Del consenso al insulto
Silva, Manuel - lunes, 25 de mayo de 2026
'In illo tempore', en 1977 -dos años después de la muerte de Franco- el rey Juan Carlos, Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, y el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, que los tres habían sido muy fieles al 'Caudillo', acordaron, de acuerdo con la famosa frase de Fernández Miranda: "IR DE LA LEY A LA LEY A TRAVÉS DE LA LEY".
Es decir, de los Principios del Movimiento Nacional y de las Leyes Fundamentales del Estado a la Ley para la Reforma Política, que abría la puerta, entre otras cosas, a la legalización de los partidos políticos, a la celebración de elecciones y, al año siguiente, poder aprobar la Constitución de 1978.
Así, en la Semana Santa de 1977 Adolfo Suárez, presidente del Gobierno, legalizó al Partido Comunista de España (PCE), lo que causó alegría en unos, rechazo en otros y asombro y sorpresa en muchos.
El súmmum de la situación lo protagonizaron el 27 de octubre de 1977 dos políticos ideológicamente en extremos contrarios: Manuel Fraga, líder de Alianza Popular (AP) y Santiago Carrillo, máximo dirigente del Partido Comunista de España (PCE): Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI, donde el dirigente comunista iba a pronunciar una conferencia.
Este hecho, que significa a la perfección el abrazo de las llamadas "dos Españas" sorprendió a la mayoría de los españoles y causó malestar en algunos conocidos militantes de ambas formaciones políticas. Incluso, algunos miembros de la Directiva del Club Siglo XXI llegaron a presentar su dimisión.
Por esas fechas, representantes de distintos partidos se pusieron a negociar el contenido de la Constitución. Los llamados "padres de la Constitución" fueron los siete siguientes: Gabriel Cisneros (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), José Pedro Pérez Llorca (UCD), Manuel Fraga (AP), Gregorio Peces-Barba (PSOE), Miquel Roca (Pacte Democrátic per Catalunya) y Jordi Solé Tura (PCE). Y el texto que ellos consensuaron -haciendo renuncias cada uno de ellos- fue aprobado por los españoles en un referéndum celebrado el 6 de diciembre de 1978.
Recuerdo que fueron tiempos duros y difíciles, pues, unos querían que se llevara a cabo lo que llamaban "ruptura democrática", mientras que otros abogaron por la "reforma democrática", que fue la que salió adelante.
Cada partido defendía sus postulados con firmeza y energía, pero, en líneas generales, se guardaban respeto mutuamente, incluso se les veía con cierta frecuencia fumar un cigarrillo y tomar un café juntos después de un debate agrio en el Parlamento.
HODIERNIS VERO DIEBUS, más que discusiones razonables, críticas severas y acertadas, así como propuestas sensatas de los partidos para mejorar la vida de los ciudadanos, estamos viendo reproches e insultos con palabras tan groseras y subidas de tono que pareciera que estamos en un antro y no en un Parlamento, sede de la soberanía nacional. Pareciera que solamente se aspirase a ocupar el poder, cueste lo que cueste.
Pero, si miramos hacia fuera, también hay mucho donde rascar. Por ejemplo: ¿qué está haciendo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump? (subir aranceles, expulsar emigrantes, secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lanzar bombas en Irán, una de ellas matando a 200 niñas en un colegio, amenazas de anexiones de otros Estados, dando lecciones de exégesis bíblica al Papa, asegurando que quienes no le obedezcan se arrepentirán y que terminarán "besándome el culo". Nadie le gana en grosería).
Si miramos hacia Rusia, veremos a su presidente, Vladimir Putin, invadiendo, por las bravas, a Ucrania. O el presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, guerreando con el Líbano e Irán. Y es monstruoso ver el genocidio que lleva a cabo contra los palestinos en la franja de Gaza y Cisjordania.
Claro que los Ayatolás de Irán no se quedan atrás: se ríen del sistema democrático, hacen lo que les da la gana con sus ciudadanos y a las mujeres las tratan como 'mascotas' de los hombres. Hasta las visten de la cabeza a los pies.
No obstante, y a pesar de todos los pesares, siempre me aferré y me sigo aferrando a la frase que, en su día, dijo Catón, el eminente Censor: "Rebus in adversis animum submittere noli, spem retine: spes una hominem nec morte relinquit". (En las adversidades no te rindas: conserva la esperanza, que nunca, ni en la muerte, nos deja).
O, dicho de otra manera: Es preciso "esperar contra toda esperanza", frase con raíz bíblica (Romanos, 4-18), donde se narra la "fe ciega" de Abraham en la promesa de Dios de que sería Padre -a pesar de que tenía 100 años- con su esposa Sara, de 90 años y estéril. Efectivamente tuvieron a Isaac.

Silva, Manuel