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Jugar cuando no eres niño

Vaamonde Rodríguez, Jacobo - lunes, 11 de mayo de 2026
Posiblemente, este artículo sea el más personal que escriba. Nunca me gustó hablar de mi; quizás sea porque prefiero poner el foco en personas que han aportado algo mas que yo. Pero hoy, haré una excepción.

Día a día, a pesar de que, por suerte, aún existe mucho juguete, vemos como las nuevas generaciones tienden a hacer un uso cada vez más precoz de dispositivos electrónicos. Ya desde muy pequeños usan móviles de mentira (pero que no lo parecen), tablets, "ordenadores" o cualquier otro aparato que permita una interacción directa y emitida luz y sonido.

Muchas veces me paro a reflexionar sobre este y otros aspectos. ¿Están cambiando las nuevas generaciones? Bajo mi punto de vista, como joven que vivió esos cambios de primera mano, SÍ.

Quizás sea una observación que no tiene sentido, una equivocación o, simplemente, que yo siempre fui diferente (de eso ya hablaremos más tarde), pero creo que a día de hoy, los más pequeños son más mayores que antes. Y es una opinión que comparten otras personas de mi edad.

No es raro estar hablando tranquilamente con compañeros de clase o amigos y que, cuando te cruzas con un joven de 14 y 15 años, con una identidad muy marcada (o quizás menos marcada que el resto, porque viste igual que gran parte de sus "colegas", como si denotara algo) y que ya recurre a malos hábitos, aparezca en la conversación una frase: "si yo con esa edad aún estaba jugando".

Aunque en mi caso sí, seguía "jugando", porque eso nunca se acaba, y se trate de metáfora, esta frase explica muy bien los cambios que estamos teniendo como sociedad. El acceso cada vez más temprano a las tecnologías y un avance demasiado rápido de los procesos sociales correspondientes a la infancia y juventud son dos graves problemas que como joven considero que existen.

Siempre fui raro, lo reconozco. O quizás simplemente diferente. Y eso me ha llevado a desarrollar ciertos vínculos, sentimientos y habilidades que otros no tienen. Ahora lo reconozco, e incluso me enorgullezco de ello, antes, en cierta medida me avergonzaba.

Desde los 3 años, tuve una afición muy clara: los Playmobil. Parece un juguete de niños, pero quizás sea de los más adultos. Considero estas figuras de 7,5 centímetros, que para muchos son simplemente "clicks", como algo más que un juguete: una herramienta para crear, imaginar y también para evadirse de los malos momentos (entre sus muchos usos).

Aunque de pequeño, como es lógico, jugaba, en el sentido literal de la palabra, creo que dejé de hacerlo incluso mas temprano que el resto (aunque para conocidos pareciera lo contrario). Dejé de jugar para crear, porque lo mío nunca fue hacer peleas, chocar coches o empujar un camión, sino construir historias.

Y a día de hoy, considero los clicks de Playmobil como una herramienta que me han fortalecido en muchos aspectos, sobre todo a la hora de desarrollar la imaginación. Quizás, han sido los mejores psicólogos, porque han conseguido algo que ni una medicación puede lograr: evadirse de la realidad para vivir en tu propio "mundo". Posiblemente por eso mi lugar de juego se llamase "mundo playmobil".

Pero esto no es una charla de juegos o de vida personal, sino una pequeña reflexión sobre la sociedad en la que vivimos. Cada vez, veo como esta "herramienta", porque para mí fue algo más que un juguete, se utiliza menos, o se ve menos. Menos para los niños, y mas para uso profesional: esta figura está resultando muy provechosa para terapias o incluso para el sector de las emergencias, al poder simular una situación desde la miniatura.

Incluso en mi propia generación ocurrió algo parecido a lo de ahora: aunque muchos teníamos este juguete, cada vez menos los conservaban o quizás, dejaban de usarlos con menos años. En las generaciones siguientes, este ritmo se aceleró a pasos agigantados.

Ojalá poder transmitir a todos los niños de ahora la importancia de un juguete como este, y también enseñar que puede cambiar vidas. No es esto una lección, ni una recomendación, sino un modo de ver la vida desde la perspectiva de alguien que vivió las mismas etapas hace poco tiempo.

En los últimos años, durante el bachillerato y ahora en la carrera, después de tener "parcialmente abandonados" una temporada a los clicks, he vuelto a creer en ellos y en su poder de transformar y de dar una felicidad que no se consigue a través de una pantalla.

Porque ahora, cada vez que abro un paquete con una nueva pieza única para mi colección o veo las figuras más especiales de la misma, vuelvo al Jacobo niño.

Por algo será que con 40 o 50 años miles de personas recuperen la afición a este juguete u otro parecido (hablo por ejemplo, del Scalextric o los coches en miniatura), y así aparezcan asociaciones o clubs de coleccionistas en las que sus miembros recuperan esa sonrisa de niño cada vez que hacen algo relacionado con su afición.

Nunca pensaría en hablar tan abiertamente de ellos, porque en algún momento de mi vida, me avergonzó o incluso alejó de cierta gente. Hoy, con el "chip" cambiado y la vista en el pasado, solo puedo decir una cosa: ojalá una persona pueda transmitir tanta felicidad como lo hicieron unas piezas de plástico granulado, y ojalá todos los niños del mundo puedan seguir siendo niños el resto de su vida, porque no hay un juego más bonito como el que se hace cuando crees que ya has dejado de jugar.
Vaamonde Rodríguez, Jacobo
Vaamonde Rodríguez, Jacobo


Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad de los autores y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la empresa editora


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