emoción y fervor, que hizo la lideresa de Sumar al Vaticano.
También es llamativo que ese partido, que se autodenomina de izquierdas, le entregase al Papa una carta sobre el problema de la vivienda en España. Ojalá no tuvieran que encomendarse al representante de Dios en la Tierra y Sumar formase parte del gobierno para poder hacer algo por ese tema... ¡Ah, no, esperen un momento!...
España es una contradicción andante. Tenemos un gobierno sustentado en lo que está sustentado, pero nadie tiene lo que hay que tener para romper con ciertas normativas totalmente trasnochadas como los Concordatos con la Santa Sede. Bien es cierto que en 2023 el gobierno de Sánchez y el entonces Papa Francisco acordaron subsanar algunas cuestiones relativas a impuestos, pero fue la punta del iceberg.
¿Por qué tengo que pagar yo un profesor de religión elegido por la Iglesia para dar clase en los colegios? Me da igual que sean "optativas", no es ni medio normal. El que quiera catecismo, que vaya a la parroquia fuera del cole, que sería lo normal.
Tampoco es comprensible que la Iglesia no pague IBI (aunque no es la única entidad exenta de este impuesto ya que por ejemplo sindicatos, partidos políticos, clubes deportivos sin ánimo de lucro...), y mucho menos cuando no se refiere únicamente a templos y cosas así, sino también a aparcamientos o edificios comerciales. Si alquilan alguna de sus muchísimas propiedades, tampoco pagan impuestos como hacemos el resto de los mortales...
Si les digo la verdad, si nos van a cobrar por entrar en las Catedrales que nosotros mantenemos, para ver el Pórtico de la Gloria que, en esencia, hemos restaurado entre todos, o el resto del rico patrimonio de la Iglesia, pues que paguen impuestos como los demás. No es lícito estar en misa y repicando.