Dedicado a Xosé Manuel Sáa.
Recuerdo acercarles en artículos anteriores un lugar especial donde la vida cultural se respira fuera de ambientes más formales, más institucionales, diría que más rigurosos a la hora de dar cabida a todo tipo de obras artísticas, sin estar sometidas a controles excluyentes, ya sean éstos de tipo ideológico, político, social, evitando juicios de valor

previo sobre la calidad artística y literaria de las disertaciones y/o presentaciones de los materiales expuestos.
Estoy convencido que A despensa do Saá, ubicada en la calle Salvador de Madariaga nº8 en la ciudad de Lugo, es uno de estos lugares.
No sé si les comenté alguna vez como me encontré con esta taberna donde la gastronomía y la literatura van de la mano, caminan juntos maridando con absoluta armonía.
Cuando conocí el lugar deseé que cada capital de provincia, cada ciudad, villa y pueblo dispusiera de un local semejante, un local donde poder gozar de la lectura de un libro mientras se degustaba un vino, una cerveza, un refresco, agua o cualquier otra bebida. Un lugar, semejante a éste, donde los libros se encuentran dispersos por el local, en cualquier lugar, tras el mostrador, sobre las barricas de vino, sobre las mesas, entre las botellas de vino... Tal vez lo más llamativo a nuestra entrada es un lateral de la taberna donde encontramos una sucesión de estanterías dispuestas desde el suelo hasta el techo, donde descansan decenas de botellas de vino y entre ellas, junto a ellas, sobre ellas decenas de libros animándonos a cogerlos, a hojearlos, a leerlos, a llevárnoslos.
En el caso de A taberna de Saá se encuentran delante, detrás, sobre, bajo, entre botellas que guardan en su interior escogidos y variados vinos de la tierra. Es bien sabido que Galicia atesora y disfruta de cinco denominaciones de origen: Rias Baixas, Ribeiro, Ribeira Sacra, Valdeorras y Monterrei, vinos que presentan múltiples razones para diferenciarse, pero la seña de indentidad la pone la uva que define cada uno de ellos. Así a las extraordinarias albariño, ribeiro, mencía, godello y treixadura se les añaden otras autóctonas como merenzao, loureira, sousón, caíño... que hacen de la degustación de cualquiera de estos caldos un placer dionisíaco.
Todas estas variedades aportan color a los tintos y blancos, a la vez que una variada muestra de matices visuales, olfativos y gustativos, aunque es más apropiado reconocer que se trata de matices sensoriales que van más allá de los sentidos que hemos señalado.
Lo cierto es que muchos escritores lucenses tienen al menos una de sus publicaciones en esta interesante y variopinta muestra literaria.
Pocos son los libros -yo no encontré ninguno-, que no guardan en su interior una

dedicatoria a la taberna o a su valedor Xosé Manuel Saá. Pocos son los autores gallegos que no tengan aquí una muestra de su arte literario, desde los referentes universales del olimpo gallego: Castelao, Curros Enríquez, Rosalía de Castro, Manuel María... hasta la escritora o escritor que hace un par de días presentó su más reciente publicación, deseosos ambos de ofertarla al público en esta espacio literario, santuario de libros abierto a la curiosidad insaciable de los amantes de las letras.
Y es que la gestión de estos libros es muy singular. Los libros están a libre disposición de los que acuden a la taberna y eso alegra y satisface a la mayoría de los que encontramos en la escritura un campo abierto a la imaginación y a la creación artística.
Uno llega, observa un libro que le llama la atención y lo coge con cuidado. El cuidado recomendado es necesario para rescatar la publicación entre tanta botella. Puede hojearlo, olfatearlo, consultarlo o, simplemente, llevárselo sin un tiempo definido, de balde, sólo limitada esta cesión temporal por el buen uso del mismo, por el respeto obligado al autor y a la taberna literaria y a todos y cada uno de los futuros lectores que lo disfrutarán tras su devolución.
Yo soy de los que habitualmente me llevo algún libro. Lo cojo, le digo a Xosé Manuel Saá, alma del local, que me lo llevo, aprueba el hecho con un simple movimiento de su cabeza, tomo mi café, un vino o una cerveza, saboreo una o dos tapas y me voy. Bajo mi brazo viaja la poesía de Manuel María o de Rosalía de Castro, la narrativa de Álvaro Cunqueiro o de Anxel Fole o la última obra de Xosé Estévez o Manuel Vázquez.
Suena curioso resaltar un hecho, pero todos los libros son devueltos sin problema alguno Es excepcional aquel que no regresa junto a los espíritus que danzan en el interior de las botellas que guardan el elixir de Dionisios.
