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El Educador Infantil: pilar del desarrollo temprano frente a la crisis de reconocimiento

Suárez Sandomingo, José Manuel - martes, 12 de mayo de 2026
La etapa que transcurre entre los 0 y los 6 años es la más crítica para el desarrollo del ser humano. En este periodo se asientan las bases de la personalidad, la cognición y la socialización. En este escenario, la figura del Educador Infantil se alza como un profesional esencial, responsable no solo del cuidado físico, sino del crecimiento integral de los más pequeños. Sin embargo, la realidad de estos profesionales en 2025 navega entre una excelencia técnica admirable y una precariedad estructural que ha terminado por empujarlos a las calles.

El reciente informe TALIS 2024 de la OCDE ha dibujado un retrato revelador del sector en España. Contamos con un profesorado altamente cualificado y líder en competencias digitales -superando a potencias como Alemania o Japón-, pero que trabaja bajo una presión extrema. El informe destaca que el 45% del personal sufre niveles de estrés significativos debido a la sobrecarga administrativa y a las elevadas ratios por aula.

Además, el sector enfrenta una paradoja de género: aunque el 92% son mujeres, los hombres ocupan el 30% de los puestos directivos, evidenciando un techo de cristal inesperado en una profesión profundamente feminizada. Esta situación, sumada al agotamiento físico y mental, está provocando que el profesorado veterano se plantee abandonar la profesión por primera vez en décadas.

Es imperativo desterrar ya el mito de la guardería asistencial. El Educador Infantil (generalmente Técnico Superior en FP) también incluye entre sus funciones las del diseña propuestas didácticas que estimulen las necesidades motrices y sociales del niño u otras complejas que van desde el fomento de la autonomía y hábitos de higiene hasta el acompañamiento emocional individualizado y la colaboración estrecha con las familias para asegurar la coherencia educativa entre centro y entorno familiar. Para desempeñar este rol, a las educadoras se les exige cualidades como la paciencia y la creatividad que no son meros adornos, sino herramientas técnicas indispensables para sus actividades.

A diferencia del maestro (titulado universitario), el educador de FP se viene enfocando hacia el apoyo directo y el desarrollo de la autonomía. Y, a pesar de que el sector goza de una alta demanda -con Galicia como ejemplo de búsqueda constante de perfiles para zonas urbanas-, sus condiciones económicas no han seguido el mismo ritmo de mejora. La progresiva privatización de la gestión de estos servicios públicos ha hecho que se mantuvieran los sueldos en niveles insuficientes: los convenios para 2025-2026 sitúan el salario base entre los 1.200€ y 1.500€ brutos al mes.

El problema de fondo es la falta de consideración de muchas administraciones autonómicas, que siguen categorizando a los centros de 0 a 3 años como servicios de cuidado pasivo y no como escuelas integradas en el sistema educativo formal. Esta invisibilidad pedagógica es la que ha llevado a las educadoras de toda España a salir a la calle estos días. No solo piden un salario justo; reclaman que se reconozca su función como verdaderas arquitectas del futuro social.

Ser educador infantil requiere una vocación profunda y una técnica sólida. Es la profesión más transformadora, pero solo podrá garantizar el bienestar de los niños si se empieza por garantizar la dignidad y el reconocimiento de quienes los educan.

José Manuel Suárez Sandomingo, Presidente de la Asociación Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Galicia
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