Pruebas y lecturas singulares
Alén, Pilar - lunes, 08 de junio de 2026
Sin sayo desde bastante antes de lo que habíamos pensado y casi deseado, enfilamos el camino hacia un período estival vivamente esperado. Pero aún hoy muchos jóvenes están con la PAU. Se les supone chavales concienzudamente formados, pese a haber tenido que transitar por terrenos realmente complicados, accidentados, incluso poco explorados, con acontecimientos que se han sucedido a la velocidad del rayo.
Nacieron en plena crisis financiera del 2008. Llegaron a lo que se llama 'uso de razón' y a la edad escolar con mascarillas y geles incorporados. Y ahora tienen encima varias espadas de Damocles -prefiero no enumerarlas- que condicionan su futuro más inmediato. Una maratón de obstáculos que a todos nos han salpicado. Quisiera pensar que tienen padres, familiares y educadores que les guiarán y darán herramientas idóneas o, al menos, las más acertadas para andar por sendas que no les sean demasiado intrincadas. Espero, deseo, en verdad, quiero que así pase.
No obstante, no lo tienen fácil. Todo va excesivamente rápido, con poco margen para que ellos y nosotros podamos asimilar y discernir el trigo de la cizaña, o de la paja. Como en la parábola, mal que pese, hay que dejar crecer ambos, con la diferencia de que, siendo el hombre el que siembra, aboguemos para que no les enredemos con movidas extrañas o posturas difusas e inaceptables.
Son hijos de una generación que se ha dado en llamar 'bisagra', marcada por el salto entre el mundo analógico y el electrónico. A esta, a sus fortalezas y a sus problemas dedica un ensayo la periodista y ahora novel escritora Lucía Barreiro. Lo presentó la semana pasada en un entrañable acto y se titula «La generación bisagra: vivir entre el mundo que fuimos y el que habitamos» (Círculo Rojo, 2026). En él aborda las dificultades que han tenido que sortear, como la compleja incorporación al trabajo, el retraso a la maternidad, la brecha salarial o el techo de cristal. No son frases hechas, sino macrotemas que han sido y, como evidenciamos, todavía son realidades que nos invaden.
¿Qué les espera a estos jóvenes que hoy se presentan a la 'selectividad' de antes? De momento, superarla y, casi sin digerirlo, elegir qué quieren hacer el próximo año. Sé que ellos no me leerán, pero si alguien desea hacerme de altavoz, vayan estos consejos de Lucía entresacados de las reflexiones a las que como profesional y madre ha llegado, fruto asimismo de sus vivencias y del innegable 'legado filosófico' de su padre: «En los próximos años, las habilidades requeridas por el mercado cambiarán radicalmente. Se calcula que cerca del 70% de las competencias utilizadas en los trabajos actuales serán distintas hacia 2030. Entre las más valoradas destacan el pensamiento analítico, la flexibilidad, la capacidad de liderazgo y el aprendizaje continuo. Cada vez más, las empresas apuestan por un modelo de contratación basado en habilidades, más que en titulaciones formales // El futuro del trabajo se orienta, por tanto, hacia la integración entre lo técnico y lo humano. Ya no basta con dominar herramientas digitales o lenguajes de programación: también es necesario desarrollar competencias blandas que permitan liderar equipos, comunicarse con claridad, resolver problemas complejos y generar innovación. En definitiva, el éxito profesional en los próximos años dependerá de la capacidad de combinar especialización, versatilidad y una actitud constante de aprendizaje y adaptación» (p.84) ¡Todo un cambio!
Y, ante la inminente visita papal, ¿cabe algo mejor que leer su encíclica «Magnifica Humanitas»? Está al alcance de todos, para consultarla y extraer lecciones de quien, sin duda, está capacitado para darlas.

Alén, Pilar