La visitadora de Presos: Odia el delito y compadece al delincuente
Concepción Arenal escribió El visitador del preso en 1891, fecha que resalto al empezar para ubicar cronológica e históricamente los contenidos extraídos de dicho texto que destaco a continuación.

Del capítulo I, "De la aptitud para visitar al preso", procede la siguiente frase que ella resume perfectamente no solo la aptitud sino la actitud con que debe emprenderse esta tarea: "Cuando el visitador de un preso reflexiona diciendo voy a ver a un hombre, al cual me parecería si Dios me hubiese dejado de su mano, tiene el programa más completo de su misión, y no le faltarán palabras de esas que llegan al alma".
Dice congratularse de que entren en las prisiones personas interesadas en estudiar al delincuente y estudiantes de derecho porque es bueno que entre alguien y no que las prisiones permanezcan aisladas. Y con la esperanza de que algunos de los visitadores científicos se conviertan en visitadores caritativos; para ella la ciencia y la caridad tienen grandes afinidades y no será difícil que quien entró para estudiar al delincuente salga compadecido del hombre. Pero aclara que las observaciones de sus escritos no se dirigen al visitador científico.
Resalta la importancia de la modestia como cualidad imprescindible del visitador. "Se dirá que no hay derecho en el delincuente para exigir que el hombre honrado le trate como igual. Cierto, pero como la cuestión no es de derecho ni legal, sino moral y afectiva, no se llegará a él marcando diferencias, sino procurando borrarlas" "EL PRESO NO LO ESTÁ POR CULPA SUYA, sino por su adversa suerte y su mala organización; SU VISITADOR NO GOZA DE LIBERTAD POR VIRTUOSO, SINO POR AFORTUNADO; heredó buena organización y una fortuna o medios de adquirirla".
Describe que lo esencial para visitar al encarcelado es corazón, modestia y perseverancia. No son necesarias dotes excepcionales ni cualidades brillantes. El corazón y el carácter influirán en el preso más que la razón superior o los vastos conocimientos, de forma que la jerarquía caritativa se aparta de la social o intelectual.
Dedica un segundo capítulo a explicar lo que es el delito. Para ella no es más que un acto de egoísmo en que el delincuente quiere el daño de otro por su provecho o por su gusto, por cálculo exacto o errado, o cediendo al impuso de algún desordenado apetito. La poca sensibilidad es compañera del egoísmo y con él conduce a la dureza y la crueldad. El delito es, pues, egoísmo y dureza.
Como sigue ocurriendo en la actualidad, describe que en las prisiones hay individuos de hospital, de manicomio y de hospicio. Aparte de estos casos, la mayoría de los delincuentes son hombres que TIENEN CON LOS QUE NO HAN DELINQUIDO MÁS SEMEJANZAS QUE DIFERENCIAS. Escribe que, por regla general, el que infringe la ley moral no la desconoce; aunque haga mal, conoce el bien; aunque profane cosas santas hay otras que respeta. Los periódicos dan noticias de los delitos que en los presidios cometen los presidiarios, pero no de sus buenas acciones, difíciles y meritorias. El que infringe las leyes no es idéntico al que, en aparentemente las mismas circunstancias, las respeta; pero no es tampoco tan diferente: tal vez no hay entre los dos más que una pequeña diferencia, que bastó para inclinar la balanza del lado del mal. Las circunstancias a veces no son las mismas sino en apariencia, y en realidad hubo dificultades o facilidades para el bien que no se aprecian, que son difíciles o imposibles de apreciar. Quedan bastantes semejanzas entre el delincuente y el hombre honrado para que exista entre ellos una especie de zona moral y afectiva común, en la que pueden entenderse e influirse.
El pensamiento y los consejos vertidos por Concepción Arenal como visitadora de presos se alinean con uno de los mensajes esenciales que he encontrado al acercarme al mundo de la pastoral penitenciaria: todos somos vulnerables, pero hay factores que determinan especial fragilidad y aumentan el riesgo de acabar en prisión y que si nos hubieran ocurrido a nosotros nos hubieran colocado en la misma situación. Y muchos de esos factores son prevenibles, evitables: es el trabajo de PRECÁRCEL dentro de la pastoral penitenciaria.