Tal vez se trate de un olvido, un viaje largo, un préstamo a un amigo y el libro viajero tarda un poco más de lo habitual pero, en palabras de Xosé Manuel, siempre regresan al espacio cultural literario, A despensa do Sáa.
Pero no es sólo la taberna un encuentro con libros viajeros, con la cultura literaria gallega, sino un encuentro con artistas de díversa índole, pensadores, escritores, investigadores, geólogos, biólogos, tertulianos... pues dos días a la semana se desarrollan encuentros en este local. Se divulgan los actos y se oferta el disfrute de un ambiente más distendido y junto a las palabra, la charla, el debate, la reflexión se mueve el agua, el vino, la cerveza y tantas otras bebidas con o sin alcohol, acompañadas de tapas caseras elaboradas con mimo que regalan nuestro paladar, quesos y embutidos de la tierra, empanadas de todo tipo... ¡tantas y sabrosas tentaciones a nuestros paladar!
Conocí este local de manos de Xesús Trashorras, compañero de estudios universitarios y escritor. Con él, conocí a Manuel Vázquez, a Marica Campo y a tantos otros, todos disfrutones del mundo de las letras.
Y supe de la extensa producción de Xosé Estévez, también compañero de uno de sus períodos universitarios, el de Magisterio, de Manuel Miranda escritor que me devolvió con la lectura de una de sus primeras producciones literarias "Morning star" las profundas emociones que provocó en mí la novela "La isla del Tesoro" de Stevenson, y de tantos otros que me han acompañado bien en la taberna bien a través de su lecturas, bien en casa, bajo los árboles en el interior de una carballeira o en A Fervenza, a la orilla de un río donde la nutria, el mirlos acuático y el martín pescador aún pueden observarse en libertad.
Reconozco que me he dejado llevar por la emoción de compartir este espacio literario y así, ejemplares de alguna de mis escarceos con la escritura se muestran con orgullo o se encuentran escondidas entre botellas de excelentes bodegas vitivinícolas de la tierra.
¡Qué placer supone encontrar "O segredo dos trasnos" tras una botella de Mencía de Viña Algueira, o "Un camino de leyenda" entre un albariño Conde de Albarei y un godello Crego e Monaguillo, o el libro ilustrado "Ayram y el apóstol", rivalizando en colorido con las etiquetas de cualquier vino de Ribeiro.
Ahí están los libros, todos ellos dedicados a la taberna, dedicados a su albacea, al tabernero que día tras día abre sus puertas para que personas como yo disfruten con los libros escondidos, con la sorpresa de nuevos encuentros con los padres de nuestra literatura, referentes esenciales a la hora de sentirnos parte de esta tierra.
Y como no podía ser de otra manera, allí me encontraba el pasado jueves ante un público deseoso de saber y disfrutar la vida, acercándoles y descubriéndoles el Camino de Santiago en Gran Canaria. Un camino cargado de emociones personales, un encuentro donde salieron a relucir amigos y escritores, unos presentes y otros ya idos, invitando a todos los asistentes a conocer los templos jacobeos de Gran Canaria, iglesia y santuario que gozan de las mismas prerrogativas que las que le fueron otorgadas a la catedral de Santiago de Compostela.
Y aunque muchos de los presentes lo desconocían, el templo, ahora santuario jacobeo de los Caballeros de Santiago de Gáldar, y la iglesia de San Bartolomé de Tirajana o Tunte son templos que gozan de bulas papales que los convierten en iglesias con sus Puertas Santas, que disfrutan de años jacobeos en que fieles y peregrinos que las visitan son agraciados con las mismas indulgencias plenarias que reciben a su llegada a la catedral de Santiago de Compostela.
Y allí, aquel jueves en "A despensa de Saá", me encontraba yo y, junto a mí, mi amigo Jose Luis González Ruano, autor de la primera guía sobre el Camino de Santiago en Gran Canaria, y mis amigos Juanma y Juani que tanto hacen por mantener vivo el espíritu del Camino, y allí estaba el alma de una tierra canaria que siento propia y que hermana en mi corazón el agua y la fuerza de los ríos y bosques caducifolios norteños con el poder del volcán y los barrancos.
¡Larga vida A Despensa do Saá! ¡Salud y orgullo para quienes desde el altruismo de un grupo de escritores, amparan a otros escritores y artistas diseñando jornadas, encuentros, premios, celebraciones, revistas, fanzimes y otras manifestaciones culturales!
A todos ellos: ¡Noraboa compañeiros! Sodes a luz que aluma a esperanza!
José Manuel Espiño Meilán, amante de los caminos y la vida. Escritor y educador ambiental.