Santo Padre:
Con filial respeto y en comunión con la Iglesia, me permito dirigirle estas humildes palabras con motivo de su visita a España.
Como sacerdote, contemplo con preocupación cómo en nuestro tiempo el individualismo, la búsqueda del interés propio y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno pueden abrir espacio a la acción del espíritu del mal.
Allí donde el bien común es relegado, donde los más débiles son olvidados y donde el poder se ejerce sin auténtico espíritu de servicio, la dignidad humana corre el riesgo de ser herida.
La tradición cristiana nos recuerda que toda autoridad debe estar al servicio de la persona, especialmente de quienes más necesitan protección, justicia y esperanza. Cuando los intereses particulares prevalecen sobre el amor al prójimo, se debilitan los fundamentos morales de la convivencia y se oscurece la llamada evangélica a la fraternidad.
Con humildad, también deseo compartir una inquietud que ha sido expresada por numerosos cristianos comprometidos con la doctrina social de la Iglesia.

A lo largo de la historia, no han faltado situaciones en las que algunos gobernantes o responsables públicos han tratado de presentar su cercanía a la Iglesia o a los Sucesores de Pedro como una forma de reforzar su legitimidad ante el pueblo, mientras persistían prácticas alejadas de las exigencias de la justicia, de la verdad y del servicio al bien común.
Por ello, Santo Padre, le ruego que su presencia entre nosotros sea percibida, ante todo, como una voz profética que ilumine las conciencias y recuerde a todos los responsables públicos que la autoridad es una vocación de servicio y no un instrumento para la promoción de intereses propios o de grupos privilegiados.
Que nadie pueda interpretar su visita como un silencio ante el sufrimiento de los más vulnerables ni como una legitimación involuntaria de conductas contrarias al Evangelio. Antes bien, que su palabra fortalezca a quienes trabajan por la justicia, anime a quienes se sienten olvidados y llame a la conversión a todos aquellos que tienen responsabilidades sobre la vida y el bienestar de sus semejantes.
Le pido especialmente que recuerde a quienes ejercen el poder que el juicio de Dios no se fundamenta en los honores recibidos ni en los éxitos políticos alcanzados, sino en el amor concreto al prójimo, en la defensa de la verdad y en el cuidado de los más débiles. Allí donde falta la caridad y se instala el egoísmo, el espíritu del mal encuentra terreno fértil para dividir, enfrentar y alejar a las personas del proyecto de Dios.
Ruego al Señor que le conceda fortaleza en su ministerio apostólico y que, por medio de su visita, muchos corazones se abran nuevamente al Evangelio, rechazando toda forma de indiferencia, corrupción, abuso de poder y desprecio hacia el prójimo.
Que Dios le bendiga y le acompañe en su misión al servicio de la Iglesia universal.
Con respeto filial y oración,
Luis Ángel Rodríguez Patiño,
Cura Párroco de Xestoso Monfero de Cambás de Aranga de MOMÁN de Xermade y labrada de Guitiriz
Sacerdote de la Iglesia Católica