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Rara Avis

Timiraos, Ricardo - viernes, 15 de mayo de 2026
Decía Van Gogh que el arte necesita observación constante. Y si bien es cierto que para aprender es necesario estudiar o leer, no menos cierto es que para acabar sabiendo es preciso observar, pues la vida es un libro que, nos guste o no, nos toca leer a cada uno. Lo que los usuarios del Facebook, para justificar su ignorancia académica, llaman la universidad de la vida. En la vida también existe la osadía, que no siempre va avalada por el conocimiento.

Pues viene esto a colación porque a mi me gusta la gente que es una rara avis. Personas que viven ajenas al que dirán, a las clasificaciones de sus vecinos, a los convencionalismos, ya sean estéticos o de cualquier otra índole. Gente que vive a su modo, sin preocuparse en absoluto de cualquier miramiento. Generalmente son personas inteligentes, que no precisan de modas, ni se admiran de las ostentaciones de los demás. Y ese desdén, en manos de esta burguesía estratificada, paga peaje de descalificación. Mi rara avis no ha permitido ser clasificado por su posición social, es un don nadie, qué se cree ese; ni por su capital, es un pobretón, mira como viste; si vive en un cuartucho de mala muerte... No ves que no habla con nadie, y si lo hace, otro como él; si es un fracasado que no tiene pareja, ni nadie que lo quiera. Mi rara avis ya está encasillada en la estantería de lo insólito. Además tiene un problema añadido porque es malo, que no va a misa.

Mi rara avis no les hizo daño alguno, ni se entrometió en ningún matrimonio, ni les pidió comida, ni los molestó con un coche que no tiene, ni los criticó por la manera que otros tienen de vivir. El madruga y se va a andar por donde no haya gente; él compra lo preciso donde le parece y no molesta a nadie; él se sienta en un banco y no alterna en bares, él no habla con desconocidos y es cortés con un buenos días o buenas tardes. Si tiene alguna duda o precisa algo, consulta en los negocios donde se abastece y soluciona sus problemas. Cuando le apetece, lee, viaja, escucha música, cultiva sus aficiones... Mi rara avis conoce el sistema y no lo acepta, y por tanto, no juega ese macabro juego de clasificaciones. Mi rara avis se calla, pero yo intuyo que desprecia lo que, para él, son seudovalores y esa atmósfera en que vive esa sociedad hipócrita, llena de vacío y abobada y ávida de dinero, presunciones y altanerías.

Mi rara avis piensa así y está en su derecho de ser diferente, pero con la "Santa" Inquisición lo que se salía del carril, se pagaba caro. Ahora, si por alguno fuese, también. Los hombres cambiamos poco... y así nos va.
Timiraos, Ricardo
Timiraos, Ricardo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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